En pleno choque diplomático con España por la crisis migratoria en Ceuta, el gobierno de Giorgia Meloni ha recibido este domingo un revés que choca con su discurso de mano dura contra la inmigración irregular. Según informa La Repubblica, el canciller alemán, Friedrich Merz, presionado por unas encuestas que reflejan el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD), ha decidido endurecer la política migratoria y reactivar las devoluciones hacia Italia de los solicitantes de asilo que, según el Reglamento de Dublín, deberían ser gestionados por el país por donde entraron en la Unión Europea. El primer retorno está previsto para el 19 de agosto y afectará a Abdirisaq Warsame, una mujer somalí que llegó a Alemania en marzo después de haber entrado inicialmente en el continente por Italia. Roma tiene poco margen para oponerse, ya que Berlín se ampara precisamente en las normas europeas vigentes.
Desde 2022, el gobierno de Meloni se había negado a aceptar estos llamados "casos de Dublín". La situación quedó parcialmente encarrilada en diciembre de 2025, cuando Roma y Berlín pactaron "hacer borrón y cuenta nueva" con los expedientes anteriores, pero Alemania quiere aplicar ahora la normativa a los casos que lleguen este año. Un portavoz del Ministerio del Interior alemán ha explicado a La Repubblica que "un sistema de Dublín que funcione es un requisito indispensable para el éxito de la Reforma Europea de Asilo (GEAS)", por lo que "Alemania espera que los traslados a Italia y Grecia se reanuden".
Todavía no está claro cuántas personas serán devueltas a Italia, pero la decisión de Berlín supone un nuevo revés para Roma en plena crisis por el relato migratorio con la Moncloa. El gobierno de Meloni había establecido controles fronterizos con España a raíz de la crisis de Ceuta con el argumento de "salvaguardar la seguridad nacional y prevenir posibles repercusiones para la nación". La respuesta de Pedro Sánchez ha sido, a su vez, "proporcional", con controles a los viajeros procedentes de Italia. Así, el país transalpino tiene ahora dos frentes de presión abiertos: España endurece la entrada desde Italia mientras Alemania reactiva los retornos de solicitantes de asilo.
El primer caso será, pues, el de la joven somalí de 22 años que vive actualmente en un centro de acogida en Baviera. El 25 de junio recibió una notificación del Ministerio del Interior alemán en la que se le comunicaba que el 19 de agosto sería trasladada al país transalpino y que la policía pasaría a recogerla. La joven había huido de su padre y de un matrimonio concertado, llegó a Alemania el 31 de marzo después de haber pasado por Italia y presentó su petición de asilo en territorio alemán, donde ya residen su madre, su hermano y otros familiares. El Ministerio del Interior, sin embargo, sostiene que "está bajo la jurisdicción de Italia" y que "no se cumplen las condiciones" para que su solicitud sea tramitada en Alemania.
Mal trago para Meloni
La decisión alemana difícilmente será bien recibida por Meloni, que ha convertido la lucha contra la inmigración irregular en una de las principales banderas de su mandato. De hecho, Italia ha liderado la defensa de trasladar solicitantes de asilo y migrantes a centros de retención fuera de la Unión Europea —como prevé el polémico acuerdo con Albania— y ha presionado a Bruselas para que avance en el nuevo reglamento de retornos. Aun así, en plena crisis diplomática con España, Sánchez ya intentó girar este discurso contra Roma con datos de Frontex sobre las entradas irregulares registradas entre 2021 y 2026, las cuales mostraban que Italia sumaba 478.600, más del doble que España, con 234.760.
