El rey Carlos III del Reino Unido viaja este lunes a Estados Unidos, un viaje para conmemorar el 250 aniversario de la independencia estadounidense, que es del todo incómodo por el contexto actual de las relaciones entre los dos países, que atraviesan el peor momento de las últimas décadas. El rey, que estará acompañado de la reina Camila, tendrá que hacer equilibrios diplomáticos después de meses de tensiones entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer, y a raíz de la reciente filtración de un correo electrónico en el que Washington se plantea retirar su apoyo al Reino Unido en la disputa con Argentina por las islas Malvinas, de la misma manera que también sugería suspender a España de la OTAN. La negativa británica de sumarse a la guerra contra Irán y apoyar a su tradicional aliado estadounidense ha tensionado unas relaciones que acumulan enfrentamientos dialécticos y discrepancias abiertas. El viernes pasado, sin embargo, el Pentágono reabrió una vieja herida cuando se reveló que Estados Unidos podría reconsiderar su postura sobre la soberanía de las islas Malvinas, de titularidad británica pero reclamadas históricamente por Argentina, que en Londres se interpreta como una represalia por la negativa de Starmer a “dejarse arrastrar a una guerra” —como dijo el propio primer ministro— y también por la buena relación política y personal que existe entre el presidente argentino Javier Milei y Donald Trump.
La Argentina quiere reabrir el debate
La guerra de las Malvinas (conocida en el Reino Unido como Falklands), que se remonta a 1982, se extendió durante 74 días y finalizó el 14 de junio con la rendición argentina, que había invadido las islas y provocó la respuesta militar británica: el enfrentamiento causó 649 militares argentinos y 255 británicos muertos, además de tres víctimas civiles. El éxito militar de la victoria británica transformó la percepción del gobierno de Margaret Thatcher y reforzó la figura de la primera ministra. La rápida respuesta militar de la Royal Navy fue un motivo de orgullo y de reafirmación militar, pero la memoria de la guerra está mucho más viva en Argentina que en el Reino Unido, y a raíz de tener a favor de la administración Trump, Milei ha visto la posibilidad de reabrir el debate diplomático sobre la soberanía de las islas. Para Buenos Aires, la disputa no es un tema cerrado, sino una “causa nacional”, y Milei aseguró que su gobierno está “haciendo avances como no se habían hecho nunca” en relación con la reclamación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas -que territorialmente se encuentran a menos de 500 kilómetros de distancia-, a pesar de que reconoció: “No depende solo de nosotros”.
El derecho de autodeterminación de las Falkands
Para Londres, no hay debate. “No podríamos ser más claros sobre la posición del Reino Unido respecto a las islas. Es una posición de largo recorrido y no ha cambiado”, afirmó un portavoz del primer ministro británico. “El derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial, y la soberanía recae en el Reino Unido. Esta ha sido nuestra posición constante y lo seguirá siendo”, añadió el portavoz, que también subrayó que Londres ha transmitido esta postura “de manera clara y coherente a las sucesivas administraciones norteamericanas”. Cabe recordar que en el 2013 el gobierno de las islas organizó una consulta para que los habitantes se pronunciaran sobre su estatus político, y el 99,8% de los votantes (con una participación del 92%) votó a favor de mantenerse como territorio británico de ultramar.
Una gira organizada antes de la guerra
La gira de cuatro días de Carlos III, organizada por el gobierno británico con mucha antelación y mucho antes de que estallara la guerra, incluye actos destacados como un discurso ante el Congreso de Estados Unidos, lo que representa la primera intervención de un rey británico en esta sede desde 1991, cuando lo hizo su madre, la reina Isabel II. Es una visita en la que hay “mucho en juego, muchos riesgos y muchas oportunidades”, dijo una fuente de palacio a la emisora pública BBC, todo reconociendo el momento complicado en que se produce. A pesar de los esfuerzos oficiales para centrar la agenda en los vínculos históricos y la cooperación, el contexto está marcado por diversos factores como la tensión sostenida entre Trump y Starmer y el malestar social interno en el Reino Unido, donde, según algunas encuestas, casi la mitad de la población cuestionaba la oportunidad de hacer el viaje en estas circunstancias. La gira incluye una recepción privada entre Trump y la primera dama, Melania, con los monarcas, una ceremonia de bienvenida con honores militares, reuniones privadas entre el rey y el presidente, esto, como sus esposas, una cena de Estado en la Casa Blanca, la intervención de Carlos III en el Congreso, una visita a Nueva York para rendir homenaje a las víctimas del 11S y otras actividades culturales y solidarias.
Amenaza de un “gran arancel”
Las tensiones entre Trump y el Reino Unido no se limitan a un único desacuerdo, sino que responden a un conjunto amplio de diferencias. El viernes, en una entrevista, el presidente explicó que quiere abordar con el rey Carlos III —a pesar del papel no político del monarca— la tasa digital del 2 % que Londres aplica a las grandes tecnológicas. En este sentido, advirtió que podría responder con “un gran arancel” si el gobierno británico no elimina este impuesto, que ha aportado unos 800 millones de libras (cerca de 920 millones de euros) al tesoro británico durante el período 2024-2025, en línea con su estrategia habitual de presión comercial.
Además, esta semana Trump también ha puesto sobre la mesa otros dos puntos de fricción: la política migratoria británica, que considera excesivamente permisiva —ha llegado a decir que “Londres ya no se puede reconocer”—, y la decisión del gobierno de suspender nuevas prospecciones petroleras en el mar del Norte. Aunque se trata de decisiones de política interna del Reino Unido, Trump las interpreta desde una óptica ideológica, ya que el control de la inmigración y el rechazo a las políticas climáticas son ejes centrales de su proyecto político.