Rusia, al límite del combustible: Ucrania pone en jaque sus refinerías

El presidente ruso, Vladímir Putin, tiene cada vez más problemas. Cada vez es más habitual ver largas colas delante de una gasolinera en Moscú. Los conductores esperan su turno con una calma que, en medio de una guerra, resulta casi sorprendente. Algunos miran el móvil; otros simplemente esperan. Llenar el depósito ya no es tan rápido como antes.

La imagen es un reflejo cada vez más visible de las consecuencias que los ataques ucranianos están teniendo sobre la red energética rusa. Kiev ha intensificado durante los últimos meses los ataques con drones contra refinerías, depósitos de combustible y otras infraestructuras relacionadas con la producción y distribución de carburantes. El objetivo es dificultar el funcionamiento de la maquinaria de guerra rusa y hacer llegar el coste del conflicto al interior del país.

Restricciones de combustible

En Moscú, las autoridades han tenido que adoptar restricciones en la venta de combustible ante los problemas de suministro. No es, sin embargo, la primera vez que los rusos se encuentran con esta situación. A finales de junio ya se registraron episodios de escasez en la capital, aunque el suministro se acabó normalizando.

Ahora el problema vuelve con más fuerza. Uno de los golpes más importantes ha sido el que ha afectado a la refinería de Orsk, en la región de Oremburgo, cerca de la frontera con Kazajistán. El ataque ucraniano obligó a interrumpir la actividad de la planta y las autoridades rusas han advertido que la reparación de algunas instalaciones podría alargarse durante meses.

La refinería de Orsk no es un caso aislado. Ucrania ha convertido las infraestructuras petroleras rusas en uno de los principales objetivos de su campaña de drones. Los ataques buscan reducir la capacidad de Rusia para refinar petróleo y distribuir carburante, en un momento en que el país necesita mantener un suministro estable tanto para la población como para el ejército.

Rusia compra combustible

El gobierno ruso ha intentado contener la situación. Moscú ha restringido las exportaciones de gasolina, ha recurrido a las reservas y ha buscado combustible en el exterior. Rusia, tradicionalmente uno de los grandes exportadores mundiales de productos petrolíferos, se ha visto obligada incluso a recurrir a importaciones para compensar los problemas internos.

Este es, de momento, uno de los grandes límites de la estrategia ucraniana: conseguir que los problemas económicos y energéticos se traduzcan en presión social sobre el Kremlin. Los ataques pueden provocar colas, encarecer el combustible y obligar a Rusia a buscar alternativas, pero no han provocado, al menos por ahora, una desmoralización generalizada entre la población.

En Moscú, la guerra se hace presente de una manera poco espectacular, pero difícil de ignorar: veinte minutos de cola para llenar el depósito, gasolineras con restricciones y una pregunta cada vez más incómoda para Rusia: ¿hasta qué punto puede aguantar la presión sobre su sistema energético?