La guerra en Ucrania ha entrado en una nueva fase que hasta hace poco parecía propia de la ciencia-ficción. En una operación reciente, soldados rusos se rindieron ante vehículos terrestres no tripulados y drones ucranianos, sin presencia directa de infantería. La escena, insólita, pero cada vez más habitual, evidencia hasta qué punto la tecnología está transformando el campo de batalla.
Según el comandante ucraniano Mykola “Makar” Zinkevych, la posición enemiga fue tomada “sin disparar ni un solo tiro”. La operación, ejecutada por una unidad especializada en sistemas robóticos terrestres, marca un precedente en la forma de concebir los asaltos militares: menos soldados expuestos y más máquinas en primera línea.
Ucrania no puede competir en número de tropas
Este cambio no es casual. Después de más de cuatro años de guerra, Ucrania ha tenido que adaptarse a una realidad incómoda: no puede competir con Rusia en número de tropas. Ante esta limitación estructural, Kyiv ha apostado por una estrategia basada en la innovación tecnológica para equilibrar fuerzas. “Nunca tendremos ventaja numérica; la tenemos que construir con tecnología”, resume Zinkevych.
Los drones aéreos hace tiempo que dominan el frente, convirtiendo cualquier movimiento en una acción de riesgo elevado. Esto ha impulsado el desarrollo de drones terrestres: vehículos con ruedas u orugas, más difíciles de detectar, capaces de operar en cualquier condición meteorológica y con una autonomía superior. Inicialmente pensados para evacuar heridos o transportar suministros, ahora asumen cada vez más funciones de combate.
Las ventajas son claras. Además de reducir el riesgo para los soldados, estos sistemas pueden sostener operaciones durante días con mantenimiento mínimo. En un caso reciente, un solo robot armado con una ametralladora resistió un avance ruso durante 45 días. Esta resistencia y eficiencia los convierte en una herramienta clave en una guerra de desgaste.
El objetivo ambicioso de Zelenski
El gobierno ucraniano ha elevado esta apuesta a escala estratégica. El presidente Volodímir Zelenski ha asegurado que en solo tres meses se han llevado a cabo más de 22.000 misiones con sistemas no tripulados, salvando miles de vidas. El objetivo es ambicioso: sustituir hasta un tercio de la infantería por robots y drones a corto plazo.
Esta transformación también responde a una lógica económica. En otros escenarios, como Oriente Medio, se han utilizado misiles multimillonarios para destruir drones de bajo coste. Ucrania, con recursos limitados, ha desarrollado soluciones más baratas y eficientes, lo que ha despertado el interés de otros países. Kyiv ya explora acuerdos para intercambiar conocimiento tecnológico por armamento y apoyo internacional.
A pesar de los avances, los expertos advierten que estos sistemas no pueden sustituir completamente a los soldados. Los drones terrestres tienen limitaciones, especialmente a la hora de mantener y controlar territorio. Además, el uso de inteligencia artificial en combate abre interrogantes éticos y operativos. “La decisión final debe ser humana”, insiste Zinkevych.
Con todo, la tendencia es clara. La guerra en Ucrania no solo redefine las dinámicas del conflicto actual, sino que anticipa el futuro de los enfrentamientos armados. En este nuevo escenario, la superioridad ya no depende solo del número de soldados, sino de la capacidad de innovar, adaptarse y escalar la tecnología al ritmo del combate.
