Quienes juegan al tenis o a bádminton saben que un error no forzado es consecuencia de su propio mal juego. Todavía no habíamos entrado en la segunda semana de esta inusual campaña electoral y ya pudimos constatar que algunos jugadores no están en forma y cometen muchos errores no forzados. Según un dicho clásico de la teoría política electoral, las campañas pueden servir para perder las elecciones más que para ganarlas. Todo dependerá, precisamente, de los errores no forzados que cometan los candidatos. La campaña electoral es corta pero muy intensa. Quién se ponga a pensar en un elefante, como diría George Lakoff en su famoso ensayo sobre la teoría de los marcos mentales, quizás no se dará cuenta de que los tiempos están cambiando a toda velocidad: “Vamos, senadores y diputados, / por favor presten atención a la llamada. / No se queden en la puerta, / no bloqueen la entrada.” —cantaba Bob Dylan en aquella década rebelde de los 60.

En el bloque monárquico y unionista, Xavier García Albiol es tan torpe que es el campeón del juego rudo. Está llevando a la marginalidad al PP. No es el único candidato de este bloque que se equivoca. Cuando Miquel Iceta defiende el pluralismo de su candidatura y al mismo tiempo se reafirma en que la aplicación del 155 en Catalunya era necesaria, confirma lo que pretende negar, que la unión de viejos comunistas y de algunos cristianodemócratas al PSC se debe al hecho de que todos ellos son partidarios del 155 y del cese —y posterior encarcelamiento o el exilio— del Govern legítimo. El PSC y sus adláteres son la Catalunya de Vichy, el colaboracionismo necesario con la represión y el “nuevo orden” impuesto por el PP y Ciudadanos. Es por eso que Carlos Jiménez Villarejo y Ramon Espadaler, antes enemigos acérrimos porque el primero denunciaba la corrupción del segundo, ahora pueden compartir candidatura. Puesto que los unionistas han planteado estas elecciones como un plebiscito que quieren ganar a toda costa, las disputas entre ellos son mínimas, si exceptuamos las zancadillas de Inés Arrimadas a los otros candidatos para conservar su anunciada ventaja.

Son unas elecciones autonómicas, pero todo el mundo sabe que nos estamos jugamos algo más. Si gana el bloque monárquico y unionista, o bien queda primero uno de los partidos del tripartito del 155, el retroceso del autogobierno será impresionante

En el campo republicano e independentista, el gran error no forzado fue la negativa de ERC y PDeCAT a repetir la coalición Junts pel Sí. La unidad de los soberanistas era ahora más necesaria que en cualquier otro momento. Más que en 2015. Mucha gente lo reclamó cuando se conoció la iniciativa <www.llistaunitaria.cat>. Medio millón de personas, que no es poco. Pero los partidos a menudo son egoístas y sus dirigentes creen que el instrumento es el fin. El estado de emergencia que se vive en Catalunya ha puesto en pie a miles y miles de persones que se han agolpado en las calles para defender, primero, la república y la soberanía, y después, cuando fueron encarcelados o se exiliaron los líderes soberanistas, la democracia y la libertad de expresión. El president Carles Puigdemont supo ver cuál era el estado de ánimo del bloque republicano e independentista y por esa razón se negó a encabezar una candidatura partidista y montó, porque esto fue así —aunque le pese a Marta Pascal o a quien sea—, JuntsXCat, con candidatos y candidatas independientes o bien que pertenecían a siete partidos distintos.

Esta campaña electoral es anormal. Son unas elecciones autonómicas, pero todo el mundo sabe que nos estamos jugamos algo más. Si gana el bloque monárquico y unionista, o bien queda primero uno de los partidos del tripartito del 155, el retroceso del autogobierno será impresionante. No existe una versión dura y otra blanda de esta intervención estatal de la autonomía. PP, Cs y PSC son la misma cosa. Si gana el bloque republicano e independentista, las espadas seguirán en alto y el soberanismo revalidará la mayoría que ya tenía y que fue destruida por los unionistas sirviéndose de los tribunales, que es lo mismo que hacía Franco cuando juzgaba a los opositores en el TOP. La legalidad no siempre va acompañada de la legitimidad. Incluso el Consejo de Garantías Estatutarias ha dictaminado que la disolución del Parlament y el cese del Govern fue un acto inconstitucional.

