Es cierto que Artur Mas ha sido un político con mala suerte. Siete años en la oposición pese a sus victorias electorales (hola, Mariano Rajoy) y tan sólo cinco en el gobierno para acabar cediendo la presidencia de la Generalitat como única vía para desactivar el extremismo cupero, son datos irrefutables. Pero precisamente por eso, por la sorprendente capacidad de resistencia acreditada por el expresident contra viento y marea, puede que sea una suerte para CDC que sea Artur Mas, y no otro dirigente o grupo de dirigentes, quien pilote en este momento la reconversión del viejo "pal de paller" pujolista en punta de lanza de la nueva centralidad catalana. En un nuevo Partit de Catalunya que pueda aspirar a articular las mayorías imprescindibles para saltar la pared del dependentismo.

El futuro Partit de Catalunya tendrá que ser “propiedad” de la gente o no será; es tiempo de liderazgos, no de caudillajes; de jugar limpio, no de esconder los cadáveres en el armario
La nueva CDC necesita decir adiós a la vieja y si puede ser demolerla hasta los cimientos. CDC, mejor dicho, la buena gente de CDC, se han ganado a pulso un entierro con honores del "partit-moviment" que fundó Jordi Pujol. Pero la ceremonia deberá ser, por fuerza, breve. El futuro Partit de Catalunya, si es que de eso se trata, y no de someterse a un lífting lampedusiano más o menos profundo, tendrá que ser “propiedad” de la gente o no será; es tiempo de liderazgos, no de caudillajes; es tiempo de jugar limpio, no de esconder los cadáveres en el armario; es tiempo de abrir las puertas y las ventanas a una sociedad que está harta de los políticos, no de la política, porque aún es capaz de imaginarse libre. Es tiempo de presente continuo en mutación continua: ni de arcadias irrecuperables, porque jamás existieron, ni de futuros inalcanzables, porque ya serán otros cuando el barco llegue a puerto.

Ese reto, decir adiós a CDC para reconectar con el espacio que pide una nueva CDC capaz de trascenderse a sí misma, sólo se puede plantear desde el centro del tablero, como diría Pablo Iglesias, pero sin perder de vista todos los flancos, todo el campo de juego. La ERC de Oriol Junqueras, en buena lógica (antigua), aspira a ocupar la misma posición que CDC ha detentado desde hace 35 años, la centralidad del soberanismo, en versión “izquierda nacional”.

El esquema dicotómico de la vieja pugna CDC/CiU-ERC por la hegemonía del catalanismo puede que también necesite de una profunda revisión.
No obstante, el esquema dicotómico de la vieja pugna CDC/CiU-ERC por la hegemonía del catalanismo puede que también necesite de una profunda revisión. Me voy a detener en ello porque intuyo que esta cuestión incidirá de manera determinante tanto en el éxito o en el fracaso de la operación planteada ayer por Mas ante el consejo nacional de CDC como en las lógicas expectativas de ERC de liderar el proceso independentista. Si de lo que se trata es de ampliar la base del soberanismo, la legítima batalla entre CDC y ERC –ahora en stand by- también deberá ser replanteada en su formulación clásica.

Una de las grandes lecciones que ofrece el big bang al que ha asistido en los últimos meses la política catalana es que el 27S ni la lista unitaria de JxSí permitió a ERC ampliar apoyos al independentismo por la izquierda (aunque frenó a la confluencia Catalunya Sí que es Pot, la CUP triplicó resultados y el PSC sobrevivió), ni a CDC superar las fronteras electorales del viejo pujolismo en el electorado de “orden” (UDC quedó fuera del Parlament, pero reunió 102.000 votos que habrían permitido a JxSí independizarse de la CUP). Y, sin embargo, las listas separadas ERC-CDC en las generales del 20D de común acuerdo, tampoco posibilitaron lo contrario: más bien diluyeron el efecto unitario sobre las bases soberanistas conseguido pese a todo el 27S, dejaron a mucha gente soberanista en casa, y –con la falsa abstención de la CUP mediante— facilitaron el rearme del colauismo con la victoria en votos y escaños de En Comú Podem.

En términos de 'procés', la creación de una nueva fuerza central, liberaldemócrata y socialmente avanzada, como se propone Mas, es condición necesaria pero no suficiente
En términos de "procés”, la creación de una nueva fuerza central, liberaldemócrata y socialmente avanzada, como se propone Mas, es condición necesaria pero no suficiente. Para que el soberanismo gane el próximo plebiscito (le faltó muy poco) tendrá que decir adiós a una CDC, y quizás también a un Artur Mas, cuyos herederos, esas nuevas caras a las que ponía nombre ayer Marta Lasalas en El Nacional, deberán combinar la desconexión externa con la reconexión interna. Pero el desafío es mucho mayor. En términos de relato, de cómo-hemos-llegado-aquí, también deberá decir adiós a una cierta ERC. El espacio compartido entre convergentes, republicanos e independientes en el Govern que preside Carles Puigdemont y en el grupo plural de Junts pel Sí, en ayuntamientos y en organizaciones soberanistas, deberían facilitar esa reflexión en clave de “procés”, más allà de la (legítima) pugna electoral y la imprescindible diferencia ideológica.

Sin duda, los de Oriol Junqueras están en condiciones de sustituir a la actual CDC desfondada e incluso ser primera fuerza (con permiso del àrea metropolitana). Pero dudo que puedan afrontar en solitario el combate contra ese “nuevo PSC” que se está cociendo en los despachos del Ayuntamiento de Ada Colau y que tanta curiosidad despierta en influyentes despachos de la zona alta de Barcelona por motivos más que obvios. Sí, la política (catalana) hace extrañas confluencias (de cama). El deseo es el motor de la historia (Lyotard, Deleuze) Y quien es capaz de trascenderse, reinventarse y confluir antes y mejor, gana.

(FOTO: Artur Mas en el consell nacional de CDC este sábado / EFE)

 

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