Si el presidente de los EE.UU., Donald Trump, hubiera elegido el fútbol en lugar de la política, podría haber tenido opciones de vestir la camiseta de Alemania. Esta es la curiosa lectura que ha surgido después del gesto protagonizado por el canciller alemán, Friedrich Merz, durante la cumbre del G7 celebrada en Évian, Francia, donde ha regalado a Trump una camiseta de la selección alemana con su nombre y el número 47, en referencia a que es el 47.º presidente de Estados Unidos.
La imagen no ha pasado desapercibida. Merz se ha levantado durante una reunión centrada en la guerra de Ucrania para entregar personalmente el regalo a Trump. El mandatario estadounidense lo ha recibido con una sonrisa, lo ha mostrado al resto de líderes presentes y, después, lo dejó plegado sobre la mesa de negociación.
El detalle familiar de Trump
Más allá de la anécdota diplomática, el detalle esconde una conexión familiar que explica por qué, al menos sobre el papel, Trump podría haber tenido vínculos con el fútbol alemán. Su abuelo paterno, Friedrich Trump, era originario de Alemania antes de emigrar a Estados Unidos a finales del siglo XIX. Este origen familiar ha sido recordado en numerosas ocasiones y forma parte de la historia personal del presidente estadounidense.
En el fútbol actual, las normas de la FIFA permiten que algunos jugadores representen selecciones diferentes a la del país donde han nacido, siempre que cumplan determinados requisitos relacionados con la nacionalidad o sus ascendientes. Es precisamente este vínculo familiar el que alimenta la broma que se ha extendido después del regalo de Merz: si Trump hubiera sido futbolista y hubiera dispuesto de la nacionalidad correspondiente, su árbol genealógico podría haberlo conectado con Alemania.
La escena también llega en un momento especialmente significativo. El encuentro se produjo después de varios desacuerdos entre Merz y Trump en cuestiones de política internacional. El último episodio de tensión había estado relacionado con la posición de Estados Unidos e Israel en el conflicto con Irán. En este contexto, el regalo fue interpretado como un gesto de cordialidad y acercamiento entre dos dirigentes que, a pesar de las diferencias, comparten la necesidad de cooperar en asuntos globales.
La camiseta apareció, además, en plena celebración del Mundial de Clubes, una competición que tiene a Estados Unidos como uno de los grandes protagonistas y que sirve de preludio del Mundial de fútbol que organizarán conjuntamente Estados Unidos, Canadá y México. La final de este torneo está prevista para el 19 de julio.
Así, un simple obsequio deportivo ha acabado generando una de las imágenes más comentadas de la cumbre del G7. Y también una pregunta tan curiosa como inesperada: ¿si Donald Trump hubiera sido futbolista en lugar de presidente, habría podido jugar con Alemania? La respuesta, al menos desde el punto de vista de sus orígenes familiares, es que la idea no resulta tan descabellada como podría parecer a primera vista.