La semana pasada, durante los funerales de Alí Jamenei, el Líder Supremo de Irán asesinado por Israel en un ataque el 28 de febrero, el primer día de la guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán que todavía continúa sin resolverse, Mahmud Ahmadineyad, expresidente del país, hizo su primera aparición pública en casi cinco meses. Esta, sin embargo, no fue como esperaban, en un primer momento que sería, tanto él como Israel, que durante los últimos años había urdido un plan para reclutar al exmandatario iraní como un agente de inteligencia y posible líder del país una vez derribado el régimen de los ayatolás, tal como ha avanzado el New York Times.
Según agentes iraníes y estadounidenses conocedores de estos esfuerzos, el plan de la inteligencia israelí incluía instalar a Ahmadineyad en el poder una vez derrocados los ayatolás, ya que era un hombre capaz de controlar "la situación política, social y militar de Irán", según revelaron agentes estadounidenses al New York Times. De hecho, las mismas fuentes indican que Ahmadineyad podría haber jugado un "papel muy importante" en el futuro próximo de Irán después de la guerra y asimilan su papel al de Delcy Rodríguez, que asumió el poder en Venezuela después de la captura del entonces presidente Nicolás Maduro en un ataque estadounidense y, desde entonces, ha trabajado de forma cercana con la administración de Donald Trump.
La primera toma de contacto, según informa en exclusiva el rotativo neoyorquino, habría sido en una conferencia sobre medio ambiente organizada por la Universidad de Guatemala en el año 2023 en un país, Guatemala, que mantiene una de las más cercanas relaciones con Israel en América Latina. Un año más tarde, en 2024, la convocatoria fue en otra conferencia sobre medio ambiente en la Universidad Ludovica de Budapest, en Hungría, entonces gobernada por el ultra Viktor Orbán, que también mantenía una de las relaciones más cercanas con el gobierno de Benjamín Netanyahu en toda Europa.
Fue a través de estos contactos en conferencias extranjeras y otros lugares fuera de Irán en los que el Mossad, incluso a través de su jefe en aquel momento, David Barnea, puso su plan en conocimiento de Ahmadineyad. El momento culminante del plan fue el día 28 de febrero, con los primeros ataques israelíes y estadounidenses sobre Irán que debían acabar con el régimen islamista y un cambio de régimen a uno favorable a Israel y a Estados Unidos que podría haber capitaneado Ahmadineyad. El plan, sin embargo, fracasó.
Fuga a bordo de un Peugeot negro
El 28 de febrero, un ataque israelí impacta sobre el complejo en el que vivía Ahmadineyad en Teherán, con el objetivo sobre el edificio donde se encontraban sus guardias, miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés), que lo mantenían también bajo arresto domiciliario. En una información en el rotativo estadounidense The Atlantic, aliados del exmandatario iraní describieron el ataque como "una operación de fuga de la prisión", ya que supusieron su liberación del confinamiento en manos del gobierno islámico en su casa. Tras el impacto, un Peugeot negro recogió al expresidente iraní del complejo y se lo llevó a alta velocidad hacia una casa segura del Mossad, cuyos agentes conducían el coche, según informa la inteligencia tanto estadounidense como iraní.
Los agentes de la agencia de inteligencia exterior israelí llevaron a Ahmadineyad a una casa segura dentro de Irán, con el plan ya en marcha para derrocar el régimen de los ayatolás e instalar al exmandatario en el poder. Pero, según afirman fuentes conocedoras de los hechos, Ahmadineyad acabó molesto con la operación de rescate, tras resultar herido en el ataque en su casa, y también acabó "desilusionado" con el plan israelí para devolverlo al poder, cosa que intentó por cuenta propia en las tres últimas elecciones presidenciales, a pesar de que el Consejo de los Guardianes se opuso en las tres ocasiones. El exlíder islamista acabó abandonando la casa segura en circunstancias todavía por aclarar y acabó en la custodia de la Guardia Revolucionaria, según indican oficiales de inteligencia iraníes al NYT.
De hecho, fue después de su fuga en el Peugeot negro, cuando las agencias de inteligencia del IRGC empezaron a investigar las conexiones de Ahmadineyad con Israel, a pesar de que había sospechas sobre su posible actividad con regímenes extranjeros desde hace casi diez años.
Por el poder, del radicalismo al pragmatismo
La elección de Ahmadineyad por parte del Mossad, y los contactos que este acabó manteniendo con la inteligencia israelí, podrían parecer del todo inverosímiles si uno se fija en sus discursos cuando presidió Irán entre los años 2005 y 2013. Entonces, su retórica era contundentemente antiisraelí, hablando de la eliminación de Israel como objetivo de Irán. Durante su presidencia, Irán reactivó su programa nuclear de enriquecimiento de uranio, y reprimió duramente cualquier intento de protesta, incluidas las manifestaciones que cuestionaron su reelección en 2009, y su poder judicial envió a miles de rivales y opositores a la cárcel y ordenó penas de muerte masivas.
Con los años posteriores a su mandato, sin embargo, sus posiciones se fueron moderando. En su oficina acogía a ciudadanos necesitados de ayuda para tramitar la burocracia iraní y también ofrecía largas conversaciones y entrevistas en las que cuestionaba la dura represión de las fuerzas de seguridad y acusaba al régimen de los ayatolás de corrupción. La inteligencia israelí siguió de cerca la creciente ruptura entre Ahmadineyad y los líderes del régimen islamista, particularmente con el ayatolá Jamenei y otras figuras importantes que formaban parte del Consejo de Guardianes que lo desautorizó de presentarse a la reelección. La censura a su reelección lo llevó a pensar, según afirma al NYT Abdolreza Davari, antiguo colaborador de Ahmadineyad, que no podría volver al poder mientras el sistema actual se mantuviera.
"Ahmadineyad no lo haría por dinero. Él tiene dinero; tiene una gran red económica. Lo haría por poder. Quiere estar al frente del poder", asegura Davari. Según decían otras personas cercanas a Ahmadineyad, el exlíder habría confesado sus ambiciones de poder y su preocupación por si, dada una intervención extranjera que acabase con la República Islámica, los estadounidenses e israelíes escogieran a alguien de fuera para liderar el país. En este sentido, se habría descrito como el Borís Yeltsin iraní y habría reconocido que, una vez en el poder, se habría mantenido cercano a Trump, de quien ha hablado positivamente en público en el pasado, reconociendo Israel como estado en el marco de los Acuerdos de Abraham que impulsa el mandatario estadounidense. Sin embargo, el plan israelí para hacer reales las ambiciones de poder de Ahmadineyad, a pesar de materializarse en forma del inicio de la guerra en Oriente Medio que todavía dura, no acabó a buen puerto. El régimen de los ayatolás sigue en el poder, aunque con un liderazgo afectado por los ataques israelíes, y Ahmadineyad sigue bajo el control de la Guardia Revolucionaria después de su breve liberación en manos del Mossad.