Rusia no parece dispuesta a poner fin a la guerra de Ucrania a corto plazo y estaría preparando una nueva campaña de presión sobre el país de cara al invierno. Esta es la principal conclusión del Institute for the Study of War (ISW), un think tank con sede en Washington, que alerta de que el Kremlin está reorientando parte de su capacidad industrial hacia la producción de misiles balísticos con el objetivo de desgastar la resistencia ucraniana.
Según el análisis del ISW, el presidente ruso, Vladímir Putin, mantendrá la presión militar mientras considere que todavía tiene opciones de alcanzar sus objetivos por la vía de las armas. El centro de análisis sostiene que el Kremlin no tendrá incentivos para entrar en negociaciones serias o aceptar concesiones significativas si interpreta que puede mejorar su posición en el campo de batalla.
Rusia se reorganiza
La previsión apunta especialmente al invierno, una etapa que Rusia ya ha utilizado en fases anteriores de la guerra para atacar infraestructuras energéticas y complicar la vida cotidiana de la población ucraniana. El objetivo de una nueva campaña de ataques contra la infraestructura crítica sería aumentar la presión sobre Kyiv, especialmente cuando las bajas temperaturas incrementan la dependencia de la población de la red eléctrica y de los sistemas de calefacción.
El elemento que el ISW considera más relevante es el cambio en las prioridades de producción militar rusa. La reorientación hacia los misiles balísticos podría permitir a Moscú sostener o intensificar los ataques de largo alcance contra ciudades e infraestructuras ucranianas durante los próximos meses. La capacidad de producir y reponer este tipo de armas es, por lo tanto, un factor importante para determinar la intensidad de la campaña.
El análisis llega, sin embargo, en paralelo a nuevos movimientos diplomáticos. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha asegurado que Kyiv ya ha trasladado a los negociadores de Estados Unidos sus propuestas para un posible plan destinado a poner fin a la guerra. Zelenski ha reclamado a Washington que contribuya a reforzar la defensa ucraniana, especialmente la capacidad antiaérea, y que incremente la presión sobre Rusia para que opte por preparar el final del conflicto en lugar de prolongarlo.
¿Cuál es la estrategia de Putin?
Esta combinación de presión militar e iniciativa diplomática resume el momento actual de la guerra. Ucrania intenta mantener su capacidad de defensa y, al mismo tiempo, abrir una vía política, mientras Moscú busca conservar la ventaja militar necesaria para negociar desde una posición de fuerza.
La advertencia del ISW no implica, sin embargo, que una nueva ofensiva rusa contra la infraestructura ucraniana sea inevitable ni permite determinar por sí sola la evolución de la guerra. El valor del análisis radica sobre todo en identificar una posible estrategia del Kremlin: utilizar los meses de invierno y la vulnerabilidad energética de Ucrania como una herramienta de desgaste.
Para Kyiv, el reto será doble. Deberá proteger las ciudades y la infraestructura energética ante una posible intensificación de los ataques y, al mismo tiempo, demostrar que estos ataques no son suficientes para romper su capacidad de resistencia. La defensa antiaérea, en este escenario, se convierte tanto en una necesidad militar como en una pieza central de la batalla política para llegar a una eventual negociación.
