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Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 con el control de ambas cámaras del Congreso y una mayoría republicana que le permitía impulsar su agenda política sin grandes obstáculos legislativos. Menos de dos años después, aquel dominio se ha desmoronado. Las elecciones de medio mandato de este martes han dejado una derrota histórica para el presidente estadounidense, con los demócratas recuperando la Cámara de Representantes y el Senado y abriéndose paso en bastiones republicanos que parecían inexpugnables, como Texas, Kansas, Carolina del Sur y Iowa. No es solo una derrota electoral, es identitaria. Según un análisis de Reuters, los republicanos han retrocedido en el 99% de los 2.100 condados examinados, con una caída media de nueve puntos respecto a los resultados obtenidos en las presidenciales de 2024. El descenso en caída libre en las urnas abre un escenario radicalmente diferente para los dos últimos años de mandato de Trump, con una oposición reforzada en el Congreso y un trumpismo en horas bajas.

Los estadounidenses han castigado a Trump en las urnas por el encarecimiento del coste de la vida, las consecuencias económicas de la guerra con Irán y la frustración ante las promesas que lo devolvieron a la Casa Blanca en 2024. Todos estos factores han alimentado un malestar que ha acabado pasando factura a los republicanos. Tanto Trump como su mano derecha, el vicepresidente JD Vance, han admitido que el conflicto en Oriente Medio es la principal causa de la derrota electoral. "Si quieren decir que perder el Senado durante los próximos seis años ha valido la pena, adelante. Digan que ha sido un precio que valía la pena pagar", ha manifestado Vance. "Pero todo el mundo sabe por qué hemos perdido. Y cualquier conversación sincera sobre el camino a seguir de ahora en adelante debe partir de aquí", ha añadido.

La magnitud del tsunami demócrata queda especialmente reflejada en tres estados que hasta hace poco parecían fuera de su alcance. En Texas, James Talarico ha derrotado al republicano Ken Paxton y ha puesto fin a una sequía de victorias demócratas en el Senado que se remontaba a 1988, en un estado que Trump había ganado con comodidad solo dos años atrás. El resultado es todavía más significativo porque los demócratas también han arrebatado la gobernación a Greg Abbott, con la victoria de Gina Hinojosa, y han recuperado terreno entre los votantes latinos de las zonas fronterizas.

Abdul El-Sayed celebra los resultados electorales / EFE

En Kansas, otro bastión conservador, el pastor metodista Adam Hamilton se ha convertido en el primer demócrata elegido al Senado por este estado desde 1932, a pesar de que Trump se había impuesto por más de 16 puntos en 2024. 

Y en Ohio, Sherrod Brown ha conseguido recuperar el escaño que había perdido dos años antes, imponiéndose al republicano Jon Husted en un territorio donde Trump y JD Vance habían concentrado esfuerzos durante la recta final de la campaña. Tres victorias con significados diferentes, pero que comparten un mismo trasfondo: la capacidad de los demócratas de disputar territorios tradicionalmente republicanos y captar una parte del electorado que había apoyado a Trump.

Dos años de bloqueo

La derrota también da un vuelco a los equilibrios de poder en Washington. Con la Cámara de Representantes y el Senado bajo control demócrata, Trump tendrá muchas más dificultades para sacar adelante su agenda legislativa, aprobar presupuestos y conseguir la confirmación de sus nombramientos. Además, la oposición podrá impulsar investigaciones parlamentarias sobre su administración, relacionadas, por ejemplo, con el polémico caso Epstein. Sin embargo, el presidente conservará el poder de veto y sus facultades ejecutivas, de manera que los dos últimos años del mandato estarán marcados por una confrontación institucional más intensa entre la Casa Blanca y el Congreso.

Con la mirada puesta en las presidenciales de 2028, la derrota también abre una nueva etapa de incertidumbre dentro del Partido Republicano. El resultado pone a prueba la continuidad del trumpismo más allá de la figura del presidente y sitúa a JD Vance, uno de los posibles aspirantes a sucederle, ante el reto de reconstruir una coalición electoral que ha perdido apoyos en buena parte del país. Los demócratas, por su parte, afrontan el desafío de canalizar el rechazo a Trump en un candidato de consenso. ¿Será Alexandria Ocasio-Cortez (AOC)? ¿Será Jon Ossoff? ¿Gavin Newsom? Los tiempos lo dirán, pero la reconquista del Congreso impulsa al partido. La batalla por el futuro político de los Estados Unidos ya ha comenzado.