Conducir por autopista a 120 km/h es lo normal para la mayorñia de personas que usan coches de gasolina. Es la velocidad legal y la que la mayoría mantiene sin pensarlo cada vez que hace largos recorridos. Pero en el caso de los coches eléctricos, los mecánicos lanzan un aviso claro, ya que hacerlo de forma sostenida tiene consecuencias.

No significa que no puedan hacerlo nunca. El problema es otro. Tiene que ver con la autonomía y con como responde el coche en esas condiciones con el paso de los kilómetros.

A esa velocidad, la batería cae mucho más rápido

Y es que la realidad es que los coches eléctricos consumen mucho más cuando circulan rápido. A partir de los 100 km/h, la resistencia del aire aumenta de forma exponencial. Esto obliga al motor a trabajar más y, por tanto, a gastar más energía. El resultado es claro: la batería baja mucho más rápido de lo que muchos esperan.

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De este modo, mantener velocidades de 120 o 130 km/h durante largos trayectos reduce de forma notable la autonomía real del coche. Además, el peso del vehículo también influye. Las baterías hacen que los eléctricos sean más pesados, lo que incrementa aún más el consumo a altas velocidades.

Más paradas y menos eficiencia

La realidad es que este mayor consumo tiene una consecuencia directa. Hay que parar más veces a cargar. En viajes largos, esto cambia completamente la experiencia. Lo que parecía un trayecto sencillo puede alargarse por la necesidad de recargar antes de lo previsto. Además, conducir a velocidades más moderadas mejora mucho la eficiencia. Reducir ligeramente la velocidad puede suponer ganar muchos kilómetros de autonomía.

No es una cuestión de potencia. Los coches eléctricos pueden alcanzar esas velocidades sin problema. Es una cuestión de eficiencia energética. Así pues, el aviso de los mecánicos no es que no puedas ir a 120 km/h. Es que hacerlo de forma constante reduce la autonomía más de lo que muchos imaginan. Y eso obliga a cambiar la forma de conducir si quieres aprovechar al máximo la batería.