El diésel vuelve a situarse en el centro del debate automovilístico europeo tras más de una década de caída continuada. Desde el escándalo del Dieselgate que afectó al Grupo Volkswagen en 2015, esta tecnología pasó de representar más del 50% de las matriculaciones en Europa a quedarse en apenas un 7,7% en 2025, muy lejos del crecimiento experimentado por los coches eléctricos en el mismo periodo.
Las exigencias regulatorias fijadas por la Unión Europea de cara a 2035 y los objetivos climáticos de 2050 impulsaron una electrificación acelerada. Sin embargo, la entrada masiva de fabricantes chinos con modelos eléctricos e híbridos enchufables competitivos ha alterado el equilibrio del mercado. En este contexto, el grupo Stellantis ha decidido prolongar la vida comercial de determinadas motorizaciones diésel en varias de sus marcas históricas.
Las marcas implicadas son Peugeot, Citroën, Opel y Fiat. Todas ellas mantendrán en su oferta motores de gasóleo en segmentos estratégicos, especialmente en vehículos comerciales y turismos de mayor tamaño, donde la demanda de autonomía elevada sigue siendo determinante.
Un ajuste estratégico frente a la presión eléctrica
La decisión se produce en un momento complejo para los grandes consorcios europeos. Junto al Grupo Volkswagen y al Grupo Renault, Stellantis concentra más de la mitad del mercado europeo. El salto hacia la electrificación ha requerido inversiones multimillonarias en plataformas, baterías y redes industriales, mientras la respuesta del mercado ha sido más gradual de lo previsto.
En paralelo, el grupo ha reforzado su presencia en Norteamérica, un mercado tradicionalmente más favorable a los motores de combustión. Allí ha relanzado modelos de gran potencia, como el RAM 1500 SRT TRX, y ha consolidado su apuesta por mecánicas térmicas en segmentos donde la electrificación resulta menos prioritaria. Este movimiento forma parte de una estrategia de recuperación de rentabilidad en un entorno volátil.
En Europa, el foco se sitúa especialmente en vehículos comerciales ligeros como Opel Combo, Peugeot Rifter y Citroën Berlingo, modelos con fuerte implantación industrial en la planta de Vigo. Debido a su peso, dimensiones y necesidades de uso intensivo, la electrificación total de este segmento presenta mayores desafíos técnicos y económicos.
Evolución técnica ante la normativa Euro 7
El mantenimiento del diésel no implica una vuelta a configuraciones tradicionales. La intención es evolucionar hacia motores compatibles con la futura normativa Euro 7, incorporando soluciones híbridas que reduzcan emisiones y mejoren la eficiencia. El actual 1.5 BlueHDi será previsiblemente sustituido por un nuevo bloque 1.6 derivado de la familia Multijet, con mejoras en fiabilidad y adaptación a las nuevas exigencias medioambientales.
En este sentido, el diésel sigue cubriendo una necesidad concreta: recorridos largos con consumos contenidos y autonomías elevadas. Mientras los eléctricos de autonomía extendida todavía no tienen una implantación amplia en Europa, el gasóleo ofrece una solución consolidada para flotas y usuarios profesionales que priorizan la operatividad diaria.
Llama especialmente la atención que, en un escenario dominado por la expansión de marcas chinas en el ámbito eléctrico, Stellantis opte por diferenciarse reforzando una tecnología que muchos daban por amortizada. La competencia en el coche eléctrico ha comprimido márgenes y ha obligado a revisar calendarios de electrificación inicialmente más ambiciosos.
La transición energética en Europa continúa su curso, pero no avanza de forma uniforme en todos los segmentos. El regreso estratégico del diésel en marcas como Peugeot, Citroën, Opel y Fiat refleja una adaptación pragmática a las condiciones reales del mercado. Más que un abandono de la electrificación, se trata de un ajuste táctico que busca equilibrar rentabilidad, demanda y cumplimiento normativo en una etapa de profunda transformación para la industria automovilística europea.
