Todos empezamos a sangrar y algunos vomitábamos sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos. No podíamos ni levantarnos después de aquella arma”. Así describe un guardia de seguridad venezolano el uso de un arma nunca vista hasta ahora durante la operación militar de los Estados Unidos en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro. El testimonio, difundido este sábado en las redes sociales, fue republicado por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, con el comentario: “Deja de hacer lo que estás haciendo y lee esto...”. Según el relato, las fuerzas norteamericanas desplegaron una tecnología desconocida que neutralizó en cuestión de segundos a cientos de soldados, sin un enfrentamiento convencional, sin ninguna baja de los Delta Force y provocando efectos físicos inmediatos y devastadores entre los defensores.

No se parecían a nada contra lo que hubiéramos luchado antes

El guardia asegura que todo comenzó sin ningún aviso previo. “De repente todos nuestros sistemas de radar dejaron de funcionar sin explicación alguna”, relata. Poco después, una gran cantidad de drones comenzó a sobrevolar las posiciones venezolanas. “No sabíamos cómo reaccionar”, admite. Minutos más tarde, según su relato, aparecieron varios helicópteros —“apenas ocho”— que desplegaron una veintena de soldados estadounidenses. A pesar de la clara superioridad numérica de los defensores, el guardia insiste en que la resistencia fue inútil desde el primer momento. “Eran tecnológicamente muy avanzados. No se parecían a nada contra lo que hayamos luchado antes”, afirma.

“No fue una batalla, fue una masacre”

El testigo describe el enfrentamiento como extremadamente breve y desigual. “Éramos cientos, pero no teníamos ninguna posibilidad”, asegura. Según él, la precisión y la velocidad del fuego norteamericano eran abrumadoras: “Parecía que cada soldado disparase 300 balas por minuto”. Pero el momento que todavía hoy le persigue no tiene que ver con las armas convencionales que hemos visto en todas las guerras. “Lanzaron algo; no sé cómo describirlo. Era como una onda sonora muy intensa”, explica. “Sentí como si la cabeza me explotase desde dentro”. “No fue una batalla, fue una masacre”, asegura

El arma que dejó a los soldados inmóviles

Los efectos, según el guardia, fueron inmediatos y generalizados. “Todos empezamos a sangrar. Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos”, relata. “Ni siquiera podíamos ponernos de pie después de aquella arma sónica, o lo que fuera”. El guardia concluye su relato con un mensaje claro: “Después de lo que vi, no quiero volver a estar nunca al otro lado. Nadie tiene ni idea de lo que son capaces”.

El Ministerio del Interior de Venezuela cifró en cerca de 100 los miembros de las fuerzas de seguridad muertos durante el ataque, aunque no ha especificado si estas víctimas estarían relacionadas con el uso de esta supuesta arma. La Casa Blanca, por su parte, no ha confirmado si la difusión del testimonio implica una verificación oficial de los hechos.

Una antigua fuente de inteligencia estadounidense citada por el New York Post ha señalado que Estados Unidos dispone desde hace años de armas de energía dirigida capaces de provocar síntomas como sangrados, dolor intenso o incapacidad para moverse, aunque no hay confirmación de que se hayan utilizado en este caso.