La guerra entre Israel e Irán ha entrado en su undécimo día con una nueva escalada militar y con mensajes contradictorios sobre la duración del conflicto. Mientras Israel ha lanzado una nueva oleada de ataques sobre Teherán, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado que la guerra podría terminar “muy pronto”, aunque también ha admitido que los objetivos militares aún no se han cumplido del todo.
Durante la noche del lunes al martes, el ejército israelí lanzó una “amplia oleada” de bombardeos contra la capital iraní y otros puntos del país. Las fuerzas israelíes ya habían atacado el día anterior infraestructuras militares en al menos tres provincias iraníes, en una ofensiva que busca debilitar la capacidad militar de Teherán.
Los objetivos de Israel
Según fuentes militares israelíes, los objetivos incluyen instalaciones relacionadas con el programa de misiles y otras infraestructuras estratégicas. El conflicto forma parte de la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán, iniciada a finales de febrero, que ha desencadenado una guerra regional con repercusiones globales.
A pesar de la escalada, Trump afirmó el lunes que los objetivos militares estadounidenses están “prácticamente cumplidos” y que el conflicto podría terminar pronto. El presidente describió la campaña militar como “muy completa” e incluso la calificó de “corta excursión”, asegurando que está avanzando más rápido de lo que se había previsto.
Sin embargo, también reconoció que Washington aún no considera la victoria definitiva. “Ya hemos ganado en muchos aspectos, pero aún no hemos ganado lo suficiente”, declaró, dejando abierta la posibilidad de nuevos ataques contra objetivos iraníes.
Irán no se rinde: responderá con contundencia
Mientras tanto, Teherán ha advertido que responderá con más contundencia. Un comandante militar iraní aseguró que el país intensificará sus ataques con misiles y que utilizará proyectiles con ojivas de más de una tonelada. Un alto responsable iraní también descartó cualquier negociación diplomática inmediata y afirmó que la guerra solo terminará cuando los adversarios sufran graves consecuencias económicas.
El conflicto ya está provocando una grave crisis humanitaria. Según datos de las Naciones Unidas y de organizaciones humanitarias, más de 1.200 civiles han muerto en Irán desde el inicio de la guerra, mientras que en el Líbano el número de víctimas supera las 480. Muchas de las personas muertas son niños. Además, decenas de personas han perdido la vida en otros países de la región, incluidos varios militares estadounidenses.
Uno de los episodios más controvertidos del conflicto ha sido el ataque contra una escuela de niñas en Irán que, según medios estatales iraníes, causó la muerte de al menos 168 menores. Las circunstancias exactas del ataque continúan sin aclararse completamente.
El conflicto regional escala
Los combates también se han extendido a otras partes de Oriente Próximo. Varios países del Golfo han denunciado nuevos ataques con drones, algunos de los cuales han causado daños materiales en instalaciones diplomáticas e infraestructuras próximas a bases militares estadounidenses. Milicias iraquíes próximas a Irán han reivindicado algunas de estas acciones.
Además del impacto humanitario, la guerra está provocando fuertes tensiones en los mercados energéticos. Las amenazas de un bloqueo del estrecho de Ormuz —una ruta por donde pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial— han generado una gran inestabilidad en el suministro global de energía.
Con miles de personas desplazadas y una escalada militar que continúa sin signos claros de desescalada, la comunidad internacional observa con preocupación un conflicto que podría tener consecuencias duraderas para toda la región y para la economía mundial.
