La población de Ucrania recibió el domingo por la noche alertas falsas sobre una supuesta amenaza nuclear y química a través de la aplicación oficial de avisos aéreos. No era cierto. Horas después, Rusia también denunciaba un ciberataque contra su aplicación de emergencias, que había difundido mensajes falsos sobre el lanzamiento de cabezas nucleares contra todas las regiones del país. Dos incidentes separados, con pocas horas de diferencia, que han puesto de manifiesto hasta qué punto la guerra también puede llegar a los teléfonos móviles y convertir las herramientas de información ciudadana en instrumentos de desinformación.
En Ucrania, las primeras notificaciones falsas aparecieron hacia las 22:47 h del domingo. La aplicación Air Alert, utilizada para avisar a la población de los ataques aéreos, mostró alertas de nivel máximo sobre posibles riesgos radiactivos, amenazas químicas y combates en las calles de Kyiv. Uno de los mensajes, escrito en ruso, despertó sospechas entre los usuarios. La Fuerza Aérea ucraniana advirtió que la aplicación probablemente había sido comprometida y desmintió expresamente cualquier amenaza radiactiva.
Los servicios de emergencia pidieron a los ciudadanos que estuvieran pendientes de los avisos emitidos por los altavoces y que no abrieran enlaces procedentes de fuentes desconocidas. También aseguraron que el sistema nacional de alertas continuaba funcionando con normalidad.
"Ciberataque masivo" en Rusia
En Rusia, el Ministerio de Situaciones de Emergencia denunció pocas horas después un "ciberataque masivo" contra su aplicación móvil, que habría permitido a los piratas distribuir información falsa entre los usuarios. Los mensajes alertaban del lanzamiento de cabezas nucleares contra todas las regiones del país. Las autoridades anunciaron que trabajaban para corregir la vulnerabilidad y recuperar el funcionamiento habitual de la aplicación.
Unos 90 minutos después, sin embargo, el mismo ministerio quiso rebajar la preocupación y remarcó que la intrusión no había afectado al sistema público de alertas. Según las autoridades rusas, los canales principales para advertir a la población continuaban siendo las sirenas, los altavoces, los mensajes SMS y las emisiones de radio y televisión. La aplicación atacada, precisaron, era únicamente un servicio complementario de información.
De momento, no hay pruebas de que los dos incidentes formen parte de una misma operación coordinada, ni se ha podido determinar de manera independiente quién hay detrás. La coincidencia temporal, sin embargo, llega en un contexto de confrontación militar y digital sostenida entre Moscú y Kyiv, en que los ciberataques y la desinformación se han convertido en otra dimensión del conflicto.
El impacto psicológico de los ataques
Más allá del alcance técnico de las intrusiones, los episodios ponen sobre la mesa una cuestión especialmente delicada: la confianza de la población en los sistemas de alerta. En un país donde los ciudadanos consultan constantemente el móvil para saber si deben refugiarse de un ataque, una notificación falsa puede generar momentos de pánico y confusión.
La paradoja es inquietante: las aplicaciones diseñadas para proteger a la población pueden convertirse, si son manipuladas, en una nueva fuente de alarma. En una guerra en que la información también es un campo de batalla, erosionar la confianza ciudadana puede ser una forma más de desestabilización.