Las líneas blancas que dejan los aviones en el cielo podrían convertirse en una nueva herramienta para frenar el calentamiento global. Un estudio elaborado por Klima Consulting, surgido de un encargo de la organización ecologista Transport & Environment (T&E) calcula que evitar la formación de una parte de las estelas de condensación de los aviones podría retrasar aproximadamente diez años el calentamiento atribuible a la aviación.
El informe, firmado por el antiguo científico del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) Olivier Boucher, estima que si a partir de 2030 se redujera a la mitad el calentamiento provocado por estas estelas, la contribución de la aviación al aumento de la temperatura global llegaría a los 0,08 grados en 2050. Sin esta medida, según las proyecciones del estudio, este nivel se alcanzaría aproximadamente diez años antes.
¿Qué son estas líneas blancas?
Las estelas de condensación se forman cuando el vapor de agua expulsado por los motores de los aviones entra en contacto con zonas muy frías y con unas determinadas condiciones de humedad a gran altitud. El vapor se condensa y se congela, formando pequeños cristales de hielo que pueden quedar suspendidos en la atmósfera.
Algunas de estas estelas desaparecen rápidamente, pero en determinadas condiciones pueden persistir y transformarse en nubes. Estas nubes pueden retener parte del calor que emite la Tierra y contribuir así al calentamiento del planeta, según recogen los datos.
El fenómeno, sin embargo, no afecta a todos los vuelos de la misma manera. Según las investigaciones citadas por T&E, en 2019 solo un 3% de los vuelos fue responsable de aproximadamente el 80% del calentamiento asociado a las estelas. Los vuelos nocturnos y los realizados durante el invierno tienen una incidencia especialmente elevada.
Esto abre la puerta a una medida relativamente sencilla: modificar ligeramente la altitud, la ruta o el horario de algunos vuelos para que eviten las zonas de la atmósfera donde es más probable que se formen estelas persistentes.
Una medida limitada, pero con efectos
Según el estudio, reducir a la mitad el calentamiento causado por las estelas equivaldría a evitar anualmente entre 67 y 225 millones de toneladas de CO₂ equivalente. Esta cantidad representaría entre un 7% y un 23% de las emisiones mundiales de CO₂ de la aviación en 2025. Por ello, Diane Vitry, directora de Aviación de T&E, considera que actuar sobre las estelas es una de las opciones más accesibles para reducir rápidamente el impacto climático del sector.
La Unión Europea ya ha empezado a actuar en este ámbito. Desde 2025, la UE controla las emisiones de la aviación diferentes del CO₂ y la Comisión Europea ha propuesto que las aerolíneas que consigan evitar estelas puedan recibir derechos de emisión gratuitos. Además, este invierno está previsto un primer ensayo a gran escala sobre el Atlántico Norte para intentar reducir la formación de estas estelas. En la iniciativa participarán, entre otros, el gobierno británico y servicios de control del tráfico aéreo.
El estudio, sin embargo, advierte que evitar estelas no solucionaría por sí solo el impacto climático de la aviación. El beneficio desaparecería si las medidas dejaran de aplicarse y, sobre todo, no sustituiría la necesidad de reducir las emisiones de CO₂ de los aviones.