Agentes antiterroristas de la policía francesa desplegados en Saint-Denis, en París / EFE

“Destruiremos el Estado Islámico”. Cuando François Hollande ordenó bombardear Siria hace una semana, la maniobra no solamente hizo saltar las casas en la ciudad de Raqqa; también, las dudas sobre la “guerra sin tregua” que el presidente de la República quería declarar. El Daesh es una amenaza difícil. Bebe del yihadismo, el Islam radical, y está en los mecanismos de socialización y poder político que aplica en los territorios ocupados –y como estos se reproducen en otras zonas– donde reside la dificultad para combatirlo. Así lo habían avisado los asesores de Barack Obama, cuando Estados Unidos se negó a desplegar a más tropas sobre Siria. Francia se equivocaba si pretendía derrotarlo con bombas y en solitario.

Una decisión política

Con este escenario, cualquier vacilación podía poner en peligro la seguridad de los europeos y dar material al grupo terrorista para la ciberpropaganda. Precisamente, Internet se erige como una de las fortalezas del Daesh al mismo tiempo de captar potenciales adeptos y difundir atrocidades. La táctica más efectiva tenía que ser integral y coordinada con otros países. Si bien, el presidente galo escondía más de El arte de la guerra de lo que parecía. Escrito el siglo V a.C. por el general chino Sun Tzu, el libro es ya un clásico que recopila consejos sobre estrategia militar. "Ataca cuando te sea beneficioso. En caso contrario, desiste”. Esta parecía la máxima que se aplicaría Hollande.

Su población lo apoyaba. Lo podía saber. El mes anterior a los atentados de París, una encuesta del prestigioso Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) había ilustrado que el 76% de los galos daría luz verde a invadir en Siria y combatir el Estado Islámico. Es decir, la mayor aceptación ciudadana a una intervención, desde Somalia el año 1992, con el presidente socialista François Mitterrand. Los momentos históricos se parecían: recesión económica y desprestigio del Jefe de Estado. Empezar el ataque ­–en solitario y contra un enemigo sanguinario– podía reavivar el prestigio doméstico de Hollande y de su partido, al igual que la Guerra del Golfo había hecho remontar espectacularmente la popularidad de Mitterrand.

Las causas domésticas

“Un refugiado puede pasar como terrorista. Francia tendría que parar inmediatamente su entrada.” Como la llama que todo lo quema por donde pasa, Marine Le Pen se ha convertido en el principal rival del Partido Socialista en Francia. Patriotismo, antieuropeísmo y xenofobia es la tríada que ofrece el Frente Nacional –la extrema derecha– para atraer a un 56% de franceses que ve en la islamofobia un peligro. Eso, según un estudio elaborado por el investigador Martial Foucault después de los atentados de Charlie Hebdo. Si bien, el éxito de Le Pen y el retroceso socialista también se nutre del desamparo que las clases populares sienten del partido del presidente, y del Primer Ministro, Manuel Valls.

Con un 10’3% de paro –muy elevado para la economía francesa– el Égalité hace días que dejó de ser “el alma” de la República­ –­­­como afirmaba Hollande en un discurso de campaña. El Ejecutivo no ha hecho remontar la tasa de ocupación ni aplicando medidas como la criticada Llei Macron. Esta pretendía liberalizar el hiperregulado mercado laboral francés, siendo aprobada por decreto, a pesar de una moción de censura fallida en Valls. Los datos ilustran que el malestar popular habría generado un trasvase de voto, incluso en zonas históricamente comunistas, como el Pais de Calais. Así, durante las elecciones europeas del 2014, en favor del Frente Nacional, seguido de otro crecimiento de este durante las departamentales, en detrimento del hundimiento socialista.

De hecho, este es también el escenario previsto por las elecciones a presidenciales del 2017, dada la ínfima aprobación de los ciudadanos hacia Hollande. A finales de 2014, lo desaprobaba el 80% de los encuestados, sólo aprobado por el 19%. De largo, de los apoyos más bajos que ha tenido nunca un presidente de la República. Si bien, los sondeos ilustraban que su aceptación y la de Valls crecieron de forma inaudita, después de los atentados de Charlie Hebdo. Pero el malestar social y descrédito político eran elevados, hasta el punto, que ya en la intervención en Mali el año 2013 se consideró aquel como un intento de recuperar la “gran nación” o “Grandeur” y dar salida a la desafección.

Esta, una táctica de colocar en Francia como una gran potencia internacional, que históricamente había funcionado, con el presidente a Charles De Gaulle a finales de los años 60.

Homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas de París ante el resturant Le Carillon / EFE

De respuesta individual a colectiva

Al bombardeo de Hollande, siguió otra acción unilateral: la propuesta de cambiar la Constitución con el fin de posibilitar la extensión del estado de emergencia. Por pequeño, este podría ser un primer indicio de las necesidades de transformación de la Quinta república francesa, inaugurada por De Gaulle. El expresidente había dotado de más poder su figura en la Carta Magna –como Jefe del Ejecutivo– en un contexto social de guerras poscoloniales y crisis social en el país. Para algunas teorías podríamos encontrarnos en las puertas de la Sexta república. Si bien, había que forjar una alianza más amplia que la acción doméstica.

“Si utilizas a tu enemigo para derrotar a tu enemigo, serás poderoso donde vayas” (Sun Tzu). Cuando Hollande llamó a la puerta del presidente de Rusia, Vladimir Putin, la historia quizás recordaba a los pactos previos a la Primera Guerra Mundial entre la Francia democrática con el Imperio ruso. La acción era confusa, considerando que Rusia es uno de los principales aliados de Bashar Al Assad en la guerra de Siria. También peligrosa. Sin embargo, Putin tenía interés en bombardear el Daesh, enemigos de Assad. “Perdonar a los terroristas es cosa de Dios, enviarlos con él es cosa mía”. La cita fue viral en Internet, a pesar de que es dudoso si Putin la dijo en realidad.

Hasta hoy, la gran alianza de Hollande ha seguido su curso. A la espera de una nueva reunión con Obama el próximo martes 24 de noviembre, la comisaria de Exteriores de la Unión Europea, Federica Mogherini, ya anunció el acuerdo de apoyar a Hollade. "Hoy Francia pide la ayuda y asistencia a toda Europa, y toda Europa, unida, responde sí”. En virtud del artículo 42.7 del Tratado de Lisboa se garantiza la solidaridad de los países europeos en casos como este. Por eso, el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian lo invocó, a pesar de la todavía en construcción política de defensa europea hace que sea decisión libre de cada Estado la intervención.

Hollande también podría contemplar pedir ayuda a la OTAN, que intervino en virtud del artículo 5 para ayudar a los EEUU, en tanto que miembro, después del 11S. Pero el pronunciamiento de la ONU ha llegado antes. Este viernes, el Consejo de Seguridad aprobó –a propuesta de Hollande– un proyecto de resolución para tomar "todas las medidas necesarias" para combatir el Estado Islámico en Siria e Irak. Sin embargo, esta propuesta no asegura todavía una efectiva acción conjunta de las Naciones Unidas para enviar legalmente efectivos a combatir los terroristas. Para ello, habría que recurrir al capítulo 7 de la Carta.

Anonymous, los hackers aliados

A pesar de la falta de unidad en el momento de intervenir militarmente por parte de los estados miembros, una Agenda de Seguridad común sigue siendo una de las principales prioridades de Bruselas. Las medidas comprenden el Sistema de Información de Schengen (SIS) –en estado adelantado, después de ser impulsado en abril– como base de datos comunitaria para compartir descripciones sobre personas y objetos desaparecidos. A largo plazo el objetivo es fomentar el uso del SIS, junto con datos de la Interpol –relativos a robos de documentos de identificación– para cubrir el ámbito extracomunitario. Incluso, la UE tampoco descartaría impulsar un servicio de inteligencia propio.

Si bien, el Estado Islámico también tiene que ser atacado por medio de cortafuegos a su extensión ideológica, en el terreno de la propaganda y la radicalización entre ciudadanos y usuarios de Internet. Hollande lo había anunciado en su discurso, pidiendo un refuerzo de la ciberdefensa para el 2019. Así, el Consejo de la Unión acordó esta semana incrementar las medidas de prevención en centros educativos, además de la de identificación y retirada de materiales online peligrosos o que puedan hacer apología del terrorismo.

Anonymous –el grupo de hackers– ya se ha sumado al objetivo. Hace unos días declaró en un mensaje empezar “la guerra” al Estado Islámico, a través de desactivar sus perfiles virtuales y publicar datos de los terroristas. Todas ellas, acciones integrales y de gran importancia, porque en palabras de Sun Tzu: “Aquel que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que coge a la ligera a sus adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado”. En las pugnas cursadas dentro de un Estado, y también fuera de este. Es decir, El arte de la guerra de Hollande.

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