En una época en que los trenes compiten por llegar cada vez más rápido a destino, Polonia ha puesto en circulación uno que parece querer hacer justo lo contrario. Se llama "Nieśpieszny", que se podría traducir como "el que no tiene prisa", y recorre el país con locomotoras históricas y vagones que conservan el aspecto y parte del equipamiento de los años ochenta. El viaje no solo lleva a los pasajeros de una ciudad a otra: durante unas horas, les invita a volver a una Polonia que ya no existe.
El proyecto de PKP Intercity, creado este 2026 con motivo del centenario de los ferrocarriles polacos y del 25 aniversario de la compañía, recupera deliberadamente la atmósfera de los antiguos viajes ferroviarios. Los vagones mantienen el interior de la época y las rutas están pensadas para que el trayecto forme parte de la experiencia. Según explica la compañía, la idea es precisamente viajar sin prisa y recuperar el placer del camino.
Las rutas y particularidades del tren sin prisa
El "Nieśpieszny" no tiene una única ruta. Durante la temporada recorre diferentes rincones de Polonia, con trayectos especiales que conectan Varsovia con destinos como Zakopane, en las montañas, y otros puntos de la costa báltica y del sur del país. Cada trayecto tiene, además, su propio nombre. El tren, por lo tanto, no solo recupera una manera de viajar: también recupera una manera de descubrir Polonia. Además, en el vagón restaurante hay platos tradicionales como el schabowy, el popular bistec de cerdo empanado, acompañado habitualmente de patatas y col, así como bebidas que buscan recuperar los sabores de los antiguos viajes.
Un viaje al pasado
La Polonia de los años ochenta era una sociedad muy diferente de la actual. El país vivía bajo el régimen comunista, con una economía planificada, escasez de determinados productos y fuertes restricciones políticas. Los viajes en tren formaban parte de la vida cotidiana de millones de personas: compartimentos, ventanas abiertas, largas horas sobre las vías y vagones restaurante que hoy forman parte de la memoria de una generación.
Para algunos de los pasajeros del "Nieśpieszny", recuperar aquella atmósfera es volver a la infancia o a las vacaciones familiares, o sencillamente, otras épocas. Para otros, en cambio, aquel mismo paisaje evoca colas, carencias y un sistema político del cual Polonia quiso desprenderse con fuerza después de la caída del comunismo.
Esta diferencia es importante. Nostalgia no quiere decir necesariamente nostalgia del régimen, ni mucho menos. La nostalgia por el pasado socialista existe, pero no parece representar a la mayoría. En una encuesta de CBOS, el 65% de los polacos prefería la vida en la Polonia actual frente al 26% que escogía volver a las condiciones de vida de los últimos años del régimen socialista. El dato es antiguo; de hecho, tiene 26 años. Tan antiguo como el hecho de que seguramente ahora las respuestas serían otras. Sin ir más lejos, en septiembre de 2025, después de que drones rusos violaran el espacio aéreo polaco, el 63% de los polacos consideraba que la independencia del país estaba amenazada. Es la cifra más alta que ha registrado el CBOS en esta pregunta desde que empezó a hacerla en 1991. Un 26% consideraba que no existía esta amenaza y un 11% no se posicionaba.
A pesar de ser un dato antiguo, y seguramente a estas alturas distorsionado, ayuda a entender una distinción importante: echar de menos determinados aspectos de la vida cotidiana del pasado no equivale necesariamente a querer recuperar el sistema político. Se puede echar de menos un olor, una canción, un plato o un viaje familiar sin querer recuperar una sociedad marcada por la represión política, la censura y la falta de libertades. El tren juega precisamente con esta frontera: permite un viatge efímero al pasado.
La misma propuesta comercial lo deja claro. El "Nieśpieszny" también recrea parte de la estética y la gastronomía asociadas a los antiguos viajes. Incluso la marca del proyecto juega con este imaginario retro. PKP Intercity ha convertido así la memoria ferroviaria en un producto turístico.
Polonia, en cambio constante desde la entrada en la UE
Polonia es hoy uno de los países que más ha cambiado de Europa central y oriental desde 1989. La entrada en la Unión Europea, el crecimiento económico y la transformación de las ciudades han creado una sociedad muy alejada de la que recuerdan los pasajeros mayores. Pero el pasado no desaparece porque cambie el país.
De hecho, el "Nieśpieszny" también ofrece una puerta de entrada a las generaciones más jóvenes. Para quien nació después del comunismo, subir a un vagón de los años ochenta puede ser una manera de tocar un pasado que hasta ahora solo conocía a través de los padres, los abuelos, los libros o las fotografías.
El tren, además, tiene una virtud que cuesta encontrar en el turismo contemporáneo: obliga a esperar. Los trayectos están pensados para que el tiempo de desplazamiento deje de ser un obstáculo y se convierta en parte de la experiencia. Cabe mencionar, pues, que los trayectos con este tren duran mucho más que en una ruta convencional.