La muerte tiene mucho poder. Incluso para reconvertir una antigua parroquia en un centro internacional de acompañamiento al duelo. El Arzobispado de Barcelona y la Fundació Mémora han firmado un acuerdo para ceder la que hasta ahora era la parroquia barcelonesa Abraham, que fue construida y admirada por su forma rompedora durante los Juegos Olímpicos, y crear un espacio pionero internacional dedicado a la muerte en diversas dimensiones, desde el acompañamiento integral de las personas en el proceso final de la vida hasta la formación de sus familias y los profesionales que los atienden. La parroquia está justo delante del monumental cementerio del Poblenou, inaugurado en 1819 y que cuenta con más de 34.000 sepulturas (algunas tumbas son espectaculares, como el Beso de la Muerte) en una superficie de 52.700 m². Lo diseñó un italiano, el arquitecto Ginesi.
El nuevo centro pretende ser un referente para el apoyo divulgativo, emocional, educativo y comunitario, y ser un referente en la ciudad de Barcelona de promoción del diálogo interreligioso. De hecho, la parroquia del Patriarca Abraham ya era un espacio abierto al diálogo interreligioso desde sus inicios, y el nombre de Abraham no es una casualidad, sino que alude al profeta reconocido por las tres religiones monoteístas judía, cristiana y musulmana.
El espacio se cede a la Fundació Mémora durante 50 años a cambio de un canon anual
La parroquia había pasado por momentos de desinflamiento después de la apoteósica década de los Juegos y hacía tiempo que se buscaba qué hacer con ella. El espacio se cede a la Fundació Mémora durante 50 años a cambio de un canon anual. Este convenio ayudará al Arzobispado de Barcelona a seguir conservando su patrimonio histórico y a dotar a las parroquias de recursos suficientes para que puedan continuar con sus actividades.
Una vez se apruebe el Plan Especial Urbanístico, se procederá a la desacralización de la actual edificación y se rehabilitará el equipamiento. Está previsto que la comunidad parroquial del Patriarca Abraham sea acogida en la iglesia vecina de Sant Francesc d’Assís en el barrio del Poblenou. La parroquia olímpica barcelonesa se cierra, y Barcelona tiene ahora la ocasión de ser conocida, y reconocida, también por cómo acompaña a la muerte. No es un tema más en un orden del día, sino “el” tema que nos hermana a todos los mortales. Del “Barcelona, ponte guapa” a un hipotético eslogan “Barcelona acompaña a la muerte”, hay un salto de nivel. Quizás nos hemos vuelto todos más mayores, más trascendentales, más conscientes de que una ciudad no es solo de los vivos.
