La guerra entre los Estados Unidos, Israel e Irán llega a su día 24 con la mirada del mundo fijada en un punto clave del mapa: el estrecho de Ormuz. Este paso estratégico, por donde circula una parte esencial del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una crisis que amenaza con escapar del control de las grandes potencias.

La cuenta atrás marcada por el presidente estadounidense, Donald Trump, se acerca a su límite. El mandatario ha dado 48 horas a Irán para reabrir el paso marítimo, advirtiendo que, si no lo hace, Estados Unidos atacará infraestructuras energéticas clave del país. Teherán no ha tardado en responder: si Washington cumple su amenaza, cerrará definitivamente el estrecho y ampliará los ataques a infraestructuras de la región.

Las consecuencias inmediatas

Esta escalada verbal y militar ya tiene consecuencias inmediatas. Los mercados asiáticos han abierto la semana a la baja, mientras el precio del petróleo continúa disparado. El barril de Brent ha superado los 114 dólares, alimentando el temor a una nueva ola inflacionaria global que podría afectar tanto a economías desarrolladas como emergentes.

Mientras tanto, el coste humano del conflicto no deja de crecer. El número de muertos en Irán y en Líbano ya se cuenta por miles, mientras en diversas ciudades del mundo se han celebrado protestas contra la guerra durante el fin de semana. La preocupación internacional aumenta a medida que el conflicto se alarga y se intensifica.

Continúa la violencia de la guerra

Sobre el terreno, la violencia continúa en múltiples frentes. En Cisjordania, cinco colonos israelíes han sido detenidos después de dos noches consecutivas de ataques contra población palestina. Imágenes difundidas en las redes muestran vehículos y edificios incendiados, con al menos una decena de heridos, según la Media Luna Roja Palestina. La tensión en este territorio ocupado se ha disparado desde el inicio de la guerra con Irán.

Israel también ha sufrido nuevos ataques con misiles iraníes. Varias decenas de personas han resultado heridas en el sur del país y en Tel-Aviv. Uno de los ataques más graves ha tenido lugar en la ciudad de Arad, donde al menos 84 personas han sido heridas. Sin embargo, el ejército israelí asegura haber interceptado el 92% de los misiles balísticos lanzados por Irán.

Al norte, en Líbano, el gobierno ha condenado los bombardeos israelíes sobre infraestructuras en el sur del país, advirtiendo que podrían ser el preludio de una invasión terrestre. Paralelamente, Israel ha anunciado que intensificará la destrucción de viviendas en la zona fronteriza.

Los países del Golfo también continúan bajo presión. Durante la madrugada del lunes, diversas defensas antiaéreas han interceptado drones y misiles iraníes después de más de tres semanas de ataques constantes. En Abu Dhabi, una persona ha resultado herida por la caída de restos de intercepciones.

Con todos estos frentes abiertos, la comunidad internacional observa con inquietud las próximas horas. La decisión sobre el estrecho de Ormuz puede marcar un punto de inflexión: o bien una desescalada, o bien un conflicto aún más amplio con consecuencias globales imprevisibles.