Mantener el coche limpio no es solo una cuestión estética ni de imagen personal. La normativa de tráfico contempla situaciones en las que la acumulación de suciedad puede convertirse en motivo de sanción económica. Aunque pueda parecer exagerado, circular con el vehículo en determinadas condiciones de falta de limpieza puede derivar en una multa de hasta 200 euros.
El aspecto clave no está en la carrocería cubierta de polvo o en las llantas manchadas tras varios kilómetros de uso. La infracción aparece cuando la suciedad afecta a elementos obligatorios que deben ser visibles y plenamente funcionales. En ese momento, la cuestión deja de ser superficial y pasa a tener relevancia legal.
La matrícula, un elemento obligatorio y siempre visible
La placa de matrícula debe encontrarse en perfecto estado de conservación y legibilidad. La legislación establece que sus caracteres deben poder identificarse con claridad en todo momento, sin obstáculos que dificulten su lectura. Si el barro, la nieve o el polvo cubren parcial o totalmente los números y letras, el conductor puede ser sancionado.
La multa en estos casos puede alcanzar los 200 euros, ya que se considera que se está impidiendo la correcta identificación del vehículo. No es ningún secreto que la matrícula es esencial para el control del tráfico y para la tramitación de infracciones automatizadas mediante radares o sistemas de vigilancia.
No es necesario que exista una manipulación intencionada para que se imponga la sanción. Basta con que, en el momento del control, la placa no sea legible. Esto ocurre con frecuencia tras circular por caminos embarrados, carreteras en obras o durante episodios de lluvia intensa que dejan residuos adheridos a la parte trasera del vehículo.
Además, la obligación afecta tanto a la matrícula delantera como a la trasera. También debe funcionar correctamente la iluminación que permite su lectura en condiciones nocturnas. Una placa limpia pero sin luz operativa puede suponer igualmente una infracción.
Otros elementos afectados por la falta de limpieza
La suciedad no solo compromete la identificación del vehículo. También puede afectar a la seguridad si interfiere en la visibilidad del conductor o en el funcionamiento de los sistemas de alumbrado. Parabrisas, lunas laterales y retrovisores deben mantenerse despejados para garantizar una conducción segura.
En este sentido, un parabrisas con restos persistentes que reduzcan el campo de visión puede considerarse una deficiencia sancionable. Lo mismo ocurre con los faros cubiertos de barro o polvo, ya que su capacidad de iluminación disminuye y se reduce la visibilidad del vehículo ante otros usuarios de la vía.
Llama especialmente la atención que una situación aparentemente trivial, como no limpiar el coche tras un trayecto por zonas rurales, pueda traducirse en una sanción económica relevante. La normativa no exige que el automóvil esté impecable, pero sí que todos los elementos reglamentarios sean claramente visibles y cumplan su función.
El mantenimiento básico forma parte de las responsabilidades del conductor. En este caso, la limpieza deja de ser una cuestión estética para convertirse en una obligación vinculada directamente a la seguridad vial y al cumplimiento de la normativa.
