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Pisar más el acelerador parece una forma sencilla de llegar antes. Sin embargo, también es una de las maneras más rápidas de vaciar el depósito. Los expertos en conducción eficiente recuerdan que el consumo aumenta de forma muy notable cuando la velocidad se incrementa, especialmente en carretera. Lo que se gana en minutos muchas veces se pierde después en la gasolinera.

La explicación es sencilla. A medida que el coche circula más rápido, la resistencia aerodinámica crece de forma exponencial. El motor necesita realizar un esfuerzo mucho mayor para mantener la velocidad. Por eso, pasar de 90 a 120 km/h no supone un incremento proporcional del gasto, sino uno mucho más elevado. Cada kilómetro por hora adicional tiene un precio.

Autopista AP7 ACN

La DGT recomienda circular a unos 90 km/h

La Dirección General de Tráfico señala que uno de los puntos más eficientes para muchos vehículos se sitúa alrededor de los 90 km/h. A esa velocidad, el motor trabaja de forma estable y el consumo se mantiene en niveles muy contenidos. Incluso respetando el límite de una autopista, el gasto puede aumentar considerablemente respecto a ese punto óptimo.

Los datos son reveladores. Según la DGT, en un recorrido de 100 kilómetros, circular a 140 km/h puede incrementar el consumo entre un 14% y un 16% respecto a velocidades más moderadas. En cambio, realizar el mismo trayecto a 110 km/h permite ahorrar entre un 8% y un 10%. La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero acumulada durante meses supone muchos litros de combustible.

Además, conducir rápido no siempre significa ahorrar tiempo. En numerosos desplazamientos cotidianos, especialmente cuando existe tráfico, la diferencia real de llegada puede ser de apenas unos minutos. Sin embargo, el gasto de combustible aumenta durante todo el trayecto. Por eso, muchos especialistas consideran que mantener una velocidad razonable es una de las medidas más eficaces para reducir costes.

Anticiparse al tráfico puede supone un ahorro de hasta un 15% de combustible

La Guía de Conducción Eficiente elaborada por el IDAE añade que la velocidad es solo una parte de la ecuación. También resulta fundamental evitar acelerones, frenazos innecesarios y cambios bruscos de ritmo. Mantener una marcha constante permite aprovechar mejor la energía disponible y reduce el trabajo que debe realizar el motor.

Los especialistas coinciden en que ahorrar combustible no exige conducir lentamente ni convertirse en un experto. Basta con mantener una velocidad estable, anticiparse al tráfico y evitar superar innecesariamente los 100 km/h cuando las circunstancias lo permitan. El resultado puede traducirse en un ahorro de entre un 10% y un 25% de combustible, además de una conducción más cómoda, segura y respetuosa con el vehículo.