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El ayatolá Alí Jamenei murió a finales de febrero a raíz del ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Ahora, más de cuatro meses después, Irán lo enterrará en un funeral que se alargará durante toda una semana. Teherán está lleno de banderas negras y carteles con la fotografía de quien ha sido bautizado como “líder mártir” y padre del nuevo ayatolá, Mojtaba Jamenei. Una de las grandes dudas es saber si el “heredero” aparecerá en estos actos. Cabe recordar que se encuentra oculto desde que fue escogido como el relevo de su padre en pleno conflicto. Por otra parte, ha habido grandes afectaciones en el tráfico y el espacio aéreo, que estará cerrado hasta el lunes con la intención de evitar ataques israelíes. Según los cálculos del régimen, se espera que 20 millones de personas participen en estos actos que han comenzado hoy viernes y se alargarán durante toda una semana.

Este viernes, el régimen ha expuesto los ataúdes con los cuerpos de quien fue el líder supremo del país durante 37 años, y también el de sus familiares que murieron en el ataque del 28 de febrero, entre los que se encuentran su hija y una nieta de poco más de un año. La población los podrá visitar a partir del sábado. Las ceremonias religiosas comenzarán a partir de este sábado, 4 de julio, coincidiendo, irónicamente, con la celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos. Este 250 aniversario ha sido la excusa de Donald Trump para preparar grandes actos y transformaciones de la Casa Blanca, que no han sido bien recibidas por buena parte de la ciudadanía estadounidense.

Un calendario repleto de actos

Más de cuatro meses después, el régimen de los ayatolás ha preparado toda una serie de actos para despedir a Jamenei que suponen todo un reto para la seguridad de un país arrasado por los ataques de EE. UU. e Irán. Después de la vigilia pública con una capilla ardiente en Teherán, este sábado el régimen recibirá a las comitivas internacionales que participarán en los actos. Domingo y lunes, cinco y seis de julio, el gran acto previsto es una marcha fúnebre por las calles de Teherán, donde se esperan millones de personas. Entre martes y miércoles, los actos se trasladan a Irak, donde se harán procesiones en dos ciudades sagradas para el régimen chiita, Nayaf y Karbala. Finalmente, el nueve de julio, el próximo sábado y después de una semana de actos, el funeral terminará en Mashhad, la ciudad donde nació el “líder mártir”, en abril de 1939. Será aquí donde, finalmente, será enterrado.

La obsesión por la seguridad en esta semana de funerales está justificada, más allá del contexto bélico. En 1989, en el funeral del ayatolá Jomeini, el predecesor de Jamenei, la masa de personas que quería despedirse de su líder desbordó las medidas que se habían tomado para evitar avalanchas y se llegó a romper su ataúd. Murieron, como mínimo, 56 personas.