Así ha reforzado Putin el poder de Kim Jong-un

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha vuelto a llamar a la puerta de Kim Jong-un. Pero esta vez el líder norcoreano no tiene la misma necesidad de abrirla. La alianza con Rusia ha dado a Pyongyang dinero, tecnología militar y experiencia directa en el campo de batalla, tres activos que han reducido la presión que durante años empujó al régimen a buscar un alivio de las sanciones internacionales.

El gesto de Trump es significativo. El presidente estadounidense ha ordenado reducir "sustancialmente" las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur, las Ulchi Freedom Shield, que han comenzado esta semana. Trump ha justificado la decisión argumentando que Kim ha sido "respetuoso" con él y que los ejercicios transmiten un mensaje inadecuado a Pyongyang. La medida recuerda la suspensión de unas maniobras similares que Trump ordenó después de su primera cumbre con Kim, en 2018. Para Corea del Norte, estas maniobras son desde hace décadas una prueba general de una eventual invasión. Pero la concesión de Washington puede llegar en un momento en que Kim ya no necesita obtener mucho más.

Esta es la lectura de Victor Cha, titular de la Cátedra Corea del Center for Strategic and International Studies (CSIS). En un análisis reciente, Cha señala que la diferencia respecto al primer mandato de Trump es que Corea del Norte llega ahora a cualquier eventual negociación desde una posición de más fuerza. En declaraciones a EFE, Cha advertía que Pyongyang podría esperar hasta después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre para intentar obtener mejores condiciones.

La relación entre Rusia y Corea del Norte

La razón es Moscú. Desde la profundización de la alianza entre Rusia y Corea del Norte, Pyongyang ha enviado soldados y armamento para apoyar el esfuerzo bélico ruso contra Ucrania. Los servicios de inteligencia surcoreanos calculan que unos 15.000 soldados norcoreanos han sido desplegados en Rusia desde finales de 2024.

A cambio, el régimen de Kim ha obtenido divisas, bienes y tecnología militar. Un estudio publicado en marzo por el Instituto de Estrategia de Seguridad Nacional de Corea del Sur estimaba que Corea del Norte habría ingresado entre 7.670 y 14.400 millones de dólares de Rusia por el envío de tropas y material militar entre agosto de 2023 y diciembre de 2025.

El impacto también se nota en la economía. El Banco de Corea calcula que la economía norcoreana creció un 3,5% en 2025, después del 3,7% de 2024. Es la tercera expansión anual consecutiva por encima del 3% y una de las mejores etapas de crecimiento del país en la última década.

Más allá de la economía

"Probablemente ha tenido un gran impacto en el impulso de la economía norcoreana", explicaba a EFE Gabriela Bernal, experta del Centro Europeo para los Estudios de Corea del Norte. Según Bernal, los ingresos procedentes de Rusia pueden haber servido no solo para reforzar el sector militar, sino también otras áreas prioritarias para Kim.

El beneficio, sin embargo, no es solo económico. Los soldados norcoreanos han adquirido experiencia en una guerra marcada por los drones y la guerra electrónica. Jeong Eun-lee, investigadora del Instituto Coreano para la Unificación Nacional (KINU), explicaba a EFE que participar directamente en un conflicto permite a Pyongyang comprobar sobre el terreno tanto las capacidades de sus soldados como las de las armas que fabrica.

Esta experiencia puede tener consecuencias durante años. Rusia necesita efectivos y munición; Corea del Norte necesita dinero, tecnología y conocimiento militar. La guerra de Ucrania ha creado, así, una relación de interdependencia que refuerza dos regímenes sometidos al aislamiento internacional.

La paradoja para Trump es clara: quiere reanudar un diálogo con Kim, pero la alianza con Rusia ha hecho que Kim tenga menos motivos para negociar y más cosas que exigir. La Corea del Norte que Trump intentó convencer en 2018 no es la misma que hoy se sienta enfrente. Y Pyongyang lo sabe.