Con los colegios ya cerrados después de tres días de farsa electoral, Rusia Unida (RU), el partido que sustenta el poder de Vladímir Putin, se perfila nuevamente como vencedor de las elecciones legislativas rusas, celebradas en un sistema político completamente controlado por el Kremlin y sin ninguna competencia real en las urnas. Buena parte de los candidatos contrarios a la guerra han sido apartados de la carrera electoral, mientras que las principales formaciones autorizadas comparten las líneas fundamentales de la política del Kremlin. En este escenario, el resultado deja poco margen para la sorpresa: la formación oficialista, con Putin al frente de la campaña, obtendría más de la mitad de los sufragios, con un 57,54% de los votos, según los primeros resultados oficiales publicados, unas cifras que apuntan a la continuidad del dominio político de Rusia Unida en la Duma.
El Partido Comunista se situó como la segunda fuerza más votada, muy lejos de Rusia Unida, con un 13,67% de los sufragios. Por detrás aparecen los ultranacionalistas del Partido Liberal Democrático, que habrían logrado un 9,27%, y Nova Gent, con un 7,96%. Rusia Justa completa el arco parlamentario con un 5,16% de los votos, justo por encima del umbral necesario para obtener representación. En conjunto, los resultados dibujan a una Duma dominada nuevamente por el partido del Kremlin y con el resto de formaciones a una distancia considerable.
En los comicios ha participado más del 56 por ciento del censo, por encima del nivel de participación en las parlamentarias de 2021 y 2016, cuando fue del 51,72 por ciento y 47,88 por ciento, respectivamente. Más de la mitad de la participación —cerca del 30%— tuvo lugar el viernes, lo que los analistas relacionan con el recurso administrativo del Kremlin, que movilizó a su granero electoral el primer día. La oposición, sin embargo, ha denunciado que las irregularidades se han cometido de forma masiva y en numerosos colegios electorales.
Nada más conocerse los primeros resultados, el líder de RU, Dmitri Medvedev, ha asegurado que "los ciudadanos de nuestro país mantienen la confianza en la principal fuerza política". Mientras, el ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, se mostró convencido de que el rumbo diplomático del país no cambiará tras los primeros comicios legislativos de la guerra.
Yábloko, la única formación rusa que se presentaba abiertamente como pacifista y que ha quedado excluida de las listas, ha denunciado el pucherazo en el proceso electoral y ha puesto especialmente el foco en el voto telemático. El partido sostiene que muchos ciudadanos no pudieron votar con papeleta y fueron obligados a hacerlo por vía electrónica, un sistema que la oposición considera un instrumento de fraude. Desde el exilio, los sectores opositores a la guerra habían pedido concentrar el voto en candidatos de Yábloko en las circunscripciones donde fuera posible y, en las listas, apoyar cualquier fuerza que pudiera restar escaños a RU. Además, tanto Yabloko como el Partido Comunista, que sí participa en los comicios, han presentado quejas ante la Comisión Electoral por las presiones que, según denuncian, han sufrido sus observadores durante los tres días de votación.
