Se avecinan tiempos duros en lo que a las energías se refiere. Sobre todo en combustibles como el diésel, del que se teme una escasez a corto plazo que elevará su precio en gran medida. Los motivos: la invasión de Rusia a Ucrania, la reducción de las exportaciones de combustible desde Estados Unidos y las huelgas que se están produciendo en las refinerías francesas.
El precio del combustible fósil se ha disparado en los últimos meses. Sobre todo desde que empezó el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Un escenario que ha generado la interrupción del suministro de gasoil desde Rusia, lo que deriva en una caída en las reservas del diésel. Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, se refirió a este asunto hace una semana en una conferencia de prensa. Reconoció que empezaba a haber “escasez de destilados medios en algunos países europeos”.
La invasión de Rusia a Ucrania, principal causa del aumento del precio del combustible fósil
Si bien es cierto que en los últimos meses se han propuesto medidas para reducir el consumo de este producto, lo cierto es que a día de hoy el diésel sigue siendo clave en algunos sectores, como el de los transportes o las calefacciones en los hogares. Y ello está generando un escenario que augura complicaciones de suministro en los próximos meses, en el que los precios del gasoil seguirán en su subida imparable. Se habla incluso de panoramas más graves que el actual. “Podemos ver altos precios del diésel en los próximos meses”, señaló Imaz. Eso sí: reconoció un incremento de los beneficios en Repsol de un 66%.

Aunque el problema no viene solo de la invasión de Rusia a Ucrania. También tiene que ver con el descenso de las exportaciones desde Estados Unidos. En este sentido, cabe decir que EEUU proporciona hasta el 11,3% del crudo que llega desde el exterior a España. Solo lo supera Nigeria, con un 14,7%.
Pero en EEUU las reservas han bajado a mínimos que no se recuerdan desde hace 70 años, lo que podría derivar en que el país americano cierre el grifo.
Y todo ello sin olvidar las huelgas que se están produciendo en las refinerías francesas, lo que ha obligado a Francia a proveerse de crudo exterior, aumentando la demanda y, por tanto, el precio.