El Pentágono plantea a Trump utilizar la "madre de todas las bombas" en Irán: ¿un arma militar o psicológica?

Una bomba de casi diez toneladas, capaz de arrasar una extensa superficie y provocar una onda expansiva devastadora. Es la GBU-43/B, conocida por las siglas MOAB (Massive Ordnance Air Blast), que también tiene otro sobrenombre estrecho de otra interpretación de este acrónimo: Mother of All Bombs (la "madre de todas las bombas"), considerada el arma más potente del arsenal estadounidense, solo por debajo de las bombas nucleares. El Pentágono ha puesto sobre la mesa de Donald Trump la posibilidad de utilizarla contra Irán, en una nueva ofensiva que podría tener lugar antes o después de las elecciones legislativas de noviembre. Pero detrás de esta amenaza hay una cuestión que va más allá de su extraordinaria potencia: ¿Washington prepara realmente un ataque devastador o intenta intimidar a Teherán y ofrecer a Trump una victoria política que pueda presentar a los electores?

La MOAB es considerada el arma convencional más destructiva del arsenal estadounidense. Según una exclusiva de la CNN, basada en varios responsables estadounidenses conocedores de los planes militares, las Fuerzas Armadas han elaborado nuevas opciones de ataque contra infraestructuras energéticas e instalaciones nucleares iraníes, entre las que figura el uso de la MOAB. La decisión correspondería exclusivamente al presidente, que todavía no ha autorizado la operación. La Casa Blanca evita confirmar los detalles y se limita a recordar que Trump mantiene "todas las opciones sobre la mesa" para impedir que Irán desarrolle armas nucleares.

¿Cómo es la "madre de todas las bombas"?

La GBU-43/B fue desarrollada por Estados Unidos en 2003, en plena preparación de la invasión de Irak. Es una bomba guiada por GPS, de 9,2 metros de longitud y unas 9,8 toneladas de peso, con aproximadamente 8,5 toneladas de explosivo y una potencia equivalente a unas 11 toneladas de TNT. Está diseñada para explotar a poca altura sobre el terreno y generar una enorme onda expansiva capaz de destruir instalaciones en superficie, concentraciones de tropas y túneles poco profundos. Su capacidad destructiva puede afectar una extensión equivalente a varias manzanas urbanas, según las condiciones del terreno. Pero tiene una limitación importante: no está concebida para penetrar a grandes profundidades. Esto la diferencia de las bombas antibúnker como la GBU-57, conocida como Massive Ordnance Penetrator (MOP), que Estados Unidos ya utilizó contra las instalaciones nucleares subterráneas iraníes en junio del año pasado, desarrolladas específicamente para perforar roca y hormigón reforzado. Esta distinción es fundamental para entender las dudas sobre su posible utilización en Irán.

El antecedente de Afganistán: Trump ya la utilizó en 2017

No sería la primera vez que Trump recurriría a la madre de todas las bombas. El 13 de abril de 2017, durante su primer mandato, Estados Unidos lanzó una MOAB sobre un complejo de túneles del Estado Islámico en la provincia afgana de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán. Fue la primera utilización de la bomba en combate. Las autoridades afganas informaron inicialmente de la muerte de al menos 36 combatientes yihadistas y de la destrucción de túneles y depósitos de armamento. Las fuentes oficiales aseguraron que no se habían producido víctimas civiles, a pesar de que el alcance real de las consecuencias del bombardeo fue objeto de debate.

Aquel ataque también tuvo una dimensión propagandística. Las imágenes de la explosión, difundidas por el propio Pentágono, dieron la vuelta al mundo y permitieron a Trump exhibir la capacidad militar de Estados Unidos. Nueve años después, la posibilidad de volver a utilizar la MOAB plantea una pregunta similar: ¿se trata de destruir un objetivo concreto o de demostrar hasta dónde está dispuesto a llegar Washington?

Una bomba temible, pero poco útil contra los búnkeres iraníes

Uno de los posibles objetivos es Pickaxe Mountain, una instalación excavada bajo una montaña donde los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes sospechan que Irán protege elementos de su programa nuclear. El problema es que las instalaciones estarían fortificadas bajo gruesas capas de granito, una protección que la MOAB difícilmente podría atravesar. "La MOAB es un arma de gran envergadura, concebida para operaciones de información y muy eficaz para limpiar grandes extensiones, pero poco útil para otros fines", explica a la CNN una fuente familiarizada con la planificación militar. Y añade: "Definitivamente, no está diseñada como una ojiva de penetración profunda". Esto significa que un ataque podría producir una destrucción espectacular en superficie sin conseguir neutralizar las instalaciones subterráneas. Además, su uso contra infraestructuras energéticas comportaría un riesgo considerable de víctimas civiles y de represalias iraníes.

¿Fuegos artificiales antes de las elecciones en el horizonte?

Aquí aparece el componente político. Trump afronta las elecciones de medio mandato de noviembre con una guerra que se ha vuelto profundamente impopular entre los estadounidenses y sin haber conseguido una salida negociada después de más de seis meses de bombardeos. Según la CNN, en la Casa Blanca hace semanas que buscan una fórmula que permita al presidente proclamar una victoria y retirar las fuerzas estadounidenses sin transmitir una imagen de derrota. Una de las opciones estudiadas sería ejecutar una última ofensiva contundente, presentarla como el golpe definitivo contra Irán e iniciar inmediatamente el repliegue militar.

Una de las fuentes consultadas por la cadena describe algunas de las alternativas como un auténtico "espectáculo de fuegos artificiales": una demostración de fuerza de gran impacto visual y mediático, pero sin garantías de alcanzar los objetivos estratégicos de la guerra. La MOAB encajaría en esta lógica de presión psicológica. Su utilización podría enviar a Teherán el mensaje de que Washington está dispuesto a elevar el nivel de destrucción, pero también permitiría a Trump exhibir contundencia ante la opinión pública estadounidense. La dimensión electoral es, por tanto, una interpretación plausible de los planes revelados por la CNN, no una motivación demostrada.

El dilema de Trump: una gran explosión no garantiza una victoria

El Pentágono elabora habitualmente diferentes escenarios militares para que el presidente disponga de alternativas. Que la MOAB figure entre estos planes no significa necesariamente que se haya decidido utilizarla. De hecho, algunos responsables cuestionan que un nuevo bombardeo pueda doblegar el régimen iraní o forzarlo a aceptar las condiciones de Washington. Trump ya ha anunciado que no prevé reanudar los ataques antes de las elecciones, pero algunos asesores admiten que esta posición podría cambiar. Mientras tanto, la administración continúa buscando una salida diplomática que incluya la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio mundial de petróleo.

El arma más espectacular del arsenal convencional estadounidense podría resultar más eficaz para impresionar al adversario que para derrotarlo. Su amenaza ya constituye una forma de presión, sin necesidad de lanzarla. Pero, si Trump decide hacerlo, deberá afrontar una cuestión que ninguna explosión, por poderosa que sea, no puede resolver por sí sola: cómo convertir una demostración de fuerza en el final de una guerra.