Solo quedan 19 días para que los estadounidenses vayan a las urnas por las elecciones legislativas de Estados Unidos y las expectativas de los republicanos no son buenas. El partido del presidente afronta las midterm con un pesimismo creciente y con la sensación de que mantener el control de la Cámara de Representantes por delante de los demócratas es un escenario cada vez más improbable. La impopularidad de Donald Trump se ha convertido en uno de los principales problemas para los candidatos republicanos, que ven cómo la mayoría de los sondeos dibujan un panorama electoral desfavorable después de casi dos años de mandato del líder de la Casa Blanca. De hecho, las perspectivas son tan negativas en la cámara baja que entre los republicanos empieza a imponerse una estrategia de control de daños, ante la posibilidad de perder el dominio y ver cómo los demócratas pasan a dominarla.
El desgaste de Trump se explica, en buena parte, por el encarecimiento del coste de la vida y por la guerra contra Irán, dos factores que han hecho caer la valoración del presidente estadounidense hasta niveles históricamente bajos. Según una encuesta de NBC News, solo el 38% de los ciudadanos aprueba su gestión, mientras que el rechazo se eleva hasta el 60%. Este escenario preocupa especialmente a los republicanos porque las mayorías de las que disponen actualmente en el Congreso son muy ajustadas. En la Cámara de Representantes, el partido de Trump solo tiene cuatro escaños más que los demócratas, mientras que en el Senado la ventaja es de seis. Por lo tanto, el resultado de las elecciones puede alterar el reparto de fuerzas en Washington y poner fin al control republicano de ambas cámaras.
El pesimismo ya ha llegado a la cúpula republicana del Congreso. Según ha publicado este miércoles Politico, varios dirigentes del partido reconocen en privado que conservar la mayoría en la Cámara de Representantes es prácticamente imposible y consideran que los esfuerzos deberían concentrarse en mantener el control del Senado. Un congresista republicano, que ha hablado bajo condición de anonimato, ha admitido que Trump no está contribuyendo a revertir la tendencia negativa de las encuestas y que el objetivo actual es "salvar tantos escaños republicanos como sea posible". Otro legislador del partido ha ido más allá y ha calculado que los demócratas podrían ganar una decena de escaños, un resultado que superaría ampliamente el margen necesario para quitar a los republicanos el control de la cámara baja.
Trump se moviliza por todas partes
Ante este escenario, Trump ha intensificado su implicación en la campaña electoral con una agenda de mítines por diferentes estados. Este martes, el mandatario estadounidense se desplazó hasta Alaska, un territorio tradicionalmente favorable a los republicanos donde las últimas encuestas dibujan una disputa especialmente ajustada por el Senado. El estado más extenso de los Estados Unidos hace casi dos décadas que no elige a un senador demócrata. Ahora, sin embargo, el republicano Dan Sullivan, que aspira a conseguir un tercer mandato, aparece 1,4 puntos porcentuales por detrás de la candidata demócrata Mary Peltola, según la media de sondeos de RealClearPolitics. Para encontrar la última victoria demócrata en unas elecciones al Senado por Alaska hay que remontarse a 2008, y el estado ártico no elige a un gobernador de aquel partido desde 1998.

Control de daños
Abocado en este clima de pesimismo, el Partido Republicano ha empezado a retirar financiación a candidatos de varios distritos competitivos de la Cámara de Representantes. El objetivo es concentrar los recursos disponibles en aquellas circunscripciones donde la formación considera que tiene más opciones de conservar los escaños, y no se descarta que los recortes de apoyo económico se extiendan a más candidaturas durante las próximas semanas. La situación también es especialmente delicada en el Medio Oeste, donde los republicanos intentan defender sus posiciones en el Senado en estados tradicionalmente favorables al trumpismo, como Iowa, Nebraska y Kansas, que ahora concentran una parte importante de los esfuerzos electorales del partido. De hecho, la CNN ya informó a principios de esta semana que los republicanos habían empezado a reorientar la campaña hacia una estrategia de control de daños ante las perspectivas que dibujan los sondeos.