La irrupción de Donald Trump en el escenario político global después de su segunda llegada a la Casa Blanca en enero de 2025 supuso un auténtico “chute de energía” para las derechas y las ultraderechas de todo el mundo, especialmente en Europa. Su regreso se vivió como una especie de consagración ideológica: muchos líderes reaccionarios europeos se apresuraron a mostrar vínculos públicos con él, buscando legitimidad y visibilidad ante su propio electorado. En 2025 se hablaba abiertamente de que la segunda presidencia de Trump “envalentonaría” a los partidos de extrema derecha en la UE, desde Alternativa por Alemania (AfD) y el Partido por la Libertad de los Países Bajos hasta el RN francés y Hermanos de Italia. Figuras como Viktor Orbán llegaron a decir que celebraría una reelección de Trump con botellas de champán, y muchos líderes se presentaron como “aliados naturales” de su proyecto. Santiago Abascal, en pleno auge de Vox en España, buscaba desesperadamente la fotografía con Trump. Pero durante este año 2026, ya se ha notado el cambio: en lugar de sumar puntos, el hecho de aparecer demasiado cerca de Trump e identificarse con sus políticas se percibe como un lastre que puede tener costes electorales. Orbán acaba de perder las elecciones en Hungría después de 16 años en el poder, y el partido ultraderechista español ha experimentado un estancamiento electoral en las encuestas de abril después de meses de crecimiento, con caídas de hasta 1,2 puntos en sondeos como los de Sigma Dos y 40dB.  Los aranceles, el ataque a Venezuela, los enfrentamientos con la UE y la OTAN, la crisis de Groenlandia, los enfrentamientos con el papa y, sobre todo, la guerra de Irán, que ha provocado una crisis energética que afecta a las economías del mundo y los bolsillos de los ciudadanos, han convertido a Trump en una amistad peligrosa que es mejor tener lejos. 

Hungría: la visita de JD Vance penalizó Orbán

Al inicio de la campaña electoral en Hungría, la oposición de centroderecha y proeuropea liderada por el partido TISZA (Péter Magyar) aparecía con ventaja en la mayoría de los sondeos frente a Fidesz-KDNP. Ante el riesgo real de perder el poder después de 16 años, el gobierno de Orbán reajustó las circunscripciones electorales para favorecer su formación en zonas rurales más pequeñas y fieles, con el objetivo de maximizar el número de escaños aunque la oposición obtuviera más votos a escala nacional. En un intento de dar un impulso a Orbán, la administración Trump envió al vicepresidente J.D. Vance a Budapest, pocos días antes del 12 de abril, como gesto de apoyo público. Sin embargo, la visita no sirvió para reforzarlo, sino que lo perjudicó aún más en los sondeos: una parte de la población asoció su imagen a la guerra con Irán, al aumento de los precios de la energía y a un trumpismo percibido como externo y agresivo, hecho que erosionó aún más su apoyo frente a una oposición que se presentaba como más proeuropea y moderada, y que acabó destronando a Orbán.

Francia: decepción del partido de Le Pen en las municipales

En Francia, el “lastre Trump” ha contribuido a que el partido de Marine Le Pen (Agrupación Nacional, RN) no obtuviera el impulso que esperaba en las municipales de marzo, a pesar de sus esfuerzos por desmarcarse públicamente de la guerra con Irán. El único gran éxito simbólico del RN fue Niza, donde el aliado de Le Pen, Éric Ciotti, se impuso y la convirtió en la quinta ciudad más grande de Francia bajo su influencia. El partido aspiraba a conquistar otras grandes urbes clave como Marsella, Tolón o Nîmes, pero fracasó en todos los casos, quedándose corto a pesar de la estrategia de implantación local y la presión de unos sondeos que le eran favorables. Aunque el RN intentó suavizar su identificación con Trump (insistiendo en que es “una Francia independiente” y no un apéndice de Washington), una parte importante de la opinión pública de centro y de izquierdas asoció la extrema derecha francesa con el eje Trump-Le Pen. En un contexto europeo marcado por el rechazo a la guerra con Irán, el aumento de los precios de la energía y la presión de Trump sobre la UE, muchos votantes de derecha moderada y de centroderecha optaron por el Partido Socialista y la derecha clásica (Les Républicains), percibidos como opciones menos “arriesgadas” en el ámbito internacional que Le Pen.

Italia: revés de Meloni en el referéndum de justicia

En Italia, el bloque de la derecha liderado por Giorgia Meloni también tuvo un importante revés con el referéndum de justicia.  Meloni planteó un referéndum para aprobar su reforma judicial, que incluía la separación de las carreras de jueces y fiscales y cambios en el Consejo Superior de la Magistratura, presentándolo como una “modernización estructural” imprescindible. El resultado fue un “no” claro, con entre el 53 % y el 54 % de los votos frente a un 46 % de “sí”, hecho que se ha interpretado como un golpe directo a la autoridad de Meloni y un rechazo a un proyecto percibido como favorecedor de la consolidación de su poder político.

Dinamarca: Groenlandia penaliza

En Dinamarca, la primera ministra Mette Frederiksen adelantó las elecciones parlamentarias, que inicialmente estaban previstas para octubre de 2026, a marzo con el objetivo de renovar su mandato en pleno pulso con Trump por el futuro de Groenlandia. Las tensiones derivadas del interés de Trump por adquirir la isla marcaron el clima político, pero el gobierno socialdemócrata de Frederiksen se mantuvo en el poder, capitalizando el apoyo al papel firme de Dinamarca frente a Trump en el conflicto por Groenlandia. Los partidos afines a la línea trumpista y a un acercamiento estratégico con Washington, el Partido Popular Danés (Dansk Folkeparti), quedaron muy por debajo de las expectativas, con resultados modestos en las consultas locales y europeas, mientras que la mayoría de la población priorizó la estabilidad de Copenhague frente a la aventura trumpista.  En Eslovenia, el candidato afín a Trump, Janez Janša, que partía como favorito, también perdió las elecciones legislativas del 22 de marzo frente al primer ministro liberal y proeuropeo Robert Golob, aunque el resultado fue muy ajustado.

Las fuerzas progresistas aprovechan el momento

Las fuerzas progresistas son plenamente conscientes y han salido en tromba para aprovechar el momento, de la misma manera que Pedro Sánchez ha convertido el No a la guerra en un eslogan electoral y ha alimentado la controversia con el republicano para posicionarse internacionalmente como el líder referente del antitrampismo. La doble celebración de este fin de semana, con la IV Reunión en Defensa de la Democracia y la Global Progressive Mobilisation (GPM), ha convertido Barcelona en la capital del movimiento anti-Trump global, mientras que Madrid lo ha intentado contrarrestar con la visita de la líder opositora María Corina Machado, que durante años se ha presentado como parte de la corriente trumpista y próxima a Estados Unidos. 

El PP y Vox han posicionado a la premio Nobel como antagonista de Sánchez este fin de semana, pero las mismas contradicciones de Trump han dejado su figura en una posición comprometida. Aunque construyó un relato de oposición antichavista muy alineado con la línea de Washington y, en particular, con el discurso duro de Trump hacia la Venezuela de Maduro, el republicano la ha menospreciado pública y reiteradamente —ha dicho que "no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país"—, no la reconoce como interlocutora legítima y ha preferido mantener a Delcy Rodríguez y al régimen chavista en lugar de impulsar una transición democrática donde la premio Nobel —esto también ha influido— pudiera tener algún papel protagonista. Así, los mismos madrileños que ayer gritaban “¡libertad, libertad!” en la Puerta del Sol, en realidad, estaban criticando a Trump sin saberlo.