Mongolia es uno de esos países que, a pesar de ocupar un espacio enorme en el mapa, pasan bastante desapercibidos. Tiene poco más de tres millones de habitantes y es el país soberano menos densamente poblado del mundo. Pero, sobre todo, tiene una particularidad que condiciona buena parte de su política: solo tiene dos vecinos. Al norte, Rusia. Al sur, China.
¿Tensión con China?
La relación con Pekín ha vuelto a estar estos días en el punto de mira. Según ha explicado el South China Morning Post, China expresó preocupación por la seguridad después de unas protestas de mongoles en un campo petrolero. Las autoridades de Mongolia se acabaron disculpando ante Pekín y aseguraron que reforzarían la protección del personal chino. El incidente puede parecer menor, pero ayuda a entender hasta qué punto es delicada la relación entre los dos países. Mongolia necesita a China. Y mucho.
El país tiene importantes reservas de carbón y cobre, pero no tiene salida al mar. Para exportarlos, depende en gran parte de sus fronteras y de los mercados vecinos. Según el Banco Mundial, más del 90% de las exportaciones mongolas de carbón y cobre tienen a China como destino.
Los datos comerciales recientes lo confirman. Reuters explicaba en mayo que las exportaciones de carbón mongol a China habían aumentado un 61% en abril respecto al año anterior, hasta superar los 11 millones de toneladas. Mongolia se convirtió así en el principal proveedor de carbón de China ese mes, por delante de Indonesia.
La dependencia tiene una cara positiva: China es un mercado enorme para los recursos mongoles y el comercio con el país vecino es una fuente importante de ingresos. Pero también tiene un riesgo evidente. Cuando buena parte de tu economía depende de un solo comprador, el margen de maniobra se reduce.
Mongolia y la política de los "terceros vecinos"
Mongolia lleva años intentando compensar esta situación. Su política exterior se basa, en parte, en la llamada estrategia de los "terceros vecinos": reforzar las relaciones con países como Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y los estados europeos para no quedar limitada a los dos países que la rodean.
La historia ayuda a entender esta necesidad de equilibrio. Durante buena parte del siglo XX, Mongolia estuvo estrechamente vinculada a la Unión Soviética. Tras la caída del bloque soviético, Ulan Bator empezó a buscar una política exterior más abierta. Pero la geografía no ha cambiado. Rusia sigue siendo su vecino del norte y China, el principal socio comercial. De hecho, cabe recordar que el presidente ruso, Vladímir Putin, visitó Mongolia en 2024. Era la primera visita en un Estado miembro de la Corte Penal Internacional, después de que en marzo de 2023 se emitiera una orden de detención al líder ruso. Por lo tanto, los ojos estaban puestos sobre el país asiático para ver si se le detenía o no. No pasó, se le recibió con honores.
El equilibrio entre Pekín y la búsqueda de nuevos horizontes
Vivir entre dos aguas no es fácil. Esta situación se hace especialmente evidente cuando se habla de minería. El carbón y el cobre son dos de los grandes pilares de la economía mongola. Una de las infraestructuras más importantes es Oyu Tolgoi, una enorme mina de cobre situada en el sur del país, muy cerca de la frontera china.
La cuestión es que la dependencia no funciona solo en una dirección. La China también necesita los recursos de sus vecinos. Las importaciones de carbón mongol han crecido con fuerza en los últimos años, mientras que Pekín busca garantizar el suministro de materias primas para su industria.
Para Mongolia, sin embargo, encontrar el equilibrio no es sencillo. Necesita mantener una buena relación con China para vender sus recursos, pero al mismo tiempo quiere evitar que esta dependencia económica se convierta en una dependencia política. Con Rusia ocurre algo parecido, especialmente en ámbitos como la energía y el transporte.
Es en este punto donde incidentes como el de las protestas petroleras adquieren más importancia. No porque representen necesariamente una gran crisis diplomática, sino porque muestran hasta qué punto la relación de fuerzas es desigual. Mongolia no puede cambiar su geografía. Tampoco puede prescindir fácilmente de los dos países que tiene a ambos lados. Lo que intenta es ganar espacio para tomar sus propias decisiones.
Un país enorme, con una población pequeña y una gran riqueza mineral, intenta así mantenerse entre dos gigantes sin quedar bajo la sombra de ninguno de los dos. Es un equilibrio difícil. Y, para Mongolia, probablemente será una de las cuestiones decisivas de los próximos años.
