La pretemporada ha dejado una sensación inquietante en Aston Martin. El AMR26 es un proyecto ambicioso, con una base técnica completamente nueva, pero el rendimiento en pista ha revelado un problema evidente en el motor de combustión desarrollado junto a Honda. Más allá de ajustes puntuales, la unidad térmica no está ofreciendo la fiabilidad ni la potencia necesarias para sostener un programa competitivo.
El motor no trabaja en su rango ideal y eso tiene consecuencias inmediatas. Cuando no puede girar con normalidad ni entregar la potencia prevista, el coche pierde velocidad y consistencia. En un Fórmula 1 moderno, donde todo está interconectado, el fallo en la base mecánica arrastra al resto del conjunto. La falta de empuje limita la recuperación eléctrica, reduce la energía disponible en recta y condiciona el comportamiento global del monoplaza.
Durante los test hubo cambios de unidades y paradas inesperadas en pista. Esa fragilidad inicial impidió completar tandas largas y dejó al equipo sin la información necesaria para afinar el resto del coche. Sin kilómetros estables, resulta imposible entender con precisión dónde están los márgenes de mejora.
Un problema que va más allá de la potencia
El déficit no es solo cuestión de caballos. El sistema híbrido necesita que el motor térmico funcione con estabilidad para recuperar energía de forma eficiente. Si la base falla, todo el ciclo energético se resiente. El resultado es un coche que no puede competir en igualdad de condiciones en recta y que pierde consistencia vuelta tras vuelta.
A esto se suma el reto de la nueva caja de cambios fabricada en Silverstone. Es la primera vez que el equipo produce su propia transmisión, diferencial y embrague. El salto estructural es enorme y exige tiempo para encontrar el equilibrio adecuado. Las reducciones agresivas que impone el nuevo reglamento generan tensiones mecánicas adicionales y el conjunto todavía no responde con la precisión necesaria.
Lo destacable en este caso es que el problema arranca claramente en el motor. Aunque dentro del equipo se evita señalar directamente, el origen del círculo vicioso está ahí. Si la unidad térmica no ofrece estabilidad, todo lo demás queda condicionado.
El recuerdo de McLaren y la tensión con Honda
En este contexto, la figura de Fernando Alonso cobra un significado especial. El asturiano conoce bien lo que supone convivir con un motor Honda que no rinde al nivel esperado. Su etapa en McLaren estuvo marcada precisamente por problemas de fiabilidad y falta de competitividad que terminaron erosionando la relación entre piloto y fabricante.
No es ningún secreto que aquella experiencia dejó huella. Ahora, al detectar síntomas similares en esta nueva etapa, la preocupación es evidente. Alonso ya percibe que el motor puede convertirse en un lastre estructural y eso impacta directamente en su confianza en el proyecto.
La relación con Honda, que nunca fue fluida en el pasado, corre el riesgo de tensarse aún más si la situación no mejora con rapidez. Un piloto de su perfil no suele ocultar su frustración cuando el material no está a la altura, y la repetición de errores históricos puede agravar un vínculo que ya arrastra antecedentes complejos.
Aston Martin necesita estabilizar cuanto antes la unidad de combustión para evitar que el problema técnico se transforme también en un problema interno. Sin una base sólida en el motor, el desarrollo del coche queda limitado. Y si la falta de competitividad se prolonga, las consecuencias irán más allá de los cronos y alcanzarán directamente a la cohesión del proyecto.
