Mazda renueva uno de sus modelos clave con una actualización que refleja un cambio estratégico dentro de la marca japonesa. El nuevo Mazda CX-5, referente en su gama y uno de sus vehículos más vendidos, evoluciona hacia una mayor digitalización sin perder por completo su esencia. La principal novedad se encuentra en el interior, donde una gran pantalla central pasa a dominar el salpicadero, marcando un punto de inflexión respecto a generaciones anteriores.
Durante años, Mazda ha defendido una filosofía centrada en la ergonomía clásica, con abundancia de botones físicos y mandos diseñados para minimizar distracciones al volante. Ese planteamiento le permitió diferenciarse en un mercado cada vez más orientado a lo táctil. Sin embargo, la nueva linea del CX-5 evidencia una adaptación clara a las tendencias actuales, donde la tecnología visual cobra protagonismo.
Pantallas más grandes y menos botones
El habitáculo incorpora una instrumentación digital de 12,9 pulgadas junto a una pantalla central que puede alcanzar las 15,6 pulgadas. Este sistema, desarrollado sobre Android Automotive, integra servicios de Google y ofrece una experiencia más fluida e intuitiva en el manejo de funciones y aplicaciones.
Llama especialmente la atención la desaparición de la mayoría de controles físicos en áreas como la climatización. Estas funciones pasan a gestionarse desde la pantalla, lo que modifica la interacción habitual con el vehículo. Solo permanecen algunos botones esenciales, mientras que el resto de ajustes dependen del sistema táctil o del control por voz.
Mazda mantiene ciertos mandos en el volante, aunque con un diseño más simplificado. A pesar de estos cambios, la calidad general del interior sigue siendo elevada. Los materiales y ajustes continúan ofreciendo una sensación por encima de la media del segmento, aunque se aprecian decisiones orientadas a optimizar costes en algunos detalles concretos.
Mecánica continuista y enfoque equilibrado
En el apartado técnico, el CX-5 mantiene una propuesta conservadora. Equipa un motor gasolina atmosférico 2.5 e-Skyactiv G de 141 CV, acompañado por un sistema microhíbrido de 24 voltios que le permite obtener la etiqueta ECO. Esta configuración prioriza la suavidad y la eficiencia frente a un enfoque prestacional.
El comportamiento dinámico continúa siendo uno de sus puntos fuertes. La puesta a punto del chasis ofrece un equilibrio destacado entre confort y estabilidad, con una suspensión que controla eficazmente los movimientos de la carrocería. La dirección y el tacto de freno mantienen un nivel alto dentro de su categoría.
El sistema de regeneración actúa de forma automática en función del tráfico, contribuyendo a una conducción más eficiente. Además, las ayudas a la conducción muestran una evolución en su funcionamiento, con intervenciones más suaves y precisas en situaciones como el mantenimiento de carril o la gestión de la velocidad adaptativa.
En términos prácticos, el modelo mejora su capacidad con un maletero de 583 litros y mantiene unas plazas traseras amplias y accesibles. Su enfoque sigue claramente orientado al uso familiar, con un equilibrio entre confort, espacio y facilidad de conducción.
El posicionamiento en precio refuerza su atractivo dentro del segmento. Con una tarifa de acceso competitiva, Mazda apuesta por ofrecer un producto equilibrado sin recurrir a electrificaciones más complejas. La actualización del CX-5 representa, en definitiva, una evolución hacia lo digital que no renuncia a los valores tradicionales que han definido al modelo.
