La guerra híbrida se intensifica en Europa: sabotajes, drones, amenazas y una Rusia cada vez más agresiva

Amenazas de bomba en aviones comerciales, ciberataques que inutilizan los sistemas de refrigeración de los supermercados y de los bancos de sangre, sabotajes contra cables submarinos, incendios provocados en la red eléctrica, incursiones de drones y redes de espionaje desmanteladas. Europa acumula incidentes que alimentan la preocupación por la escalada de la guerra híbrida, una confrontación que no necesita tanques cruzando fronteras ni una declaración formal de guerra para provocar daños. La guerra híbrida se ha convertido en una de las principales preocupaciones de seguridad de Europa. Las operaciones de sabotaje forman parte de una estrategia que los servicios de inteligencia europeos y la OTAN vinculan cada vez más directamente con Rusia, aunque no todos los episodios tienen una autoría demostrada y Moscú niega las acusaciones. Las últimas horas han dejado nuevos ejemplos de esta inseguridad creciente, mientras los servicios de inteligencia advierten que los sabotajes son cada vez más frecuentes y osados. El objetivo que atribuyen al Kremlin es desgastar a los gobiernos europeos, sembrar inseguridad entre la población y debilitar el apoyo occidental a Ucrania. La principal novedad es que las operaciones ya no se limitan al mundo digital o a las campañas de propaganda. Cada vez hay más incidentes físicos, con consecuencias potencialmente graves para la población civil.

¿Qué preocupa a los gobiernos europeos? 

Precisamente, esto es lo que más preocupa a los gobiernos europeos, que la guerra híbrida está dejando de ser una amenaza principalmente digital para convertirse en un peligro físico cada vez más tangible. Ya no se trata solo de difundir noticias falsas o interferir en procesos electorales, sino de sabotear infraestructuras, paralizar transportes, interrumpir comunicaciones o atacar instalaciones industriales.

Un informe de la Biblioteca de la Cámara de los Comunes británica, publicado el pasado 4 de noviembre bajo el título Russia’s hybrid warfare campaign in Europe, advierte de que las operaciones de sabotaje atribuidas a Rusia son cada vez más frecuentes, sofisticadas y audaces. El documento recoge las declaraciones del comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, el general Alexus Grynkewich, quien alertó a finales de septiembre ante el Parlamento Europeo de un aumento tanto cuantitativo como cualitativo de las actividades híbridas rusas. El informe señala que estas operaciones incluyen sabotajes contra infraestructuras críticas, ciberataques, campañas de desinformación y otras acciones destinadas a desestabilizar a los países europeos, erosionar la confianza de la población en sus instituciones y debilitar el apoyo occidental a Ucrania.

Según la analista Minna Ålander, del Stockholm Centre for Eastern European Studies, Rusia está intensificando especialmente las operaciones contra la industria de defensa europea y las cadenas logísticas que suministran armamento a Ucrania. Además, muchos de estos sabotajes se ejecutan a través de intermediarios, a menudo reclutados por canales como Telegram, que actúan a cambio de dinero sin mantener una vinculación formal con los servicios secretos rusos. Son los llamados agentes de un solo uso, personas sin una formación específica en espionaje que pueden ser reclutadas para ejecutar misiones puntuales: fotografiar instalaciones militares, vigilar transportes de armamento, provocar incendios o colocar dispositivos en infraestructuras sensibles.

¿Cómo puede responder la OTAN a una guerra híbrida?

Aquí radica uno de los grandes problemas para los gobiernos europeos. La guerra híbrida se mueve en una zona gris entre la paz y el conflicto armado. Un ataque informático, una campaña de desinformación o incluso el sabotaje de una infraestructura pueden tener consecuencias graves sin llegar necesariamente al umbral que justifique una respuesta militar. Esto dificulta identificar quién hay realmente detrás y plantea otro problema: ¿cómo debe responder la OTAN a una agresión que no llega a ser una guerra convencional? 

La OTAN ha advertido que una operación híbrida especialmente grave podría llegar a activar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece el principio de defensa colectiva. Pero no hay ningún criterio automático que determine cuándo un sabotaje o un ciberataque constituye una agresión militar y se ha traspasado este umbral. Esta indefinición es, precisamente, uno de los puntos débiles que pueden explotar los responsables de estas operaciones. La respuesta depende de la gravedad, de las consecuencias y de la capacidad de atribuir la responsabilidad.

Bruselas también intenta frenar la ofensiva de la guerra híbrida rusa con un endurecimiento de las sanciones. El Consejo de la Unión Europea decidió el pasado 8 de octubre prorrogar hasta octubre de 2027 las medidas contra los responsables de actividades desestabilizadoras vinculadas a Moscú. En solo un año, el número de personas sancionadas ha pasado de 47 a 80, mientras que las entidades afectadas han aumentado de 15 a 20. La lista incluye responsables de campañas de desinformación, propagandistas, influenciadores y organizaciones vinculadas al Kremlin. Las sanciones conllevan la congelación de activos, la prohibición de facilitarles recursos económicos y, en el caso de las personas físicas, la prohibición de entrar en la UE. Bruselas también ha ampliado las herramientas para actuar contra barcos, aeronaves, infraestructuras y transacciones financieras, incluidas las criptomonedas, relacionados con operaciones de sabotaje o desestabilización. La decisión llega después de que el Parlament Europeu señalara a Rusia como la principal amenaza híbrida estatal para la Unión Europea y reclamara una respuesta más contundente ante la escalada de incidentes.

