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Cuando llega una ola de calor, la mayoría de conductores piensa en el aire acondicionado, en la temperatura del motor o en la presión de los neumáticos. Sin embargo, hay un elemento mucho más sencillo que también puede convertirse en un problema. Hablamos de los reposacabezas. La propia Dirección General de Tráfico (DGT) ha alertado recientemente sobre los riesgos que pueden generar cuando un coche permanece estacionado durante horas bajo el sol.

Aunque muchas personas no lo saben, el interior de un vehículo puede alcanzar temperaturas extremas en muy poco tiempo. Los cristales dejan pasar la radiación solar, pero dificultan la salida del calor acumulado. Se produce así el conocido efecto invernadero. Como consecuencia, los plásticos, las tapicerías y otros materiales del habitáculo absorben enormes cantidades de energía térmica.

Los reposacabezas pueden llegar a los 70 grados de temperatura

Entre los elementos más afectados se encuentran precisamente los reposacabezas. Su posición elevada y su cercanía a las superficies acristaladas hacen que reciban una gran cantidad de radiación solar directa. Según los datos manejados por la DGT, pueden llegar a alcanzar temperaturas cercanas a los 70 grados centígrados durante una jornada especialmente calurosa.

El problema no es únicamente la incomodidad. Un reposacabezas a esa temperatura puede provocar molestias importantes e incluso pequeñas quemaduras al entrar en contacto con la piel. La situación resulta especialmente desagradable cuando el conductor se sienta en el vehículo después de varias horas al sol y apoya de forma instintiva la nuca sobre una superficie abrasadora.

Además, existe un riesgo indirecto relacionado con la seguridad. El sobresalto provocado por el contacto con una superficie extremadamente caliente puede generar movimientos bruscos o distracciones inesperadas. Por este motivo, los expertos recomiendan ventilar adecuadamente el habitáculo antes de iniciar la marcha. Una medida sencilla que ayuda a mejorar tanto el confort como la seguridad.

Interior de un coche 

Ventilar el coche antes de iniciar la marcha te permitirá reducir el gasto del aire acondicionado

Pero hay otro efecto menos conocido. Cuando el interior del coche alcanza temperaturas muy elevadas, los conductores suelen recurrir al aire acondicionado a máxima potencia para enfriar rápidamente el habitáculo. Esto obliga al sistema de climatización a trabajar más de la cuenta durante varios minutos. Como consecuencia, aumenta la carga sobre el motor y también el consumo de combustible, especialmente en trayectos urbanos o cortos.

Por ello, los especialistas recomiendan abrir puertas o ventanillas durante unos minutos antes de arrancar. Esta sencilla maniobra permite reducir de golpe la temperatura interior. También ayuda a enfriar superficies como el volante, los cinturones de seguridad o los reposacabezas. Mantener el habitáculo entre 21 y 24 grados no solo mejora el confort. También contribuye a reducir la fatiga, mantener la concentración y evitar un gasto innecesario de combustible durante los desplazamientos veraniegos.