Donald Trump ha dicho en varias ocasiones que ser presidente de Estados Unidos es la profesión más peligrosa del mundo, después de haber sobrevivido a varios intentos de atentado. “No hay ningún trabajo más peligroso”, ha vuelto a decir después del susto mayúsculo que ha pasado en el hotel Hilton la pasada noche en Washington, durante la cena de Corresponsales. Trump, sin embargo, está decidido a asumir el riesgo porque “tengo que hacer grandes cosas por este país” y asegura que está en la Casa Blanca “para hacer el trabajo”, por eso “quiero vivir”. Trump atribuye la peligrosidad de su cargo al hecho de que lo que él hace “genera mucho impacto”. Pero lo cierto, es que Trump no es un presidente cualquiera, y ha ido coleccionando enemigos en todo el mundo durante sus dos mandatos (primero entre el 2017 y el 2021 y, después, de nuevo desde el 2025). El republicano es un presidente nacionalista norteamericano, que ha defendido las políticas de ultraderecha de exclusión de las minorías, que ha atentado contra los derechos civiles de los inmigrantes y de los mismos norteamericanos que no piensan como él, y que actualmente está en guerra con un país de extremismo religioso como Irán. Aun así, Trump ha reconocido que no cree que el intento de asesinato de este “lobo solitario” -como se ha definido a Cole Allen- tenga que ver con el conflicto en Oriente Medio. Este es el tercer intento de asesinato que sufre Trump en dos años, el primero desde que es presidente, y siempre ha salido bien parado, pero la actuación del Servicio Secreto, que destinan una cantidad ingente de agentes a la protección del presidente y cuestan cientos de millones de dólares, no se han librado de las críticas.
Momento en que agentes del U.S. Secret Service intentan detener al tirador pic.twitter.com/rUleqGgSUU
— SILENT BRIEF (@SilentBriefHQ) 26 de abril de 2026
El tirador, hospedado en el hotel
Aunque el presidente elogió la actuación de los agentes del Servei Secret, la seguridad que rodea al presidente vuelve a estar en el punto de mira en algunos medios, porque un sospechoso armado con una escopeta y otras armas consiguió llegar al piso superior, hasta el salón de baile del Hilton de Washington, donde estaban cenando el presidente Trump y la primera dama, Melània, además de los más altos miembros del gabinete, legisladores de alto rango, celebridades y los corresponsales de la Casa Blanca. Cole Allen, según el jefe de la policía de Washington, se alojaba en el Hilton, pero aseguró que el atacante no estuvo nunca cerca de “forzar” la entrada al salón de baile. Aunque los cerca de 2.600 asistentes tenían que pasar por los detectores de metales para acceder a la sala de baile del sótano, para entrar al hotel —que también estaba abierto a los huéspedes— bastaba con mostrar la entrada. Con el acceso al recinto rodeado de manifestantes, muchos de los cuales protestaban contra la guerra del gobierno de Trump contra Iran, los asistentes pudieron acceder con rapidez.
Cientos de millones de dólares en protección
El coste de la seguridad del presidente de los Estados Unidos no se publica como una cifra única y cerrada, pero el Servicio Secreto, encargado de su protección, dispone de un presupuesto anual que en 2026 se sitúa alrededor de los 3.300 millones de dólares. De esta cantidad, entre 1.200 y 1.400 millones se destinan directamente a operaciones de protección, que incluyen no solo al presidente, sino también al vicepresidente, sus familias, expresidentes y otros altos cargos. Proteger al presidente en activo, los expertos coinciden en que su seguridad concentra una parte muy significativa de este presupuesto, que se estima en cientos de millones de dólares. Este gasto no se limita a los agentes que acompañan al mandatario. Incluye un amplio dispositivo permanente: equipos de seguridad que operan las 24 horas, despliegues previos en cada viaje, protección de residencias como la Casa Blanca y otras ubicaciones, sistemas de inteligencia y prevención de amenazas, así como la seguridad en actos públicos, cumbres internacionales o campañas y mítines electorales. En el caso de Trump, el coste aumenta debido a factores como el uso frecuente de residencias privadas como Mar-a-Lago o una actividad más elevada de desplazamientos y eventos.
🔥Presten mucha atención al artefacto que sostiene el agente del Servicio Secreto detrás del presidente Donald Trump. ¿Saben lo que es esa cajita de controles? pic.twitter.com/A3b5x0WgRl
— Juan Domingo Underwood (@Ojo_Kritico) April 24, 2026
Según la CBS, la unidad de Operaciones de Protección contó en 2024 con unos 3.671 trabajadores, lo que representa aproximadamente el 44% de los cerca de 8.300 empleados del Servicio Secreto. Estos agentes están asignados a múltiples misiones, ya que, por ley, la agencia tiene la responsabilidad de proteger a más personas que no solo al presidente. Además del comandante en jefe, la unidad también debe salvaguardar a la familia del presidente, al vicepresidente y su familia, así como a los expresidentes y exvicepresidentes y sus familias, y a los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia. A un presidente en activo se le destinan alrededor de 300 agentes del Servicio Secreto, contando diferentes rotaciones.