La cuestión es que el bloque republicano e independentista se presenta dividido a estas elecciones. Pero también es verdad que la fórmula elegida por el president Puigdemont sirve para agrupar sensibilidades muy distintas ideológicamente. Solo lo pueden negar los muy obtusos. Esta es la causa por la que la candidatura del president está subiendo en las encuestas. Y esta es también la razón por la que ERC está cometiendo errores no forzados desde el primer día. El último, la salida de tono del conseller Carles Mundó. El titular del departamento de Justícia del Govern destituido por el 155 dijo en un mitin en Blanes que “debemos ser realistas” y aceptar que Carles Puigdemont no podrá ser restituido como president. Para superar este impedimento, el conseller cesado defendió la formación de un gobierno fuerte en Catalunya —al mismo tiempo que se mantendría otro en el exilio, repitiendo la barbaridad que ya propuso Marta Rovira al empezar la campaña— y que quien tiene “la mayor legitimidad para hacerlo posible” es Oriol Junqueras. “Un gran resultado ayudará a sacarlo de la cárcel y a formar un gobierno fuerte en Catalunya, que es lo que necesitan los ciudadanos, fuerte y legitimado por las urnas”, argumentó Mundó.

La única forma de restituir a Carles Puigdemont en la presidencia de la Generalitat es votar a JuntsXCat. El error no forzado del soberanismo solo se puede suplir con un voto por una candidatura que se asemeja al pluralismo del bloque republicano e independentista

Que Mundó haya salido de la cárcel acogiéndose a la “doctrina Forcadell” es lo normal, conseguir la libertad no tiene precio, pero normalizar políticamente el 155 es, sencillamente, un suicidio. Pero es que, además, lo que prevé Mundo que pasaría con Junqueras si ERC ganase las elecciones también vale para Puigdemont si gana JuntsXCat. ¿Verdad que sí? Un gran resultado de la candidatura de JuntsXCat pondría en un brete al PP y a sus aliados del tripartito del 155, pues les sería difícil sostener una negativa a sentarse a hablar para discutir sobre el regreso del president y la libertad de los presos. El Govern fuerte que necesita Catalunya es el que ya existe, con Mundó incluido, porque en estos momentos no hay en Catalunya —y España— ningún otro acto político más rupturista y más republicano que la victoria de la candidatura del president Carles Puigdemont. La victoria de JuntsXCat se oirá en todo el mundo y agudizará la crisis política provocada por el bloque monárquico y unionista. ERC se equivoca de enemigo. No es esta la hora de dirimir quién debe presidir la autonomía o bien de sentarse a esperar que los dirigentes de Catalunya en Comú se decidan a defender la democracia, como insinuó Joan Tardà al reclamar un tercer tripartito (supongo que con el PSC y Ramon Espadaler). Estoy convencido de que ese no era el ánimo del gentío que se trasladó a Bruselas la semana pasada. Todo el mundo quiere la restitución del Govern destituido. Y si por lo que fuera eso no fuese posible, JuntsXCat podría proponer como president, siguiendo el razonamiento de Mundó sobre quién estaría libre y quién no, a Jordi Sánchez, el independiente que ha liderado la ANC desde el 2015 sin ningún tipo de partidismo y que representa al soberanismo cívico. Ocupa el segundo puesto de la lista de JuntsXCat.

Ya que las cosas son como son y la política es el arte de lo posible, la única forma de restituir a Carles Puigdemont en la presidencia de la Generalitat es votar a JuntsXCat. El error no forzado del soberanismo, que es presentarse por separado a estas elecciones, solo se puede suplir con un voto masivo por una candidatura que en su composición se asemeja al pluralismo del bloque republicano e independentista, pues suma a hombres y mujeres con inclinaciones sexuales de todo tipo, a jóvenes y a gente mayor, a catalanes y catalanas de orígenes varios, a gente que habla catalán, castellano, bereber, árabe, inglés o francés, a ecologistas, liberales y a socialdemócratas, a licenciados, doctores, tenderos, pequeños empresarios y a trabajadores de fábrica. En definitiva, que reúne al soberanismo popular que ha llenado Catalunya de esteladas y Bélgica del color amarillo de la libertad y que en 2015 ya votó a Junts pel Sí. “Porque el que salga herido —acababa la estrofa de la canción de Dylan—, / será el que se quedó atascado. / Hay una batalla ahí fuera, / y es atroz. / Pronto sacudirá vuestras ventanas, / y hará vibrar vuestras paredes, / porque los tiempos están cambiando”.

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