La Dirección General de Tráfico ha intensificado en los últimos meses la vigilancia sobre algunas de las conductas más repetidas en carretera mediante la incorporación de nuevas señales específicas y el refuerzo de los sistemas automatizados de control. Esta estrategia no se limita al clásico exceso de velocidad, sino que amplía el foco hacia infracciones que durante años han pasado más desapercibidas pese a su impacto directo en la siniestralidad.
En carreteras convencionales, donde se concentra un elevado número de accidentes graves, el organismo ha apostado por una señalización más detallada que informa expresamente del tipo de comportamiento sometido a supervisión. La medida responde a una política de mayor precisión en el control y de advertencia clara al conductor sobre qué se está vigilando en cada tramo.
La S-991e: control de la separación mínima entre vehículos
Una de las novedades más relevantes es la señal S-991e, destinada al control de la separación mínima entre vehículos en carreteras convencionales o multicarril. Integrada en la familia de señales asociadas tradicionalmente a radares, esta versión especifica que el dispositivo instalado no mide la velocidad, sino la distancia de seguridad entre vehículos.
El sistema puede operar en un punto concreto o a lo largo de un tramo determinado. Mediante cámaras y sensores, la tecnología analiza la distancia existente entre un vehículo y el que le precede, determinando si se respeta la separación obligatoria en función de la velocidad y del tipo de vía. Cuando se detecta una distancia inferior a la permitida, se genera la correspondiente denuncia de forma automatizada.
Este tipo de control resulta especialmente relevante en vías secundarias con un carril por sentido, donde las colisiones por alcance tienen consecuencias más graves. La falta de distancia suficiente reduce el tiempo de reacción ante frenadas imprevistas o incidencias en la calzada, multiplicando el riesgo de accidente.
La señal cuenta además con una variante específica para autovías y autopistas, diferenciada por su fondo azul. En este sentido, la adaptación al tipo de vía mantiene el mismo objetivo: advertir de que la distancia de seguridad está siendo objeto de vigilancia activa.
Dentro de esta misma serie se encuentran otras señales como la S-991c, para el control del paso en semáforo en rojo, y la S-991d, destinada a detectar el incumplimiento de la señal de stop. La señalización, por tanto, ya no se limita a indicar la presencia genérica de un radar, sino que concreta la infracción supervisada.
La S-991g y el control de velocidad desde el aire
Junto al control de distancia, la DGT ha incorporado la señal S-991g, que informa de la posible existencia de vigilancia de velocidad mediante medios aéreos. Las primeras señales comenzaron a instalarse a finales del verano, ampliando el abanico de advertencias en la red viaria.
Esta señal puede aplicarse a todo tipo de vehículos o a una categoría específica, en cuyo caso incluye únicamente el pictograma correspondiente. Lo destacable en este caso es que la supervisión no depende de un punto fijo en la carretera, sino de dispositivos que operan desde el aire, como helicópteros o drones equipados con sistemas de medición de velocidad.
El control aéreo permite cubrir amplios tramos sin necesidad de infraestructura permanente en la calzada. Desde una posición elevada, los equipos pueden detectar excesos de velocidad y otras conductas de riesgo con mayor amplitud de visión, incrementando la capacidad de supervisión en carreteras convencionales y vías de alta capacidad.
La combinación de nuevas señales y tecnologías diversificadas refuerza un modelo de vigilancia más específico y segmentado. La DGT consolida así una estrategia en la que cada cartel informa de manera precisa sobre la infracción controlada, mientras los sistemas automatizados amplían la capacidad sancionadora en tramos donde determinadas conductas siguen siendo especialmente habituales.