La pasada madrugada ha tenido lugar el tercero y último debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump. El lugar escogido por este acontecimiento ha sido único: Las Vegas, donde el periodista Chris Wallace (de la conservadora FOX News) ha dirigido el debate desde la Universidad de Nevada. Así, pasadas las 9 de la noche en esta ciudad tan amada por la familia Sinatra empezaba un debate que antes de empezar amenazaba com ser explosivo.

Durante la tarde se hicieron públicos los invitados de cada uno de los candidatos a ocupar la Casa Blanca los próximos cuatro años; por parte de Hillary Clinton destacaban Mark Cuban (multimillonario propietario de los Dallas Mavericks y caracterizado por moverse a medio camino entre Clinton y Trump) y Meg Whitman (la nada multimillonaria CEO de HP y republicana que ha llamado abiertamente al boicot contra Donald Trump debido a sus posiciones alejadas del GOP); por parte de Donald Trump los escogidos fueron Malik Obama (hermanastro de Barack Obama) y Patricia Smith (madre de uno de los muertos en el asalto sobre el consulado de Benghazi, Libia). Con estas elecciones Clinton intentaba dar una imagen de solvencia y horizontalidad hacia los votantes republicanos descontentos con el actual liderazgo populista del Partido Republicano, mientras que Trump ponía énfasis en la leyenda urbana sobre el origen del presidente Obama y en la mala gestión de Clinton para evitar el asalto al Consulado de Benghazi el año 2012.

Los temas tratados por orden de aparición han sido el Tribunal Supremo, la inmigración, el estado de la economía, la idoneidad para ser presidentes, la política exterior y la deuda. De todos ellos, el primer punto es el que ha reflejado mejor las diferencias de talante entre los candidatos. En un principio, Clinton ha mostrado una imagen de justicia típicamente demócrata, con mayores derechos para el colectivo LGBT e incluso, y aunque suene irónicamente dicho por ella, queriendo limitar las grandes aportaciones que hacen las empresas a los partidos políticos. Trump, por su parte, ha centrado su discurso sobre el Tribunal Supremo en una defensa hacia la segunda enmienda de la Constitución (la que hace referencia al derecho a llevar armas), el derecho a la vida, a nombrar jueces antiabortistas y no tocar mucho los principios constitucionales. En este punto todo habría sido normal hasta que el candidato republicano ha tirado el dardo acusando a Hillary Clinton de querer que las mujeres puedan abortar en el noveno mes de embarazo.

El punto dedicado a la inmigración ha sido uno de los puntos más álgidos de la noche. Así como Hillary Clinton ha hecho referencia citando a gente del público, mostrándose a favor de que aquellos inmigrantes que no tienen papeles puedan obtenerlos y desarrollando el clásico relato norteamericano de país abierto a la inmigración, Trump ha bajado el nivel acusando a los inmigrantes de llevar heroína y delincuencia. Un discurso sobradamente repetido a lo largo de la campaña y aliñado con el hecho que Hillary Clinton dio apoyo a la construcción del muro con México. Astracanadas al margen, el debate ha empezado a calentarse cuando el presentador Chris Wallace ha mencionado Wiki Leaks y ha interpelado a la candidata demócrata sobre su voluntad de querer un mercado global abierto. La actual secretaria de Estado ha intentado minorizarlo y ha acusado a Rusia de contaminar las elecciones. A partir de aquí el bloque del debate ha derivado en acusaciones mutuas. Donald Trump ha acusado a Clinton de querer abrir las fronteras mientras la secretaria de Estado, por su parte, acusaba a Trump de ser el títere de Putin y querer acabar con las alianzas internacionales.

