Durante años, la relación de Islandia con la Unión Europea ha parecido una cuestión aparcada. Este sábado, sin embargo, los islandeses vuelven a ponerla sobre la mesa. Los ciudadanos del país decidirán si quieren reanudar las negociaciones de adhesión con Bruselas, un paso que no implica entrar en la UE, pero que podría reabrir un debate que parecía enterrado desde hace más de una década.
La pregunta que encontrarán en las urnas es concreta: "¿Debe reanudar Islandia las negociaciones de adhesión con la Unión Europea?" Si gana el sí, comenzará un nuevo proceso negociador. Solo después de llegar a un eventual acuerdo los islandeses volverían a votar, esta vez para decidir si aceptan convertirse en miembros de pleno derecho. Según ha explicado la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, la consulta actual es una oportunidad para conocer las condiciones que Bruselas podría ofrecer antes de tomar la decisión definitiva.
La pesca: punto clave en las negociaciones
Islandia ya forma parte del Espacio Económico Europeo, del mercado único y de Schengen, pero no participa en las instituciones de la UE ni en las decisiones que establecen buena parte de las normas que afectan a su economía. Para los partidarios de la adhesión, esta situación convierte al país en una especie de rule-taker: aplica muchas reglas europeas, pero no tiene voto cuando se deciden.
El principal obstáculo sigue siendo, sin embargo, el mismo que hizo descarrilar las negociaciones anteriores: la pesca. Para un país de poco más de 400.000 habitantes, no es solo un sector económico. Se trata de una cuestión de identidad, soberanía y control de los recursos naturales. Islandia quiere mantener el control de sus aguas y de sus caladeros, mientras que una eventual adhesión obligaría a negociar cómo encajaría esta especificidad dentro de la política pesquera común.
Según el Ministerio de Asuntos Exteriores islandés, en las negociaciones anteriores Reikiavik ya defendía mantener el control sobre la gestión de la pesca, las cuotas y la actividad dentro de su zona económica exclusiva. Ahora, el gobierno quiere volver a poner estas garantías en el centro de la negociación.
Un contexto internacional más complejo
El contexto internacional, sin embargo, es muy diferente al de la última vez. Islandia presentó su candidatura en 2009, en plena crisis financiera, y las negociaciones comenzaron en 2010. En 2013, con un gobierno euroescéptico en el poder, el proceso se detuvo. Ahora Europa vive una etapa marcada por la guerra de Ucrania, la tensión con Rusia y una creciente preocupación por la seguridad del Ártico. Las tensiones alrededor de Groenlandia y el cambio en las prioridades de Estados Unidos también han hecho que la cuestión de la seguridad europea pese más en el debate islandés.
Islandia ya es miembro de la OTAN y mantiene una estrecha relación con Estados Unidos, pero no dispone de ejército propio. En un entorno internacional más inestable, formar parte de la UE podría ofrecer, según sus defensores, una capa adicional de cooperación política y económica. Para los contrarios, en cambio, esta misma integración comportaría ceder capacidad de decisión en ámbitos que consideran esenciales.
Encuestas ajustadísimas
La votación llega, además, con el país dividido. Una encuesta publicada esta semana situaba el sí a reanudar las negociaciones en un 51,3%, frente al 48,7% del no. El margen es lo suficientemente estrecho para que el resultado sea incierto. Detrás de este empate hay dos visiones diferentes del futuro del país: una que ve Europa como una garantía ante un mundo cada vez más imprevisible y otra que considera que precisamente esta incertidumbre hace más importante conservar la máxima autonomía posible.