Cuatro años y medio después del inicio de la invasión rusa a gran escala, el 24 de febrero de 2022, la guerra sigue dejando huella en la población ucraniana más allá del frente. Mientras los combates, los bombardeos y los desplazamientos forzosos condicionan el día a día del país, otra batalla, menos visible, se libra en el ámbito doméstico: la de la salud mental. Uno de cada tres civiles ucranianos presenta criterios compatibles con trastorno de estrés postraumático (TEPT) o TEPT complejo, según un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista científica European Journal of Psychotraumatology.
La investigación, elaborada por un equipo internacional de investigadores vinculado, entre otras instituciones, al King's College de Londres, la Universidad de Mánchester y la Kyiv School of Economics, se basa en una encuesta telefónica a 2.504 adultos residentes en territorios bajo control del gobierno ucraniano. Los resultados estiman que el 25,2% presenta criterios de TEPT y otro 6% de TEPT complejo, una forma de trastorno que puede aparecer después de experiencias traumáticas prolongadas y afectar también la regulación emocional y las relaciones personales.
Los datos que explican los traumas
Los datos ayudan a entender la magnitud de la exposición al trauma. Más del 70% de los encuestados había sufrido bombardeos en su barrio y el 65% había presenciado destrucciones causadas por la guerra. Además, el 51,1% tenía algún ser querido en el frente; el 48% había tenido familiares desplazados o desaparecidos, y el 45,3% había sufrido la herida o la muerte de algún familiar a causa del conflicto. La guerra, por lo tanto, no afecta únicamente a quien vive cerca de las líneas de combate: también golpea a quien espera noticias, ha perdido el hogar o vive pendiente de la seguridad de los suyos.
El impacto psicológico, además, no parte de cero. El conflicto en el Donbás y la anexión rusa de Crimea en 2014 ya habían dejado una sociedad marcada por años de inseguridad. La invasión a gran escala amplió esta exposición y multiplicó los factores de estrés: separaciones familiares, pérdida de trabajo, destrucción de viviendas e incertidumbre sobre el futuro.
Radiografía de la salud mental
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advertía, en una evaluación publicada en julio de 2025, que más del 70% de los encuestados había experimentado síntomas de ansiedad, depresión o estrés intenso durante el año anterior. A pesar de ello, solo una de cada cinco personas había buscado ayuda profesional. Son indicadores diferentes de los del nuevo estudio, pero dibujan un mismo escenario de presión psicológica generalizada y dificultades de acceso a la atención.
Los investigadores también señalan que los resultados son una fotografía de la salud mental en un conflicto todavía activo, no una evolución longitudinal de los síntomas. Además, la encuesta no incluye a la población de los territorios bajo ocupación rusa, hecho que limita el alcance de las estimaciones.
La reconstrucción de Ucrania, pues, no dependerá solo de reparar infraestructuras, viviendas y ciudades. También deberá afrontar las consecuencias emocionales de una guerra prolongada. Para millones de personas, recuperar la normalidad no será simplemente volver a casa, sino volver a sentirse seguras.