Con la tensión por los aires y las redes hirviendo sobre el putinismo del candidato republicano, se ha pasado a discutir el bloque de economía. En este punto, y siguiendo las líneas trazadas sobre el tribunal supremo, Hillary Clinton ha expresado el clásico discurso demócrata: apoyo a la clase media, las PYMES, equiparar los salarios entre hombre y mujer, subir el salario mínimo y aplicar un plan que sea capaz de crear 10 millones de trabajo. Ante esta propuesta el presentador del debate se ha dirigido a Trump para poner en duda que este pueda crear 23 millones de puestos trabajo durante los próximos años. Como ya ha pasado en otras ocasiones el magnate republicano ha preferido tirar por la vía populista y ha seguido con su fijación sobre México y el Tratado de Libre Comercio de la Norteamérica (TLCAN/NAFTA), proponiendo revisarlo o incluso abolirlo. En este punto el debate ha acabado derivando entre acusaciones de hipocresía por parte de los dos candidatos, ya sea por haber invertido en el extranjero o, a palabras de Trump, no haber hecho nada para los americanos durante los últimos treinta años y haber provocado la emergencia de ISIS. Vaya, que no se ha discutido muy profundamente sobre economía.

El cuarto punto, dedicado a la idoneidad de ser presidentes, ha tenido un contenido típicamente de lavadero y evidentemente centrado en las continuas declaraciones del magnate republicano. La candidata demócrata ha asegurado que denigra a las mujeres y ha recordado las innumerables veces que este ha faltado al respeto a todo tipo de personas y colectivos. La respuesta no se ha hecho esperar y Trump ha replicado con uno "nadie respeta más a las mujeres que yo" que ha provocado las risas del público y la petición de silencio por parte del presentador. Finalmente, este bloque ha acabado con Hillary Clinton afirmando que el candidato republicano no presenta la declaración de la renta (cuando más de la mitad de los inmigrantes ilegales sí que lo hacen) mientras este dejaba entrever que impugnaría los resultados electorales.

El bloque dedicado a la política exterior ha sido el último con un mínimo de contenido. En él nuevamente se han evidenciado las diferencias; la candidata del Partido Demócrata se mostraba optimista hacia la operación que kurdos e iraquíes están llevando a cabo sobre Mosul e incluso ha dado entender que el siguiente paso será la ciudad siria de Raqqa. Como contraréplica, el candidato republicano ha acusado a Hillary Clinton de haber perdido Mosul y dejar a Iraq bajo la influencia iraní mientras se actuaba sin el factor sorpresa. En lo que respeta a la ciudad siria de Alepo (actualmente sitiada por Rusia y las fuerzas de Assad) el propio presentador le ha parado los pies a Trump afirmando que mentía y que la ciudad no había caído. En este punto el candidato republicano ha seguido con sus teorías en contra de Hillary Clinton, la cual se ha mostrado a favor de pactar con Rusia una zona de exclusión y de seguir abiertos a los refugiados. De hecho, la candidata demócrata ha hecho una mención a Omran (el niño que hace unas semanas se convirtió en un icono mientras estaba sentado herido en una ambulancia después de un bombardeo) y ha afirmado que para evitar el terrorismo el gobierno se tenía que acercar a la enorme comunidad musulmana que habita en los Estados Unidos.

El punto dedicado a la deuda ha sido el más breve de todos y ligado a cuestionas meramente personales. Incluso el propio presentador se ha quejado de que no se centraban ni en los retos de Medicare ni en la caja de la Seguridad Social, cosa que ha estado respuesta con que se tiene que eliminar la Obamacare (Trump) e invertir dinero en la Seguridad Social mediante el aumento de impuestos a las rentas más altas (Clinton). Finiquiatados los seis puntos, se ha pasado al minuto final, donde Hillary Clinton ha pronunciado un discurso a favor de la clase media dirigido a republicanos e independientes mientras Donald Trump centraba su discurso en devolver el respeto a los Estados Unidos y hacer un país más fuerte y grande.

Este tercero y último debate se iniciaba con Hillary Clinton consolidándose poco a poco en los 11 estados clave (entre ellos, Nevada) y liderando en más de seis puntos la carrera presidencial. Al contrario que en las anteriores ocasiones se han escuchado menos barbaridades y el debate ha estado mínimamente serio. A partir de ahora queda una larga campaña hasta el próximo martes 8 de noviembre, donde Hillary luchará por aguantar y Trump para revertir el resultado. A vistas de lo que se ha podido ver esta noche, sin embargo, no parece que el debate en la ciudad de los casinos haya alterado las diferencias entre unos y otros.