Tradicionalmente, los presidentes de los Estados Unidos reciben a sus invitados en la Casa Blanca; no van al aeropuerto ni a recibir a sus mejores aliados. Sin embargo, Donald Trump lo ha hecho por Xi Jinping. El republicano ha querido poner el acento en la buena sintonía personal con el líder de la gran potencia rival al inicio de la esperada visita de estado del presidente chino a Washington. "Desde mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos construido una amistad, una amistad realmente grande, basada en el respeto mutuo y en los intereses vitales de nuestros pueblos", ha afirmado antes de empezar las conversaciones formales, y con los equipos de ambos dirigentes ya reunidos. El tono cordial del recibimiento, sin embargo, convive con una agenda cargada de cuestiones críticas que ambos deberán abordar en privado.
Xi, por su parte, ha defendido que la rivalidad entre las dos potencias no debe desembocar en una confrontación abierta. "China y los Estados Unidos no deben cruzar la línea del conflicto y la confrontación", ha afirmado en una breve intervención, en la que también ha reclamado "fortalecer la comunicación" y "cooperar con sinceridad". El presidente chino ha admitido que la competencia entre Washington y Pekín es inevitable, pero ha insistido en que debe ser "sana" y mantenerse "dentro de límites razonables". "Debe ser una carrera para ponernos al nivel del otro, no una lucha en la que uno gana y el otro pierde", ha remarcado, antes de señalar que los intereses de los dos países están "profundamente entrelazados" y que todavía hay un amplio margen para la cooperación.
Trump ha ido un paso más allá y ha reivindicado los precedentes de cooperación entre ambos países para defender una relación más estrecha. El presidente estadounidense ha recordado que los Estados Unidos y China fueron "aliados" durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington colaboró con las fuerzas chinas contra la ocupación japonesa. "Así como nuestros pueblos trabajaron juntos para ganar aquella guerra, el presidente Xi y yo continuaremos trabajando juntos para forjar un futuro mejor para nuestras dos naciones", ha dicho. Cabe decir que Trump acostumbra a presentar la relación con Pekín en clave personal y a destacar su amistad con Xi como una manera de rebajar las tensiones entre las dos potencias. En este sentido, ha remarcado que el dirigente chino es el primer presidente de su país que hace dos visitas de estado a Washington, después de la que protagonizó en 2015 durante el mandato de Barack Obama.
Un trato justo para las empresas
Xi también ha aprovechado el encuentro para reclamar reciprocidad en el trato a las empresas. El presidente chino, que ha viajado acompañado de representantes de compañías como BYD, Xiaomi y Alibaba, ha asegurado que China mantiene "las puertas abiertas de par en par" a las empresas estadounidenses que quieran invertir, pero ha pedido que las compañías chinas reciban "un trato justo" en Estados Unidos. Xi ha añadido que la relación bilateral es clave para afrontar muchos de los grandes retos globales y ha puesto como ejemplo la inteligencia artificial. Según ha afirmado, tanto China como Estados Unidos tienen "la capacidad y la responsabilidad" de desarrollar y gobernar esta tecnología pensando en el bien común y garantizando que se mantenga siempre bajo control humano.
La agenda de Xi en Estados Unidos
El punto culminante de la agenda de Xi llega este jueves, con la reunión bilateral con Trump y, posteriormente, una pomposa cena de estado en honor de la delegación china. El encuentro busca rebajar la tensión acumulada en una relación marcada por disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas, desde los aranceles y las tierras raras hasta Taiwán, la guerra de Irán o la carrera por la inteligencia artificial. Aunque no se esperan grandes acuerdos, los líderes de las dos potencias mundiales más grandes intentarán preservar el tono cordial de sus encuentros anteriores y, sobre todo, de mantener abiertos los canales de diálogo.