Cientos de incidentes documentados en solo seis meses

Una investigación internacional publicada el 23 de octubre por 17 medios públicos europeos, entre los que se encuentran 3Cat y RTVE, ha documentado cientos de incidentes en 17 países entre el 1 de abril y el 15 de octubre de 2026. El trabajo, coordinado por Eurovision News Spotlight, de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), ha recopilado informaciones sobre sabotajes, incursiones de drones, violaciones del espacio aéreo, actividades militares intimidatorias y operaciones clandestinas vinculadas directa o indirectamente a Rusia. El mapa interactivo de la investigación recoge una cincuentena de entradas, algunas de las cuales agrupan múltiples incidentes.

Entre los casos documentados se encuentran el incendio en una instalación de robótica militar en Tallin, Estonia; la incursión de un helicóptero militar ruso durante 42 segundos en el espacio aéreo polaco, cerca de Kaliningrado; las interferencias del GPS en el norte de Noruega, y las coronas funerarias aparecidas delante de fábricas de armamento en Lituania, en una acción interpretada como intimidatoria. También aparece Moldavia, donde el ministro de Defensa denunció a finales de septiembre que el país había registrado 84 incursiones de drones durante el 2026. En Letonia, las autoridades informaron a principios de octubre de un intento de introducir una veintena de migrantes desde Bielorrusia con la participación de hombres armados y enmascarados, en un nuevo episodio de presión en la frontera.

📍Mapa interactivo de la guerra híbrida en Europa 


La investigación diferencia los incidentes según el grado de atribución a Rusia y advierte que su inclusión en el mapa no significa que la responsabilidad del Kremlin esté demostrada en todos los casos. Además, solo contabiliza determinadas operaciones físicas y deja fuera los ciberataques, la desinformación y el espionaje profesional. Por lo tanto, los cientos de casos recogidos no constituyen un inventario exhaustivo de todas las amenazas híbridas que afectan a Europa. Durante el periodo analizado no constan incidentes físicos de este tipo en España.

Polonia, víctima de la presión rusa

Polonia, uno de los aliados más activos de Ucrania, concentra buena parte de las preocupaciones. Este jueves, la Agencia de Seguridad Interior polaca (ABW) anunció la detención de seis personas sospechosas de trabajar para los servicios de inteligencia rusos. Se trata de cinco ciudadanos polacos y una mujer rusa. Cuatro han ingresado en prisión preventiva acusados de espionaje. Según las autoridades, los investigados formaban parte de una red que suministraba ilegalmente a Rusia componentes destinados a fabricar munición y armamento, esquivando las restricciones comerciales impuestas a Moscú.

La noticia llega después de que el primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtiera el martes de la posibilidad de una operación híbrida de mayor alcance contra territorio de la OTAN. Varsovia ha reforzado la vigilancia en la frontera con el enclave ruso de Kaliningrado y ha movilizado a militares, policías y unidades antiterroristas ante las informaciones de los servicios de inteligencia sobre posibles sabotajes o incursiones. Los guardias fronterizos detectaron movimientos sospechosos durante la noche, aunque no pudieron confirmar que se tratara de una provocación organizada.

En el mar Báltico, otra noticia de esta semana ha vuelto a poner el foco sobre la vulnerabilidad de las infraestructuras submarinas. Un tribunal finlandés ha condenado al capitán ruso y a otro tripulante del mercante Fitburg por los daños causados a dos cables de telecomunicaciones el 31 de diciembre de 2025. El barco arrastró el ancla durante unos 130 kilómetros por el fondo marino. La justicia ha considerado acreditado el sabotaje, pero la sentencia no establece que fuera una operación ordenada por el Kremlin.

¿Qué buscan las falsas amenazas de bomba y ataques en los supermercados?

El episodio más reciente se ha vivido este jueves en los aeropuertos europeos. Al menos 27 vuelos comerciales han recibido amenazas de bomba, según el balance publicado por Reuters, en una oleada de alertas que ha obligado a desviar aviones, efectuar aterrizajes no previstos y movilizar cazas militares para escoltar algunas aeronaves. Entre los países afectados se encuentran España, Italia, Irlanda, Bulgaria, Polonia y Francia. Un avión de Aer Lingus que cubría la ruta entre Dublín y Roma ha sido desviado a una base militar francesa, mientras otros aparatos han necesitado protección militar. Las inspecciones no han encontrado explosivos y todos los vuelos han aterrizado sin incidentes graves. Las autoridades investigan si las amenazas forman parte de una campaña coordinada, pero no hay pruebas públicas que permitan atribuirlas a Rusia.

Las falsas amenazas de bomba contra aviones comerciales pueden perseguir un objetivo que va mucho más allá de asustar a los pasajeros: provocar el máximo trastorno posible con un coste mínimo para los responsables. Una sola alerta obliga a activar protocolos de seguridad, desviar vuelos, movilizar policías, equipos de emergencia y, en determinadas circunstancias, aviones militares. También puede paralizar temporalmente la actividad de un aeropuerto y afectar a miles de viajeros. Si las amenazas se repiten de manera coordinada, el resultado es un desgaste de los recursos de seguridad, pérdidas económicas y una sensación de inseguridad que se puede extender mucho más allá de los pasajeros afectados. 

Tampoco se conoce la autoría de otra ofensiva que ha afectado directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos últimamente. Este lunes, 2 de noviembre, numerosos supermercados de al menos nueve países europeos sufrieron alteraciones en los sistemas informáticos que controlan neveras y congeladores. Los incidentes se registraron en Bélgica, Estonia, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia. En algunos establecimientos, las temperaturas de los equipos se dispararon hasta los 50 grados, lo que obligó a retirar y destruir alimentos. Las investigaciones apuntan a posibles ciberataques contra sistemas de control remoto y proveedores tecnológicos. El caso pone en evidencia hasta qué punto servicios tan habituales como la conservación de los alimentos pueden convertirse en objetivos vulnerables.