Los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la OTAN se reúnen los días 7 y 8 de julio en Ankara en una cumbre decisiva para el futuro de la seguridad euroatlántica. El encuentro estará marcado por el debate sobre el incremento del gasto en defensa, pero también por las diferencias crecientes entre Estados Unidos y sus aliados europeos sobre el reparto de responsabilidades dentro de la Alianza.
La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, defiende que Europa asuma un peso mucho más importante en su propia defensa, un planteamiento que ha ido ganando fuerza durante los últimos meses y que coincide con un contexto internacional marcado por la guerra de Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y las tensiones con Rusia.
Aumento del gasto y el papel de Washington
Sobre la mesa estará el compromiso de aumentar progresivamente la inversión en defensa hasta el 5% del producto interior bruto antes de 2035, un objetivo que varios gobiernos europeos ya consideran difícil de alcanzar. Las limitaciones presupuestarias y el lento crecimiento económico han abierto el debate sobre la viabilidad de este compromiso, mientras algunos ejecutivos reclaman más flexibilidad para adaptar los plazos a su realidad financiera.
Más allá de las cifras, la cumbre también servirá para abordar el nuevo papel que Washington quiere reservarse dentro de la OTAN. Estados Unidos insiste en que Europa debe liderar la defensa convencional del continente, mientras su papel se centre principalmente en la disuasión nuclear y en el apoyo estratégico. Este planteamiento alimenta los interrogantes sobre el futuro despliegue de tropas estadounidenses en territorio europeo.
Durante las últimas semanas, la administración Trump ha dejado entrever que la presencia militar de Estados Unidos podría adaptarse en función del grado de compromiso de los aliados. Este escenario ha incrementado la preocupación entre varios gobiernos europeos, que temen que las decisiones sobre el despliegue militar acaben respondiendo tanto a criterios políticos como estratégicos.
La UE quiere más autonomía en defensa
En paralelo, la Unión Europea acelera sus planes para reforzar la autonomía en materia de defensa. Bruselas impulsa nuevas iniciativas para incrementar la producción conjunta de armamento y reducir la dependencia de proveedores externos en sectores considerados esenciales, como la defensa antiaérea, los sistemas antimisiles, los drones, la vigilancia, el espacio o la ciberseguridad.
Este refuerzo industrial también ocupará una parte destacada de las conversaciones entre los aliados. A pesar del aumento sostenido del gasto militar de los últimos años, las instituciones europeas admiten que la capacidad de producción todavía es insuficiente para cubrir las necesidades derivadas del nuevo escenario de seguridad.
La cumbre llega, además, en un momento en que varios países europeos revisan sus estrategias de defensa ante la incertidumbre sobre el compromiso futuro de Estados Unidos. Algunos gobiernos han empezado a explorar nuevas fórmulas de cooperación militar dentro de la misma Europa, mientras también gana peso el debate sobre el refuerzo de la disuasión nuclear en el continente.
Las conclusiones de la reunión de Ankara marcarán buena parte de la hoja de ruta de la OTAN para los próximos años. Con un equilibrio geopolítico cada vez más complejo, la Alianza afronta el reto de adaptarse a un nuevo contexto en que Europa reclama más capacidad de actuación sin renunciar al vínculo estratégico con Estados Unidos.