El ataque de las imágenes icónicas del trumpismo a Butler
La seguridad del presidente de los Estados Unidos siempre es un tema envuelto en teorías de la conspiración. En la historia del país, se ha producido el magnicidio de cuatro presidentes -Abraham Lincoln (1865), James A. Garfield (1881), William McKinley (1901) y John F. Kennedy (1963)- y otros como Theodore Roosevelt (1912), Ronald Reagan (1981) resultaron heridos en diferentes atentados, este último, precisamente, en el mismo escenario que hoy, el Washington Hilton. Lo que todo el mundo recuerda de Trump, por las imágenes de su cara sangrando mientras levantaba el puño, se produjo el 13 de julio de 2024 en Butler (Pensilvania), cuando aún no era presidente, sino candidato presidencial, durante un mitin de campaña, pocos días antes de la convención republicana que lo confirmaría como rival de Kamala Harris. Trump se libró por poco. Este ha sido el atentado más grave y el único en el que ha resultado levemente herido en la oreja derecha por un disparo. “He sentido la bala atravesando mi piel”, dijo Trump, que recibió el impacto de un proyectil disparado por un joven de 20 años, Thomas Matthew Crooks, desde una posición elevada a unos 120-150 metros, utilizando un rifle semiautomático AR-15. La bala rozó la oreja, a seis milímetros de la cabeza, que dejó una herida leve y sangre visible en el rostro del republicano, que fue retirado del escenario aún en pie y con el público gritando “USA, USA”, unas imágenes que se han convertido en icónicas para el trumpismo. El tiroteo mató a Corey Comperatore, un asistente al acto, y dejó al menos a dos personas más heridas graves. Crooks, el tirador, fue abatido inmediatamente por agentes del Servicio Secreto y la policía, que respondieron desde una carpa de seguridad situada en el mismo recinto. El servicio secreto recibió críticas por errores operativos y de coordinación que se consideraron responsables de que el tirador pudiera disparar desde un edificio que no estaba incluido en el perímetro de seguridad ni vigilado adecuadamente.
El tirador de Coachella
El segundo intento se produjo en septiembre de 2024, también mientras era candidato, en el Trump Internacional Golf Club, en Florida, cuando un tirador apuntó con un rifle AK-47 a unos 400 metros de distancia. Los agentes dispararon, el atacante huyó, pero posteriormente el atacante, Ryan Wesley Routh, de 58 años, fue arrestado, y posteriormente condenado a cadena perpetua. El 13 de octubre del mismo año, Vem Miller, un hombre de 49 años de Las Vegas, fue detenido con una escopeta cargada, una pistola, un cargador de alta capacidad y varios pases falsos para el mitin de Donald Trump en Coachella. Fue detenido con una escopeta cargada, una pistola, un cargador de alta capacidad y varios pases falsos para el mitin de Trump, pero fue liberado después de pagar una fianza de 5.000 dólares. El último episodio antes del de este sábado fue el que se registró en febrero de este año, cuando el Servicio Secreto y agentes de la oficina del sheriff del condado de Palm Beach abatieron a un hombre de 21 años que intentaba colarse en la residencia personal del presidente en Mar-a-Lago (Florida) con una escopeta y un bidón de combustible. La identidad de la persona fallecida no se hizo pública de manera oficial, pero los medios de comunicación norteamericanos lo identificaron como Austin Tucker Martin, de Carolina del Norte.
Un antes y un después en los servicios secretos
El intento de asesinato de Butler, aunque Trump no era presidente, supuso un antes y un después en la organización interna, liderazgo y protocolos a la hora de trabajar. Un informe interno y otro de un panel independiente concluyeron que el Servicio Secreto cometió una “cascada de errores evitables” y que hubo responsabilidad directa de la agencia en la vulnerabilidad del evento, que describieron como un “fracaso operacional total”. La directora del Servicio Secreto, Kim Cheatle, dimitió poco después, en un contexto de presión política y mediática; el organismo se comprometió públicamente a revisar su cultura y su funcionamiento. Actualmente, el Servicio Secreto de los Estados Unidos está liderado por Sean Curran, que se convirtió en el 28º director de la agencia, y sustituyó a Cheatle. Trump lo nombró el 22 de enero de 2025, poco después de regresar a la Casa Blanca. Curran fue jefe del equipo personal de seguridad de Trump y uno de los agentes que lo protegió durante el atentado de Butler en julio de 2024. A raíz de aquel aparatoso atentado, el republicano tuvo una protección del rango de presidente, a pesar de no serlo aún oficialmente.