Rusia ha reanudado la ofensiva militar en Ucrania después de dar por finalizada la tregua acordada con motivo de la Pascua ortodoxa, según ha informado este lunes el Ministerio de Defensa ruso. La decisión supone el regreso inmediato a la intensidad habitual del conflicto, después de un breve alto el fuego simbólico que solo ha durado dos días.

En un comunicado recogido por la agencia TASS, el Ministerio de Defensa asegura que sus fuerzas han reanudado lo que Moscú denomina “operación militar especial”, una vez expirado el período de cese de hostilidades. Según la versión rusa, la tregua se ha respetado estrictamente por su parte durante toda su vigencia.

Moscú, sin embargo, carga duramente contra Kyiv y afirma que Ucrania habría vulnerado el alto el fuego en 6.558 ocasiones. Estas supuestas infracciones incluirían ataques contra posiciones militares y objetivos civiles en regiones fronterizas rusas como Bélgorod y Kursk, zonas que han sido habitualmente objetivo de incidentes durante la guerra.

Entre los episodios citados por Rusia destaca el impacto de un dron ucraniano contra una gasolinera de la petrolera estatal Rosneft en la localidad de Lgov, en la región de Kursk. Moscú presenta este tipo de ataques como prueba de que Kyiv no habría respetado el cese de hostilidades ni siquiera durante el período simbólico de tregua.

Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso sostiene que todas sus unidades desplegadas en el frente mantuvieron las posiciones sin avanzar ni ejecutar operaciones ofensivas entre la tarde del 11 de abril y el final del 12 de abril, cumpliendo, según su versión, las órdenes de suspensión temporal de los combates.

Una tregua unilateral del Kremlin

La tregua había sido anunciada de manera unilateral por el Kremlin con motivo de la Pascua ortodoxa, en una iniciativa que Rusia ya había repetido el año anterior. Moscú presentó el gesto como una medida de carácter humanitario vinculada a la celebración religiosa, aunque sin negociación previa con Ucrania.

Desde Kyiv, la propuesta fue recibida con escepticismo. Las autoridades ucranianas plantearon la posibilidad de alargar el cese de hostilidades más allá de las fechas festivas con el objetivo de reducir la intensidad del conflicto y abrir la puerta a una posible desescalada. No obstante, el Kremlin rechazó cualquier extensión y limitó la tregua estrictamente al período pascual.

El final del cese del fuego vuelve a situar el conflicto en su escenario habitual, con combates activos a lo largo del frente y un intercambio constante de acusaciones entre ambas partes sobre el cumplimiento de las condiciones acordadas.

En paralelo, la guerra entra en una nueva fase de incertidumbre, en que las pausas temporales se perciben cada vez más como gestos simbólicos sin continuidad real en el terreno. Ni Moscú ni Kyiv han mostrado en las últimas semanas indicios de un acercamiento político, y las posiciones continúan profundamente alejadas. El fin de esta tregua puntual evidencia, una vez más, la dificultad de establecer espacios de desescalada duraderos en un conflicto que ya se ha cronificado y que continúa marcando la agenda geopolítica europea y global.