Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear han terminado sin acuerdo después de más de 21 horas de negociaciones. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha abandonado el encuentro sin concesiones por parte de Teherán, dejando abiertos escenarios complejos para la administración de Donald Trump. El resultado no ha sorprendido del todo, pero plantea una pregunta inmediata: ¿y ahora qué? La Casa Blanca se encuentra ante dos opciones difíciles: iniciar un proceso negociador largo e incierto o reanudar un conflicto que ya ha provocado una de las mayores disrupciones energéticas de la era moderna.
Vance ha evitado dar detalles concretos sobre el contenido de las conversaciones, pero ha dejado clara la postura norteamericana. “Hemos dejado muy claro cuáles son nuestras líneas rojas”, afirmó ante los medios, añadiendo que también han explicitado “en qué estamos dispuestos a acomodarlos”. Según el vicepresidente, “han decidido no aceptar nuestros términos”.
El error de cálculo de Washington
El desacuerdo actual en Islamabad reproduce con exactitud el bloqueo de finales de febrero en Ginebra, unas conversaciones lideradas entonces por Steve Witkoff y Jared Kushner. En aquella ocasión, la negativa de Irán a deshacerse de sus reservas de uranio casi aptas para armamento rompió las negociaciones. Esto llevó a Donald Trump a ordenar una campaña ininterrumpida de 38 días de ataques con misiles y bombardeos, iniciada el 28 de febrero. Según el Pentágono, se golpearon más de 13.000 objetivos iraníes, incluyendo arsenales de misiles, bases militares y la industria de armamento. Washington confiaba en que esta demostración masiva de fuerza haría ceder a Teherán, pero la respuesta iraní ha sido de resistencia. Lejos de claudicar, Irán ha endurecido su postura durante la actual y frágil tregua de dos semanas —declarada por EE. UU. para aliviar la crisis energética mundial—, y ahora exige compensaciones económicas por los daños sufridos.
Mientras tanto, Donald Trump tendrá que decidir los próximos pasos. La administración teme quedar atrapada en una negociación larga como la que culminó con el acuerdo nuclear durante el mandato de Barack Obama, que requirió dos años y múltiples concesiones.
La tregua actual, de solo dos semanas, expira el 21 de abril, y la posibilidad de reanudar las hostilidades continúa sobre la mesa. Sin embargo, esta opción tiene costos elevados: la anterior escalada afectó hasta el 20% del suministro mundial de petróleo, disparando precios y generando escaseces en sectores clave.
Uno de los puntos centrales del conflicto es el estrecho de Ormuz, vital para el tránsito energético global. Irán ha situado su control en el centro de las demandas, junto con compensaciones por los daños de la guerra y el levantamiento de sanciones. Washington rechaza pagar reparaciones y defiende que cualquier alivio de sanciones debería ser gradual.
Mientras tanto, ambas partes se consideran vencedoras del primer asalto.
