Europa y Asia central registraron cerca de 34.000 casos de sarampión en 2025, un 75% menos que el año anterior, según datos preliminares difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La cifra confirma un descenso notable tras el repunte alarmante de los últimos ejercicios, pero el organismo internacional advierte que el progreso es “frágil” y que el riesgo de nuevos brotes continúa presente si no se refuerzan las coberturas de vacunación. El balance, elaborado con la participación de UNICEF, combina alivio y prudencia en una región que aún arrastra las consecuencias de las caídas vacunales pospandemia.
La reducción de los contagios responde, según la OMS, a las medidas de respuesta adoptadas por los estados, especialmente las campañas de inmunización extraordinarias y la mejora en la detección de casos. También ha influido el hecho de que el virus, altamente contagioso, ya se hubiera extendido previamente en comunidades con baja cobertura vacunal, reduciendo progresivamente el número de personas susceptibles. Aun así, la organización recuerda que 34.000 casos continúan siendo una cifra elevada en términos históricos y superior a la de la mayoría de años de este siglo.
La región europea de la OMS incluye 53 países, entre ellos Rusia y diversas repúblicas exsoviéticas, con realidades sanitarias muy desiguales. En algunos estados, de hecho, en 2025 se han notificado más casos que en 2024, y ya se han detectado nuevos episodios durante las primeras semanas de 2026. Este patrón irregular evidencia que el descenso global no oculta la persistencia de bolsas de vulnerabilidad, especialmente en comunidades con cobertura vacunal insuficiente o con dificultades de acceso a los servicios sanitarios.
Un virus extremadamente contagioso
El sarampión es uno de los virus más contagiosos que existen. Según la OMS, es hasta doce veces más transmisible que la gripe. Por cada persona infectada, hasta 18 personas no vacunadas pueden contraer la enfermedad. Esta capacidad de propagación hace que cualquier resquicio en la inmunización colectiva se traduzca rápidamente en brotes, especialmente en escuelas, entornos familiares o comunidades con tasas bajas de vacunación.
El director regional de la OMS para Europa, Hans Kluge, ha recordado que más de 200.000 personas han enfermado de sarampión en la región en los últimos tres años. Para frenar definitivamente la circulación del virus, insiste, es necesario que cada comunidad alcance al menos el 95% de cobertura con dos dosis de vacuna, cierre las brechas de inmunidad en todas las franjas de edad y refuerce los sistemas de vigilancia epidemiológica. Sin estos requisitos, advierte, el virus continuará encontrando espacios donde expandirse.
Desde UNICEF, la directora regional para Europa y Asia central, Regina De Dominicis, subraya que las condiciones que favorecieron el resurgimiento reciente del sarampión aún no se han resuelto del todo. Las interrupciones en los calendarios de vacunación durante la pandemia, la desinformación sobre las vacunas y las desigualdades territoriales en el acceso a la atención primaria han dejado un legado que no desaparece automáticamente con una mejora puntual de las cifras.
El reto de consolidar el descenso
Los expertos coinciden en que la clave no es solo reaccionar ante los brotes, sino reforzar la vacunación sistemática de rutina. Muchos de los casos detectados en 2025, señala el informe, habrían sido evitables con una inmunización más completa a escala comunitaria y con respuestas más rápidas cuando se detectaron los primeros focos. El sarampión, a pesar de ser prevenible con una vacuna segura y efectiva, puede provocar complicaciones graves, especialmente en niños pequeños y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
La lucha contra esta enfermedad se ha convertido también en una cuestión de seguridad sanitaria. La OMS recuerda que la eliminación del sarampión no es solo un objetivo simbólico, sino una herramienta para fortalecer los sistemas de salud y prevenir crisis futuras. En un contexto global marcado por la movilidad internacional y por la circulación rápida de patógenos, ningún país puede considerarse completamente protegido si el virus continúa activo en otros territorios
El descenso del 75% es, pues, una buena noticia, pero no una victoria definitiva. La región europea ha demostrado que puede revertir una tendencia preocupante, pero también que el margen de error es estrecho. Sin un compromiso sostenido con la vacunación y la vigilancia, el sarampión podría volver a repuntar con la misma rapidez con que se ha reducido.
