El presidente ruso, Vladímir Putin, escenificó este miércoles un toque de atención contundente a los principales responsables económicos de su gobierno tras constatarse una contracción del 1,8% de la economía en los dos primeros meses del año. En una reunión con altos cargos, el mandatario exigió explicaciones detalladas y nuevas medidas urgentes para revertir una situación que evidencia la pérdida de impulso de la actividad económica rusa.

La reprimenda llega en un contexto de clara desaceleración. Después de un crecimiento notable del 4,9% en 2024, la economía rusa se ha moderado hasta situarse alrededor del 1% en 2025. Este freno se explica, en gran parte, por la política monetaria restrictiva impulsada por el banco central, así como por el impacto continuado de las sanciones occidentales, especialmente sobre los ingresos derivados de las exportaciones de petróleo.

Putin molesto con su gobierno

Durante el encuentro, Putin dejó claro que no aceptaba justificaciones superficiales. Rechazó que la contracción se pueda atribuir únicamente a factores estacionales o de calendario, y advirtió que los indicadores macroeconómicos no solo no cumplen las expectativas, sino que incluso se encuentran por debajo de las previsiones del propio gobierno. “Espero informes detallados sobre el estado actual de la economía”, afirmó, evidenciando su malestar.

Entre los asistentes a la reunión había figuras clave como el asesor económico Maxim Oreshkin, la gobernadora del banco central, Elvira Nabiullina, y el ministro de Finanzas, Anton Siluanov. Todos ellos fueron instados a presentar propuestas concretas para estimular el crecimiento, fomentar la iniciativa empresarial y reorientar la mano de obra cualificada hacia sectores con más potencial.

A pesar del panorama actual, algunos indicadores ofrecen un respiro moderado. El reciente aumento de los precios del petróleo, impulsado por la crisis en Orient Mitjà, ha llevado al Fons Monetari Internacional a revisar ligeramente al alza sus previsiones de crecimiento para Rússia en 2026, situándolas en el 1,1%. Sin embargo, la mejora es limitada y no compensa las debilidades estructurales que afronta la economía del país.

Por su parte, el gobierno ruso mantiene oficialmente una previsión de crecimiento del 1,3% para este año. No obstante, ya ha advertido que esta cifra podría ser revisada a la baja a finales de mes si se confirma el pobre rendimiento registrado a inicios de año. Esta posibilidad refuerza la percepción de incertidumbre y la necesidad de un cambio de rumbo en la política económica.

Putin también adelantó que el ejecutivo está trabajando en un paquete de medidas destinado a reducir la dependencia del presupuesto estatal de los ingresos provenientes de los volátiles mercados de materias primas. Sin embargo, no detalló su contenido, hecho que genera dudas sobre el alcance real de las reformas. La presión del Kremlin sobre sus responsables económicos refleja la preocupación creciente por la falta de dinamismo y la necesidad de evitar un estancamiento prolongado en un contexto internacional adverso.