El coche eléctrico se ha consolidado como una de las grandes alternativas de movilidad, pero no siempre supone un ahorro real tal y como se piensa. Un experto en automoción lo resume de forma directa, ya que solo merece la pena si puedes cargar en casa. De lo contrario, el coste puede ser incluso superior al de un coche de combustión.
Y es que la clave no está solo en el vehículo, sino en cómo y dónde se recarga de forma habitual. Y es que hay puntos en los que es mucho caro que en otros.
Cargar fuera puede salir más caro que un gasolina
Uno de los principales errores es pensar que cualquier carga eléctrica es barata. La realidad es muy distinta cuando se depende exclusivamente de puntos públicos, especialmente los de carga rápida en gasolineras o estaciones de servicio. En estos puntos, según indica, hacer 400 kilómetros cuesta 50 o 60 euros.
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Estos cargadores tienen precios mucho más elevados que la electricidad doméstica. En algunos casos, el coste por kilómetro puede igualar o incluso superar al de un coche de gasolina. Además, la carga rápida, aunque más cómoda, suele implicar tarifas más altas, lo que reduce notablemente el ahorro esperado.
El equipoamiento de la casa marca la diferencia
El verdadero beneficio del coche eléctrico aparece cuando se carga en casa, especialmente en horario nocturno. Las tarifas eléctricas permiten reducir considerablemente el coste por kilómetro. La realidad es que cargar en un garaje propio, con un punto de recarga instalado, cambia completamente la ecuación económica. En este escenario, el coche eléctrico sí puede ser mucho más barato en uso diario, con un coste muy inferior al de los combustibles tradicionales.
Muchos compradores no tienen en cuenta este factor antes de adquirir un eléctrico. Sin acceso a un cargador doméstico, la experiencia cambia por completo. De este modo, el ahorro deja de ser evidente y puede convertirse en un gasto mayor. Así pues, el coche eléctrico sigue siendo una opción interesante, pero con una condición clara: tener dónde cargarlo de forma económica. Porque sin ese punto clave, la ventaja económica prácticamente desaparece.