El régimen del 78 entra en barrena. Se está entrando a la fase final. Ya veremos cómo acaba. El primer indicador no pinta bien, porque en España la crisis sistémica transporta la política hacia el pasado, hacia el franquismo, como se constata con el alza de Vox. La derecha del alquitrán, la que embadurnaba a los antifranquistas, ya está aquí. En Catalunya la crisis del sistema también es total, pero por razones bien diferentes. El independentismo, en todas sus versiones, es mayoritario. Y ya sabemos que el independentismo es, además, republicano. El otro indicador que el régimen constitucional monárquico se está resquebrajando es que el bipartidismo en España se ha acabado para siempre. No es consecuencia del sistema electoral, es resultado del cambio sociológico. Y en este sentido, las nuevas generaciones en Catalunya y España se orientan de manera muy diferente. El independentismo ha crecido hasta el 45%, lo que demuestra que la estrategia del unionismo está equivocada en Catalunya. En España el electorado se refugia en una manera de ver el mundo que se suponía que había desaparecido en 1975.

Pedro Sánchez se ha equivocado, porque focalizar la campaña electoral sobre la cuestión de Catalunya sólo ha ayudado a hacer crecer el nacionalismo español. El extremismo españolista no es culpa de los independentistas, como dicen los simplistas. Alimentar el patriotismo cuartelero, policial, represor, sólo lleva a alimentar la extrema derecha franquista, militarista, xenófoba y anticatalana. Coquetear con los planteamientos de la derecha y la extrema derecha beneficia, como se acaba de ver, a los reaccionarios. Por lo tanto, si el PSOE no consigue la hegemonía en España, y ya se verá si finalmente puede gobernar, y pierde en Catalunya, aunque haya quedado en segunda posición, la reflexión que correspondería sería que han errado con la receta. En su día ya advertí que tener como principal asesor a un señor, Iván Redondo, que, cobrando, tanto puede asesorar a Cs como al PSOE, las complicaciones están aseguradas. La política no es marketing como pusieron de moda los que vivían de ella. La tentación de Sánchez puede ser decidirse por la patada adelante. Conformarse con el hecho de que no ha perdido y buscar una alianza, una vez ha conseguido comerse a Cs, con el sector moderado del PP. Rivera está muerto. Acabará como el CDS. Y el PP tiene un problema.

Pedro Sánchez se ha equivocado, porque focalizar la campaña electoral sobre la cuestión de Catalunya sólo ha ayudado a hacer crecer el nacionalismo español

En Catalunya la situación se ha alterado un poco. De entrada, quieran reconocerlo o no los dirigentes españoles, es evidente que el independentismo se va consolidando. Ha ganado las elecciones españolas y eso hace prever que ganará las próximas elecciones. Ahora bien, no está tan claro como anteayer —a pesar de las alegrías nocturnas— que la estrategia de ERC haya sido tan victoriosa como querría el establishment catalán. JxCAT, a pesar de la falta de liderazgo y las disputas internas, ha aguantado mejor de lo que se preveía, y la CUP ha irrumpido en estas elecciones recogiendo, aunque habrá que analizarlo mejor, los descontentos con los partidos tradicionales. Este escenario sí que tendría que hacer pensar a los dirigentes de todos los grupos. El voto a la CUP no es ideológico, como se podría creer. Sería un error presentarlo así. Si JxCAT lee el resultado electoral como una validación de las pretensiones de Artur Mas de retornar, también se equivocaría. I ERC, aunque haya conseguido una meritoria victoria, tendría que saber que el voto que ha recibido de los moderados "convergentes" no es, precisamente, de izquierda.

España tiene un problema. Y no tan sólo para que Catalunya quiera separarse, sino porque el franquismo, la derecha del alquitrán, vuelve de la mano de Vox. El ambiente que se respirará en el Congreso de Madrid será tóxico. Si a la crisis política finalmente se suma la anunciada crisis económica, ya veremos si el PSOE no se ve obligado a convocar unas nuevas elecciones. Vox, además, ya ha anunciado que su acción parlamentaria será, también, de bloqueo, haciendo uso del Tribunal Constitucional, cosa que podrán hacerlo con los más de cincuenta diputados de qué disponen. La estrategia independentista de condicionar la política española no ha estado necesariamente mala. Se ha agravado la inestabilidad. España es ahora más ingobernable que ayer y el desgaste del régimen español hará que algunos sectores de la UE se empiecen a preocupar de verdad. No lo harán porque estén a favor de la democracia ni, por descontado, de los independentistas catalanes. Lo harán por ellos.

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