El presidente ruso, Vladímir Putin, cumplió 74 años este pasado 7 de octubre, una fecha que este año "ha coincidido" con una nueva oleada de bombardeos rusos contra Ucrania. Los ataques causaron víctimas civiles, incluidos niños, según los primeros balances publicados por la agencia Associated Press. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció la ofensiva y convirtió la coincidencia en una acusación política: los bombardeos eran, irónicamente, el "regalo de cumpleaños" de Putin. La imagen resume el contraste entre las felicitaciones que recibe el mandatario ruso y el coste humano de la guerra iniciada con la invasión a gran escala de febrero de 2022.
Los presentes que recibe Putin de sus aliados, sin embargo, también pueden ser mucho más convencionales. Por su 70.º cumpleaños, en 2022, el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, le regaló un tractor, mientras que el presidente tayiko, Emomali Rahmon, le hizo llegar melones y sandías. Reuters recogió aquellas muestras de deferencia, que acompañaron las felicitaciones de dirigentes de varios países. Más allá de la anécdota, estos gestos forman parte de la representación pública de un líder al cual sus aliados exhiben lealtad y respeto.
74 years old, and Putin’s birthday present to himself is another night of death and destruction in Ukraine. Some people celebrate with cake. He celebrates with missiles. May this be his last birthday in power. https://t.co/bfbIktgY3c
— Dᥱᥒᥒყ Lᥱᥒsᥱᥣιᥒk (@dennylenselink) October 7, 2026
El culto a la figura presidencial también se manifiesta en el lenguaje. Con ocasión del mismo aniversario, el patriarca Kirill, jefe de la Iglesia ortodoxa rusa, pidió a los fieles que rezaran para que Putin tuviera salud y longevidad. Varios medios internacionales destacaron el tono reverencial de algunas felicitaciones, en un país donde el presidente ha concentrado progresivamente el poder y ha restringido el espacio para la oposición.
Anna Politkóvskaia, asesinada hace 20 años
La fecha también recuerda una muerte que sigue proyectando sombras sobre el Kremlin. El 7 de octubre de 2006, la periodista Anna Politkóvskaia fue asesinada a tiros en Moscú. Desde el diario independiente Nóvaia Gazeta, había documentado abusos de las fuerzas rusas en Chechenia y denunciado vulneraciones de los derechos humanos. Seis personas han sido condenadas por su implicación en el crimen, pero no se ha establecido judicialmente quién lo ordenó. Veinte años después, el caso sigue siendo un símbolo de la impunidad que rodea algunos de los crímenes contra voces críticas con el poder ruso.
La prensa independiente relaciona el asesinato de Politkóvskaia directamente con el presidente ruso y también con el hecho de que coincidiera con el aniversario de Putin. No es la primera vez que asesinatos, bombardeos y muertes naturales de dudosa fiabilidad coinciden con fechas "especiales". Sin ir más lejos, el inicio de la invasión a gran escala en Ucrania, coincidió con el hecho de que Rusia celebra el Día de los Defensores de la Patria, heredero de la conmemoración del Ejército Rojo soviético.
Politkóvskaia no es la única figura que ha muerto en circunstancias controvertidas durante el mandato de Putin. Aleksandr Litvinenko, antiguo agente de los servicios secretos rusos, murió en Londres en 2006 tras ser envenenado con polonio-210. Una investigación pública británica concluyó que la operación había sido probablemente aprobada por Putin, una acusación que el Kremlin ha rechazado. En 2015, el opositor Boris Nemtsov fue asesinado cerca del Kremlin. En 2024, Aleksei Navalni, el principal adversario político del presidente, murió en una colonia penal del Ártico. Por no hablar de los críticos con la guerra de Ucrania que han caído por las escaleras o ventanas de hospitales. Las circunstancias de cada caso son diferentes, pero todos han alimentado las preguntas sobre la represión y la rendición de cuentas en Rusia.
Putin: ¿más cerca de Stalin?
Mientras tanto, Putin se acerca a otro récord. Llegó al poder a finales de 1999 y, aunque entre 2008 y 2012 fue primer ministro, continuó siendo la figura central del sistema político ruso. Si se mantiene en el cargo, en julio de 2030 superará a Stalin en tiempo al frente de Rusia, según el cómputo habitual de los períodos de liderazgo. Las reformas constitucionales también le permiten, en teoría, continuar aspirando a la presidencia hasta 2036.
Los regalos de los aliados, los bombardeos en Ucrania y las preguntas aún abiertas sobre la muerte de periodistas y opositores dibujan tres caras del mismo período político. Putin acumula más de un cuarto de siglo en el poder y aspira a superar el récord de Stalin. La cuestión no es solo cuánto tiempo continuará gobernando, sino qué legado dejará. Un sistema marcado por la concentración de poder, la guerra y las restricciones a la disidencia.
