La Unión Europea explora vías para que Ucrania pueda acceder a una forma de adhesión parcial ya en 2027, en un intento de acelerar su acercamiento institucional en plena guerra con Rusia. Según ha avanzado Politico, en Bruselas se han intensificado los debates sobre modelos de integración progresiva que permitirían a Kyiv participar en determinadas políticas comunitarias antes de convertirse en miembro de pleno derecho. El movimiento responde tanto a la voluntad política de dar una señal estratégica a Moscú como a la necesidad de mantener la cohesión interna dentro de los Veintisiete.
Formalmente, el proceso de adhesión continúa su curso a través de los llamados “clústeres”, bloques temáticos que agrupan capítulos legislativos que los países candidatos deben alinear con el espacio comunitario. Hasta ahora, tres de los seis clústeres previstos para Ucrania ya se han procesado, un ritmo que fuentes comunitarias consideran significativo dada la complejidad del contexto bélico. La Comisión Europea está ofreciendo orientación técnica a Kyiv para adaptar su legislación en ámbitos como el Estado de derecho, el mercado interior o las políticas económicas.
A pesar de este progreso, la plena adhesión continúa siendo un horizonte lejano y políticamente delicado. Por eso, en reuniones recientes en Bruselas se han puesto sobre la mesa fórmulas intermedias, descritas como una especie de “adhesión ligera” o incluso “ampliación inversa”. Estas opciones permitirían integrar Ucrania gradualmente en determinadas estructuras europeas –por ejemplo, en el mercado único o en programas comunitarios– sin esperar a completar todo el proceso formal.
El veto de Hungría, principal obstáculo
El principal escollo político es Hungría. Cualquier decisión sobre la ampliación requiere la unanimidad de los 27 Estados miembros, y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha expresado reiteradamente sus reservas tanto sobre el apoyo militar a Ucrania como sobre su futura adhesión a la UE. Budapest ha utilizado en diversas ocasiones su poder de veto para retrasar o condicionar decisiones relativas a Kyiv.
Ante este bloqueo, algunos líderes europeos confían en que la presión diplomática pueda abrir brechas. Según las informaciones publicadas, hay quien considera que un eventual apoyo explícito de los Estados Unidos –y en particular del presidente Donald Trump, si consolida su liderazgo– podría influir en la posición húngara. Washington ha dado apoyo a las iniciativas ucranianas en el marco de las negociaciones de paz y mantiene un papel clave en el equilibrio geopolítico del conflicto. Sin embargo, esta vía es incierta y depende de múltiples variables externas. En la práctica, la UE se mueve en un terreno jurídico y político complejo, en el que cualquier paso en falso podría profundizar las divisiones internas. La cuestión de la ampliación se entrelaza con debates más amplios sobre la reforma institucional de la Unión y la necesidad de adaptar los mecanismos de toma de decisiones a una Europa potencialmente más grande
La opción extrema: el artículo 7
Como último recurso, los tratados europeos prevén mecanismos para suspender determinados derechos de un estado miembro que vulnere gravemente los valores fundamentales de la Unión. El artículo 7 del Tratado de la UE permite, en teoría, retirar el derecho de voto de un país en el Consejo. Esta herramienta ya se ha invocado en procedimientos contra Hungría por cuestiones relacionadas con el Estado de derecho, pero llegar a aplicarla plenamente requeriría también amplios consensos políticos.
La posibilidad de utilizar este instrumento en el contexto de la adhesión ucraniana es vista como una medida extrema y altamente sensible. Sin embargo, el simple hecho de que se mencione evidencia hasta qué punto la ampliación hacia el este se ha convertido en una prioridad estratégica para buena parte de los gobiernos europeos. Para estos estados, acelerar el camino de Ucrania hacia la UE no es solo una cuestión simbólica, sino una apuesta por redibujar la arquitectura de seguridad del continente.
En este escenario, el 2027 aparece como una fecha orientativa más que definitiva. Todo dependerá de la evolución de la guerra, de la capacidad reformista de Kiev y, sobre todo, de la voluntad política de los Veintisiete de caminar juntos en una de las decisiones más trascendentes para el futuro del proyecto europeo.
