La reunión de este miércoles en Pekín entre el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, y su homólogo chino no es un gesto diplomático más. Se produce en un momento delicado, con el conflicto entre Irán y Estados Unidos todavía abierto y con una economía global pendiente de cualquier movimiento en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos clave del comercio energético mundial.
Se trata del primer encuentro presencial entre los máximos responsables diplomáticos de ambos países desde el inicio de la guerra, y forma parte de una gira más amplia de Araghchi para reforzar apoyos internacionales. El objetivo de Teherán es claro: ganar aliados y explorar vías para reducir la tensión con Washington.
China, a pesar de mantener un perfil público discreto, se ha convertido en un actor imprescindible en este escenario. Es el principal importador de petróleo iraní y, por lo tanto, una fuente clave de ingresos para Teherán en medio de severas sanciones económicas. Al mismo tiempo, Pekín ha intentado ejercer como mediador entre las partes, una tarea compleja, pero que le permite reforzar su influencia global.
China, ¿actor clave?
Desde Estados Unidos, la presión sobre China se ha intensificado en los últimos días. Washington quiere que Pekín utilice su peso para convencer a Irán de reabrir completamente el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, una arteria por donde pasa una parte significativa del petróleo mundial. Cualquier interrupción tiene un impacto directo en los precios y en la inflación global.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha instado abiertamente a China a implicarse más activamente en la resolución del conflicto, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, ha acusado a Irán de “poner en riesgo la economía global”. Las declaraciones reflejan la creciente frustración de Washington ante una situación que considera insostenible.
En paralelo, Estados Unidos ha aumentado la presión económica sobre la propia China, especialmente sobre las refinerías independientes que compran petróleo iraní a pesar de las sanciones. Pekín, sin embargo, ha reaccionado ordenando a estas empresas que no cumplan las restricciones estadounidenses, evidenciando así el choque de intereses entre las dos grandes potencias.
Cooperación entre Irán y China
Después de la reunión, Araghchi aseguró que la cooperación entre Irán y China será “más fuerte que nunca” y calificó a Pekín de “amigo sincero”. Más allá de la retórica, las palabras apuntan a una alianza que se consolida en un momento de reconfiguración del orden internacional.
Todo esto ocurre pocos días antes de otra cita clave: la visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a China, prevista para el 14 y 15 de mayo. El encuentro con el presidente Xi Jinping podría marcar un punto de inflexión en las relaciones entre Washington y Pekín, pero también en la gestión del conflicto con Irán.
En este tablero global, cada movimiento cuenta. Y la pregunta que planea es si la diplomacia será capaz de desescalar una crisis que, de momento, mantiene el mundo en tensión.